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10 OPINIÓN LUNES 2 s 6 s 2008 ABC CON CAJAS TEMPLADAS LA BASURA INMIGRANTE UROPA es ese continente que ha aprendido a reciclar el vidrio, pero arroja al vertedero la mano de obra una vez utilizada. Lo hemos previsto todo: esteejemplar de periódico se lee, envuelve la vajilla deuna mudanza y aún llega ala fábrica de pasta de papel en condiciones de convertirse en una libreta escolar. ¿No es entrañable? Somos tan metódicos los europeos, tan rigurosos, cuando en la intimidad de nuestras cocinas nos molestamos en discriminar los residuos orgánicos de los inorgánicos... Qué exquisitez, qué sensibilidad lanuestra, capazdeconvertir una piel de plátano en compost para las petunias del Retiro. Allí donde sólo IRENE hay materia inerte, nuesLOZANO tra creatividad pone una segunda vida. El genio civilizador de Europa brilla cada día en los cubos de basura. Por desgracia, nuestro talento no siempre nos permite resolverlo todo; a veces nos ofuscamos, como nos está ocurriendo con losextranjeros. Hallegado la crisis económica y, en consecuencia, el paro. El problema no es que haya inmigrantes ilegales, sino que no hay trabajo ilegal para darles, como hasta ahora. Venían haciendo posible el milagro económico, el crecimiento ilimitado, el boom inmobiliario y no sé cuántas cosas más, pero su vida útil ha expirado de súbito. Ante un error de sistema semejante, sólo cabe darles la respuesta del informático desconcertado: sal y vuelve a entrar (cuando se pueda) Aturdidos por el miedo como estamos, empezamos a hacer torpes juegos de manos- -que aprendan la lengua, que firmen un contrato- -sin saber exactamente si buscamos trucos para integrarlos o coartadas para echarlos. No estamos razonando bien, no estamos explotando nuestras probadas habilidades para el ilusionismo. ¿Acaso hay algo más mágico que sacar un parterre de petunias deentrelapodredumbredeuna piel de plátano? ¿No deberíamos recurrir a la inspiración del genio civilizador europeo allí donde se halla en todo su esplendor? Ya que somos maestros en el arte del reciclaje, ¿no podríamos tratar a los inmigrantes como a la basura? Si por algo tengo depositadas grandes esperanzas en el Gobierno de Berlusconi es porque parte de esa premisa. Se dispone a convertir en delincuentes a cientos de miles de inmigrantes ilegales, cuando la ministra Mara Carfagno pregunta: ¿Y qué hago con la asistenta de mi madre? Ella misma da un paso en labuenadireccióncuandopropone separar los residuos adecuadamente: Hay que distinguir entre los inmigrantesproblema y los inmigrantes- solución Claro, por Dios. Eso es imaginativo y no arrojarlosa todos alvertedero deun campoderetención, dondeestarán privados delibertad hasta 18 meses, sin garantías judiciales. Hemos de segregar el despojo del desperdicio, la piltrafa del escombro. Y cuando sólo nos quede ese puro detritus que no merece una segunda vida, sabremos dar a los cuerpos la dignidad otorgada a toda materia orgánica, para que puedan, convertidos en humus, hacer florecer nuestros jardines y prestarnos un último servicio. E -Contagiemos optimismo: cuanto menos se construya ahora, menos oportunidades tendrán los promotores urbanísticos de arrojarse al vacío desde los balcones. HAY MOTIVO LE ACOMPAÑAMOS EN EL DISENTIMIENTO ATAN Sharansky ha dicho alguna vez que el silencio y el miedo van siempre de la mano y que basta con que aparezcan por la puerta para que la libertad se precipite a saltar por la ventana. Algo sabrá, sin duda, de asuntos tan amargos un hombre que ha dedicado media vida a combatir la maldición de las mordazas. Que bajó a los infiernos por señalar a los verdugos y pregonar, sin medias tintas, la barbarie. Y que salvó el pellejo un poco por chiripa y un mucho porque, entonces, como profetizara Dylan, the times they are a- changin Y los tiempos cambiaron (vaya que si cambiaron) gracias a que un actor de poco relumbrón, pero con infinitas tablas, se consagró en el papel protagonista de una superproducción inolvidable. De allí a la eternidad. El presidente Reagan puso las convicciones- -un par de convicciones, por presumir de ser exactos- -como aval de una política exterior ajena a la tibieza equilibrista y a las especulaciones timoratas. Se olvidó de las friegas y de los masajes, de los paños calientes y los apaños diplomáticos. Arrinconó a Gorbachov contra las cuerdas de la tiranía agonizante. Le hizo ver las estrellas TOMÁS- -e incluso las galaxias- -hasta que su CUESTA rival tuvo que pedir tablas para aplazar, en lo posible, el jaque mate. Y el principio del fin rescató del abismo a tipos tan incómodos como el propio Sharansky dejando al KGB compuesto y sin fiambre (estruendosos aplausos) Muchos años después, casi sexagenario, el hoy israelí Natan Sharansky echó la vista atrás buscando el reencuentro con el que fuera antaño: un chaval ucraniano que un día comprendió, sin que se lo explicase nadie, que lo que de verdad define a las sociedades libres es que el miedo no cunde y el silencio no arraiga. Cuando el poder condena los reproches y bendice la baba y los halagos, aviados estamos. Cuando es preciso pensárselo dos veces para cantarle las cuarenta a los que mandan, es que se ha roto la baraja. Cuando se impone pas- N torear los eufemismos si no quieres que el lobo te deje sin rebaño, más vale que te largues y no largues. Y cuando hay que disentir a la soviética- -o sea, siendo un héroe y, a la vez, un kamikaze- -algo huele a podrido en Dinamarca. Por eso mismo, el testimonio de Sharansky- -que es un disidente honoris causa -viene que ni pintado en un momento en el que todo indica que van a pintar bastos. Cuenta el señor Sharansky que, de niño, se bebía las páginas de The Morning Star portavoz del raquítico comunismo británico y uno de los pocos diarios europeos que a la nomenklatura le resultaba tolerable. El periódico en sí, pese a ser infumable, servía, por lo menos, para que el joven estudiante sacase a pasear el poco inglés que le enseñaban. Pero el Espíritu sopla donde quiere y, en el caso concreto de Sharansky, aquel burdo panfleto londinense, sería su camino de Damasco. Lo que le impresionó- -afirma en el arranque de Alegato por la democracia -es que hubiera un país en el que dar a luz ese inmenso catálogo de ferocidades no se pagase con visitar el paredón, o el archipiélago Gulag, o un centro psiquiátrico. Y, conforme aumentaba el calibre de las críticas y se espesaba el borbotón de saña, la sorpresa inicial se convertía en pasmo. Al futuro activista se la traía al pairo si en las rugientes planas del Star se cocían los hechos o la propaganda. Lo cierto es que existía un más allá en el que no se fulminaba al discrepante. Un El Dorado donde las opiniones eran libres; tan libres eran, que hasta podían expresarse. Después descubrí- -dice Sharansky- -que todos aquellos que decidimos enfrentarnos al totalitarismo sucio, criminal, corrupto, agusanado, estábamos unidos por una creencia unánime: mientras exista el derecho a disentir, el contenido del disentimiento resulta irrelevante Un último chupito y nos vamos a casa. ¿Qué podría añadir Natan Sharansky si llegase a enterarse de que un chirle político con ínfulas mesiánicas ha pretendido amordazar a una voz admirable? Le acompañamos en el disentimiento (al periodista, claro)