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ABC MARTES 3 s 6 s 2008 OPINIÓN 11 VISTO Y NO VISTO UNA RAYA EN EL AGUA POR DIOS, DETENGAN ESA INMOLACIÓN Contra la hipótesis de la inmolación- ¡el coloso poL gobierno de la Comunidad de Madrid cree que el niéndole dinamita a su propia estatua! -juegan tres facCentro es el Cielo que Hemingway le contó por cartores: las dos actuaciones, 5 y 15, contratadas por la víctita a Scott Fitgerald: ma ¡inmolaciones a plazos! el precio fuera de mercado- -Una gran Plaza de Toros, con un abono de barrera pade esas actuaciones (Caronte sólo exige una moneda) y ra mí y un arroyo con truchas en el que no se permitiera la elección de toros victorianos en lugar de toros victoripescar a nadie más, y dos casas bonitas en el pueblo: una nos, aunque en Biarritz, entre las camisetas pijas con la para mí y mi mujer y los chicos, a los que yo querría muleyenda Who the fuck is Prada? relucen las camisetas cho, respetando la monogamia; otra, donde tendría a mis bordadas de Javier Conde y Victoriano del Río, nueve amantes guapísimas en nueve pisos diferendirector de lidia y ganadero, respectivamente, tes... de la Gala de la Inmolación. Y el gobierno de la Comunidad de Madrid ha- -Para el 15. Me quedan para el 15- -te comen montado una especie de Gala de la Inmolación a la oreja los reventas en el castizote carrefour beneficio de un señor de Galapagar que va por los del Toribio. pueblos con el cartel de Quinto Evangelista de la Pero la gente, como es lógico, ya que de una intauromaquia, reducida por él a una mera cuestión molación hablamos, sólo quiere boletos para el 5. de marketing y glamour. Del marketing se encarRamper tenía razón: la gente va al circo para ver ga el gobierno de Madrid, y del glamour, los trafiIGNACIO cantes de negritas. RUIZ QUINTANO si hay suerte y se cae el trapecista. Transformar una plaza de toros en circo no es fácil, pero puede- -Ay, qué nervios, don Fulano, que de este jueconseguirse. Ahora, ¿cómo impedir una inmolación? Se ves no pasa. Esta vez se inmola en serio. lo pregunto al abogado- -y hado cidiano- -Joaquín Desde el referéndum felipista de la Otan no se había Moeckel, siempre nervioso de inminencia, pero Moeckel visto tal despliegue de propaganda al servicio de una menentró en éxtasis con la faena de El Cid al Colombiano tira: la tauromaquia del Quinto Evangelista, resumida que cerró San Isidro, y salió de la plaza de Madrid como por el ganadero Victorino Martín en una frase hecha: el Luis Miguel de la cama de Ava, corriendo para contarlo. Quinto Evangelista se arrima, pero no torea. Bergamín di- ¡Inmolarse! ¡Me dan ganas de matar a todos los que ría que el Quinto Evangelista no pasa de ser otro Don Tanestán achicopalados! -rabiaba el Indio Fernández en cacredo López, el hombre que inmovilizado por el miedo se sos así- Por dura que sea la vida, nadie tiene derecho a transfigura en la estatua viva del valor: del Rey del Valor. irse a pique. ¡Pinche gente que se raja! -El fracaso o degeneración del toreo es siempre un La Gala de la Inmolación es la metáfora del tancretancredismo, hasta acabar en esa definitiva negación del dismo zapateril ante lo negro- ¡a lo negro, maestro, a torero mismo que lo ejecuta: el parón El toreo que se ha lo negro! -de la crisis. Las orejillas y rabillos ya han siido parando o tancredizando de ese modo llega, por eso, a do reservados. Que la orquesta del Titanic- -veintiún convertirse en un tancredismo hipócrita, un tancredissordos- -acometa Francisco Alegre para el Quinto mo disfrazado, un tancredismo volteriano y tartufo. Evangelista bajo la batuta de Castuera. Está visto que el El tancredismo, en fin, del Quinto Evangelista. No PP gobernante se lo juega todo en esta Gala. ¿Alguien dar chicuelinas ni manoletinas, porque es la mentira del imagina a los gobernadores de Roma pujando por llevartoreo era el octavo mandamiento de Luis Miguel Dominse a sus provincias el espectáculo de la crucifixión del guín. Señor? Pero, si el Quinto Evangelista no torea, ¿a qué viene a Por el amor de Dios, y en nombre del centrismo saleMadrid? siano: detengan esa Inmolación. A inmolarse. LOS ARISTOGATOS A dicho Juan Costa, en impecable diagnóstico, que el PP sufre una crisis de ilusión pero si el que tiene que inyectarle la esperanza perdida es él mismo cabe pensar que a la derecha le espera una larga convalecencia política. A simple vista, Costa tiene pinta de cualquier cosa menos de un político ilusionante o carismático; más bien parece una de esas parodias de pijos con que los socialistas suelen caricaturizar a sus adversarios, un candidato excelente para unas elecciones de comunidad de vecinos en La Moraleja o en Puerta de Hierro. Pero es tal el estado de convulsión y desconcierto en ese partido que hoy por hoy puede suceder cualIGNACIO quier cosa; apoyado en CAMACHO una presumible coalición de descontentos, favorecido por la ausencia de iniciativa de Rajoy- -que tampoco es un Kennedy, para qué nos vamos a engañar- -y lanzado en volandas por aliados mediáticos adecuados, un aspirante con poco que perder y agallas para echarse al ruedo está en condiciones de dar una sorpresa en el congreso de Valencia. O, por lo menos, un susto. Los lunes se han convertido en un día crítico para el presidente del PP. Aprovechando su conocida tendencia a dejarse marcar los tiempos creyendo que los marca él, sus rivales le determinan la agenda semanal tomándole la iniciativa. Ayer le tocó a Costa, y aún quedan dos semanas, con sus lunes correspondientes. Y sus martes. El ex ministro sigue indeciso, o lo finge, pero con él o con otro- -u otra, y aquí si es pertinente la distinción de género- -los heterogéneos críticos pueden aún, aliados por conveniencia, aspirar a dar una campanada. Quizá no con un vuelco, pero sí con un porcentaje de respaldo que cuestione el liderazgo de Rajoy o con la más ambigua contestación de un importante voto de castigo- -o de abstención- -que deslegitime su nueva ejecutiva. En circunstancias como ésta conviene no menospreciar a nadie. Menos bagaje que Juan Costa, que al fin y al cabo ha pasado por el poder, tenía Zapatero, y ahí anda; supo aprovecharse de un confuso momento de caos. Si a ZP los suyos le apodaron en un principio Bambi, el presumible equipo costista podría ser bautizado como Los Aristogatos, pero lo importante no son ellos, sino quienes puedan respaldarlos, desde dentro y desde fuera. Claro que ya es un tópico decir que los procesos de crisis se sabe cómo empiezan, pero no cómo acaban. Y esto incluye el posible desengaño de quienes creen que Costa puede ser un puente útil hacia otro futuro candidato a; cualquiera que le conozca sabe el aprecio que se tiene a sí mismo. También González, obsesionado por cerrarle el paso a Bono, creyó en un principio que iba a poder manejar a Zapatero. En todo caso, en este sainete por entregas en que se ha convertido la vida del PP no va a ocurrir nada que no se merezca. Están todos cometiendo tantos errores que ninguno podrá lamentar ningún desenlace. Al final tendrán lo que ellos mismos se hayan buscado. Esta crisis merece un final a su medida: incluso que la acabe ganando Juan Costa. E H