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ABC LUNES 2 s 6 s 2008 OPINIÓN 11 LA REPORTERA SCHLICHTING cer; y tenía, joder si tenía, una pluma vibrante, pletórica Cristina López Schlichting la conocí en el ABC de sangre y de nervio, aireada siempre por la brisa de una que dirigía Luis María Anson, allá a mediados de metáfora que se quedaba a vivir en su prosa, como un anilos noventa, cuando el mundo todavía era joven y mal doméstico. Cuando coincidíamos en la redacción del nosotros también. La Schlichting era como aquellas seperiódico- -ella recién aterrizada de alguna de aquellas rranas del Marqués de Santillana, garridas mozas que misiones reporteriles que le asignaba Anson, yo pedigüeasaltaban al viajero en mitad del monte y se ofrecían a lleñeando una colaboración más asidua- nos juntábamos varlo en hombros por riscos y quebradas; ofrecimiento con Nuria Azancot, contrapunto de ecuanimidad y mínique el viajero no se atrevía a declinar, no fuera que la sema cordura que requería el trío, y nos íbamos desrrana le largase un sopapo, despechada, y le aflopués del cierre a quemar los garitos de Madrid. jase las muelas. La Schlichting era impetuosa y joEn estas correrías nocturnas, la Schlichting era cunda, aguerrida y abnegada, con algo de valquisiempre la que más aguante demostraba y más voria evadida de alguna mitología germánica y algo cación para la juerga, no importaba que todavía de madraza de tres hijos que se pone el mundo por cargase sobre las espaldas con el jet- lag de un viamontera, una tía con toda la barba a quien Anson je a las antípodas, o que se hubiese dejado jirones mandaba a los parajes más abstrusos del planeta, de piel cruzando la alambrada de espinos de Ceupara que escribiera unos reportajes tumultuosos ta. Menudo terremoto, la Schlichting. de vida que se derrama por la costura de cada fraJUAN MANUEL Hablábamos mucho de literatura en aquellas se, burbujeantes de humanidad doliente y humaDE PRADA correrías nocturnas; y yo siempre le decía a la nidad redimida por el aliento de la gracia. La Schlichting, mientras abrevábamos whisky, que sus reSchlichting era una temeraria capaz de disfrazarse de portajes tenían un ramalazo de poesía que merecía un monja para burlar la vigilancia del ejército albanés y perescate en libro. Tantos años después, la Schlichting ha netrar en la ciudad de Valona, capaz de osadías que sólo juntado algunos de aquellos reportajes publicados en se les ocurren a los locos y a los santos. A la Schlichting la ABC, junto a otros que aparecieron más tarde en El Munbendecía la divina locura de los santos; y también la elodo en Yo viví en un harén, que La Esfera de los Libros acacuencia y la intemperancia y el orgullo y la sagrada ira y ba de dar a la prensa. Aquí vemos a la aguerrida Schliel espíritu coñón que bendicen a los santos. Era la tía más chting, en efecto, infiltrada en un harén, pero también la lanzada y el alma más sensible que uno haya conocido javemos sorteando minas, escudriñando fosas comunes, más; e, inevitablemente, uno acabó subyugado por su perentrometiéndose en herriko tabernas, sorteando vigilansonalidad libérrima, subyugación que acaso participase cias militares del modo más estrambótico y arriesgado del miedo, porque ante una tía como la Schlichting sólo posible y, en definitiva, haciendo todo tipo de locuras. se puede caer rendido o salir pitando. Tantas, y tan inimaginables, que sólo las hace verosímiY la Schlichting era, desde luego, la periodista más cales el fuego de la vocación, el fuego temerario de la palabal que he conocido nunca. Tenía el brío de los infatigabra que se atreve a alumbrar las tinieblas y no retrocede bles buscadores de verdad; tenía agallas suficientes para un paso. La Schlichting era- -sigue siendo- -una llama, encampanarse con cualquiera que osara cruzarse en su la llama más intrépida que incendiaba las páginas de escamino (así fuera un soldado serbio o el mismísimo Ante periódico. Y una parte de esa llama- -su fulgor y su cálison, a quien le pegó más de un grito) tenía un corazón hida permanencia- -se congrega en las páginas de Yo viví pertrofiado que no le cabía en el pecho; tenía una intelien un harén, que me ha traído la luz de aquellos días en gencia silvana, intrépida, felina; tenía una mala leche enque el mundo todavía era joven, y nosotros también. treverada de ingenuidad que era una de las aleaciones www. juanmanueldeprada. com más rabiosamente humanas que me haya sido dado cono- EL ÁNGULO OSCURO UNA RAYA EN EL AGUA BAILAD, BAILAD, BENDITOS I a Mariano Rajoy o cualquier otro dirigente del PP le diese por minimizar la tormentosa crisis de su partido llamándola, por ejemplo, desaceleración profunda de sus expectativas políticas, lecaeríaencima, con razón, un torrente de reproches amén de lacorrespondienterechifla delaopinión pública. Eso esexactamente, sin embargo, lo quehace el presidente Zapatero respecto de la crítica tesitura de la economía, con el agravante de que a micrófono cerrado no muestra el menor empacho en reconocer que su benevolente discurso es una estratagema de disimulo destinada a evitar que se propague el pesimismo. En decir, que en térIGNACIO minos estrictos está recuCAMACHO rriendo a la engañifa y tratando dehurtarlealpaísel conocimientoexacto de las circunstancias mediante un notable ejercicio de paternalismo. Esde temer, empero, que sus empequeñecedores eufemismos escondan una cierta voluntad negacionista, propia del patológico optimismo de un político acostumbrado a disfrazarse la realidad a sí mismo. O acaso algo peor: la evidencia dequelaeconomía no forma parte de las preocupaciones prioritarias de su agenda, acostumbrado como está a cimentar sus proyectos sobre lucubraciones de ingeniería social, técnicas de funambulismo institucional y construcciones conceptuales de diseño. Hombre de escasa formación económica y financiera, el presidente acostumbra a trabajar con intuiciones demóticas puramente políticas, desde la convicción de que los asuntos del bolsillo jamás han ejercido en España una influencia decisiva en los resultados electorales, queconstituyen su únicohorizontedereferencia inmediata. Es bastante probable que Zapatero piense que, puesto que el origen de la actual crisis- -perdón, desaceleración -obedece en su simple criterio a causas remotas de coyuntura internacional, no merece la pena prestarles demasiada atención hasta que se resuelvan de la misma manera en que han comenzado. La actitud gubernamental ante las convulsiones del mercado parece limitarsea un leveprograma de cuidados paliativos basado, no ya en el breve superávit acumulado, sino incluso en la posibilidad de un déficit tolerable por una opinión pública habituada a la subvención y el clientelismo. El presidente tal vez crea que paralo queconsidera un chaparrón pasajerobasta con el paraguas presupuestario. Y ofrece la sensación de que la alarma ante el panorama económico es una molesta distorsión de su salvífica agenda de reformismo social y político. Lo peor es que, a la vista de la experiencia, acaso tenga razón en un sentido: el de que en España los desasosiegos acaban volviéndose en contra del que los manifiesta. Si algo ha demostrado ZP es la eficacia de su voluntarismo optimistaen unpaísquedetesta elceñofruncido. Su recetaes sencilla: dejar quesuenelamúsica hasta el amanecer, y luego ya se verá. Bailad, bailad, benditos, y no dejéis que los cenizos os amarguen la alegría. Desde el punto de vista de la responsabilidad weberiana se trata de una frivolidad inaceptable, pero un tipo que ha ganado dos elecciones con una sonrisa quizá tenga motivos para pensar que lo último que puede hacer es ponerse serio bajo una tormenta. Al menos, mientras estén abiertos los micrófonos y encendidas las cámaras. A S