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100 DEPORTES NBA s La lucha por el anillo MARTES 3 s 6 s 2008 ABC Los tres terrores de Boston La lista de grandes jugadores sin un anillo de la NBA es cada vez más numerosa. En la última década, Pat Ewing, Charles Barkley, Reggie Miller o Karl Malone se han retirado de vacío. Kevin Garnett, Ray Allen y Paul Pierce se han conjurado para no ser los próximos POR MIGUEL ÁNGEL BARBERO MADRID. Los méritos en la cancha no siempre se reflejan en el palmarés de cada cual. Hay hombres reconocidos internacionalmente como auténticas figuras a los que sus méritos se les quedan cortos si no se adornan con un anillo de la NBA. Es lo mismo que sucede, por ejemplo, en el tenis o el golf, donde parece que una carrera no se completa si en ella no figura un major En la última década hay tres estrellas que, por mucho que hayan demostrado su calidad individual (entre ellos suman 25 intervenciones en los All Stars no habían terminado de lograr el éxito colectivo. Ni Ray Allen, ni Paul Pierce, ni Kevin Garnett saben todavía lo que es jugar una final profesional. Y eso que todos lo han tenido cerca... En 2001 los Bucks de George Karl y un jovencito Allen llegaron a la final del Este, pero tuvieron la mala fortuna de encontrarse con unos Sixers que tenían a Allen Iverson en su mejor momento. Y el 4- 3 por el que se quedaron fuera les dolió en lo más profundo. Luego, la vida le deparó al escolta un duro exilio en la gris Seattle y es ahora, en Boston, cuando tiene ocasión de vivir la gloria a sus 32 años. Ray es un tirador excepcional de triples (ganó el concurso del fin de semana estelar de 2001) y ostenta distintos registros desde la línea exterior. Ha sido el máximo triplista de la Liga tres temporadas y también destaca por sus penetraciones. Ha pasado unas jornadas un tanto perdido por unos problemas personales (su madre vivió una truculenta historia que la llevó al registro federal de testigos protegidos) pero se ha recuperado justo a tiempo. En 2002 Paul Pierce pensó que le había llegado su momento de gloria. Había conseguido, junto a Antoine Walker, devolver a los Celtics a la final del Este después de cinco años. Habían arrasado a los Pistons en semifinales y parecía que nada les impediría retornar a la gran final. Pero se equivocaron de pleno. Los Nets de Jason Kidd no les dieron opción (4- 2) y se quedaron con la miel en los labios. Para un alero de su calidad, con físico, tiro y personalidad, los sucesivos cambios en los años siguientes no hicieron sino aumentar su nivel de frustración. Y es ahora, cuando se cumplen diez de fidelidad céltica, cuando por fin sonríe. A él no le hizo falta un golpe en la mesa como el que dio Kobe Bryant el pasado verano en los Lakers; los dirigentes bostonianos tenían claro que su futuro pasaba por una remodelación de la plantilla y qué mejor que hacerla a lo grande. Fichando a grandes estrellas. Como mandan los cánones. Después de asegurarse a Ray Allen en junio, entraron en agosto con la noticia bomba que todos los aficionados esperaban: Kevin Garnett era el elegido para comandar la nueva era del trébol Para el ala- pívot más admirado (once veces seleccionado entre los mejores por votación popular) era la ocasión de mejorar su viaje a la final occidental de 2004, donde los Lakers se volvieron a interponer en su camino. Después de ser protagonista de la ascensión a los cielos y descenso a los infiernos de los Wolves, ya necesitaba una alegría. Y este año ha jugado a su mejor nivel para llevar a Boston a lo más alto: el mejor registro de victorias de la temporada regular y la disputa del anillo con ventaja de campo. Más no se puede pedir. Ahora ya está en sus manos. Con sus mates explosivos y sus nada desdeñables ganchos, el otrora ídolo de Pau Gasol tendrá ocasión de demostrarle al español quién es el maestro y quién el alumno. Aunque, a tenor del mate en la cara que el entonces debutante le hizo una jugada para la historia, parece que el chico le ha salido respondón. Ahora tiene más cuerpo, más confianza y, sobre todo, un equipo que le apoya. Que no se piense que van a ganar sólo mostrando los galones. Los de Phil Jackson, por su lado, respiran tranquilos. Saben que su éxito pasa por frenar a estos tres terrores y tendrán más que estudiados sus marcajes. La final calienta motores en las dos ciudades, con Gasol calmado y Garnett ansioso M. A. B. MADRID. Cada uno maneja sus nervios como puede. Mientras que en Los Ángeles todo es tranquilidad y confianza, en Boston hay más inquietud por el resultado. No tanto por dudar de sus posibilidades como por el nerviosismo de quien no ha estado en esa situación en los últimos veintiún años y no sabe cómo afrontarla. Si hay alguien que ha aprovechado estas dos últimas décadas para ganar todo lo ganable ése es Phil Jackson. Con la era dorada de Michael Jordan, primero, y la del dúo Shaquille- Kobe, después, se colocó nueve anillos en los dedos y cada vez más tranquilidad en su karma. De ahí que aproveche las sesiones fotográficas previas con el trofeo para mirarlo y abrazarlo como si fuera un miembro más de su casa. Lo mismo que Kobe Bryant, que ya lo ha levantado tres veces hasta el momento y está convencido de que este año no se le escapa como sucedió hace cuatro años. Aunque los Celtics tengan el factor campo a su favor. Pau Gasol, inexperto en estas lides pero ganador nato en su interior, mantiene también la calma. No me preocupo por la historia, sólo vivo el presente y no me importa a quién nos tengamos que enfrentar. Sólo sé que tenemos una misión que cumplir: ganar a toda costa Kevin Garnett está más inquieto: Recuerdo ver estos duelos de pequeño y ahora formo parte de ellos. No me lo puedo creer. Estoy deseando que empiece ya la final Los problemas de Ray Allen El duelo con Gasol, servido En la última década han demostrado su calidad, pero no han terminado de lograr el éxito colectivo Ni Ray Allen, ni Paul Pierce, ni Kevin Garnett saben todavía lo que es jugar una final de la NBA Ray Allen, Kevin Garnett y Paul Pierce, el trío mágico de Boston