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42 INTERNACIONAL El maoísmo controla Nepal DOMINGO 1 s 6 s 2008 ABC La caída de Gyanendra Desde hace medio siglo, los habitantes de esta paupérrima nación del Himalaya vienen luchando por hacerse con la soberanía popular frente al autoritarismo de sus monarcas, considerados hasta hace poco reencarnaciones del dios hindú Vishnu POR PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL KATMANDÚ. El 1 de junio de 2001 tuvo lugar en el palacio de Narayanhity, en Katmandú, una extraña matanza en la que pereció la familia real de Nepal. La versión oficial sostiene que el príncipe heredero Dipendra, ofuscado por no poder casarse con su novia, mató a su padre, el soberano Birendra, y a ocho parientes más antes de suicidarse. Pocos se creen esta historia en Nepal, donde la mayoría sospecha que tras la masacre se ocultaba Gyanendra, el ambicioso hermano del monarca que, curiosamente, no asistió a dicha cena y se convirtió en el nuevo rey. Siete años después, Gyanendra está haciendo las maletas para marcharse del palacio, la primera consecuencia de la abolición de la monarquía y la proclamación de la república. Con la caída de Gyanendra, odiado por su pueblo debido a su autoritarismo, acaban 239 años de reinado de la dinastía Shah, que unificó el país pero se opuso a las ansias democráticas de sus súbditos. Esta estirpe, que controlaba los territorios de Gorkha desde 1559, se lanzó a la conquista del mosaico de reinos que era Nepal en 1742, cuando el príncipe Prithvi Narayan Shah subió al trono con 20 años. Con los ojos puestos en el valle de Katmandú, capital del reino Malla, conquistó primero Nuwakot y Makawanpur para aislar a la ciudad y hacerse con el control del comercio entre la India y China. En 1768, Katmandú cayó en manos del príncipe Prithvi Narayan, quien tomó un año después las vecinas Patan y Bhadgaon, unificando Nepal. A pesar de los desastrosos reinados de sus sucesores, el príncipe inculcó el concepto de Estado. En 1816, tras su derrota ante los británicos, Nepal firmó el Tratado de Sugauli y cedió parte de su territorio, desatando un nuevo periodo de inestabilidad en el que reyes dementes protagonizaban constantes escándalos sexuales y matanzas indiscriminadas contra las facciones rivales para mantenerse en el trono. Dos de estos clanes, los Kunwar y los influyentes Rana, se hicieron con el poder durante casi un siglo y medio y fueron los auténticos gobernantes de Nepal hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1939- 45) Con la independencia de la India y el auge del nacionalismo en Asia, el rey Tribhuvan, abuelo de Gyanendra, huyó a Nueva Delhi en 1950 y se alió con jóvenes líderes del Partido del Congreso para desalojar a la oligarquía de los Rana. Fue entonces cuando Gyanendra subió al trono con sólo tres años, pero luego la corona de plumas volvió a su abuelo, quien traicionó las aspiraciones democráticas de su pueblo y murió en 1955 sin celebrar una Asamblea Constituyente que debería haber promulgado una Carta Magna. Su sucesor, Mahendra, tam- El rey Gyanendra de Nepal, con su espectacular corona de plumas AP EL ÚLTIMO MONARCA HINDUISTA P. M. DÍEZ Alejado de la vida pública y recluido en su siniestro palacio rosa de Narayanhity desde abril de 2006, las caravanas del rey Gyanendra dejaron de circular a toda velocidad por las caóticas y sucias calles de Katmandú y sólo se dejaba ver en algún festival religioso. Mientras la alianza de los siete partidos democráticos pergeñaba el futuro de un Nepal republicano, el Gobierno interino requisaba las tierras del soberano y le obligaba a pagar impuestos, al tiempo que suprimía su asignación anual de más de dos millones de euros. Su efigie desaparecía de los billetes y era sustituida por el Everest, un rinoceronte o un tigre y la palabra Real que antes encabezaba las instituciones oficiales, era borrada de ministerios, fábricas, bancos y de la línea aérea nacional. El miércoles, al filo de la medianoche, la Asamblea Constituyente elegida en los comicios del 10 de abril proclamaba, por 560 votos contra los únicos cuatro del partido monárquico, la república en medio del júbilo popular. Al día siguiente, Gyanendra recibía una carta oficial instándole a abandonar el palacio real en dos semanas. El destronado rey tendrá donde ir porque, gracias a su fortuna, dispone de varias residencias de lujo, pero pasará a la Historia como el último monarca hinduista del mundo y el hombre que no pudo reinar porque dilapidó la veneración de sus súbditos por los soberanos de Nepal. Auge nacionalista bién se opuso a ceder el poder a la soberanía popular y, aunque permitió unas elecciones que dieron la victoria al primer ministro BP Koirala, lo destituyó en 1960. Durante 30 años, Mahendra, padre de Birendra y La abolición de la monarquía en Nepal acaba con la dinastía Shah, que unificó el país, pero que se opuso a la democracia Gyanendra, instauró el Pranchayat un Poder Real sin la participación de los partidos basado en el ultranacionalismo y la exaltación de la monarquía, cuyos representantes eran reverenciados por el pueblo como reencarnaciones del dios hindú Vishnu. En 1979, los estudiantes se levantaron contra su heredero, Birendra, pero no consiguieron arrancarle ninguna concesión democrática hasta 1990, cuando el Janaandolan Poder Popular impuso un sistema multipartidista espoleado por la caída del muro de Berlín. Birendra, un monarca afable recordado con cariño por sus súbditos, podría haber pilotado la transición hacia un Nepal democrático. Pero, bajo su reinado, la guerrilla maoísta se alzó en armas en 1996 ante la pasividad de los elitistas y corruptos partidos tradicionales para resolver los graves problemas de esta sociedad: pobreza, acumulación de tierras entre la oligarquía, dependencia del exterior, desigualdades entre etnias y castas y discriminación de los dalit (intocables) Tras la matanza en palacio, a Birendra le sucedió su hermano Gyanendra, un hombre de negocios que había amasado una fortuna con sus empresas hoteleras, de tabaco y té. Su gran fallo fue pensar que, en pleno siglo XXI, podía dirigir el país como sus despóticos antepasados, por lo que en 2002 disolvió el Parlamento y en 2005 destituyó al Gobierno en pleno para acabar con la guerrilla maoísta y la corrupción. Gyanendra no consiguió ninguno de sus dos objetivos, sino todo lo contrario. La insurgencia se alió con los partidos democráticos y, en abril de 2006, convocaron una huelga que paralizó al país y unas multitudinarias manifestaciones que doblegaron al rey. Ahí empezó su declive y ése fue principio del fin de su reinado.