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ABC DOMINGO 1 s 6 s 2008 ESPAÑA 27 La valoración de Rajoy Resulta simpático: si antes Mariano Rajoy era criticado por valer en las encuestas menos que el partido ahora se considera un peligro que pueda terminar mejor considerado que el conjunto haber ocurrido a menudo, hasta el punto de pensar que un grupo de seguidores de algún doctrinario piensan lo que piensan los 700.000 militantes que al parecer tiene el partido. Y que los más de diez millones de votantes que obtuvo en marzo son una multiplicación ideológicamente exacta de los militantes. Pero las opiniones son mucho más diversas y, entre los votantes, los hay que en otras ocasiones han apoyado opciones distintas, como entre los votantes de partidos ajenos están algunos de los que apoyaron en otras ocasiones al PP o podrían hacerlo en el futuro. Aquel punto de vista, que tiene una cuota de masoquismo y otra aún mayor de dogmatismo, ha sido quizá el que ha hecho que la derecha española, aún creciendo dignamente, no lograra ese segmento de electores necesario para ganar. Una política y una estrategia destinadas a la satisfacción íntima de un grupo más concienciado y descentrado terminó por no resultar atractivo para los que le podían dar el triunfo. Al fin y al cabo, las encuestas revelan reiteradamente que los votantes del PP se ven a si mismos más de centro que el propio partido, del mismo modo que, cuando les toca definirse en el espacio ideológico, se dicen de centro más del 46 de ellos y de centro- derecha más del 31 Una sintonía más radical Germán Yanke Si Mariano Rajoy no puede con todos parece que, por el momento, ninguno de ellos puede con Rajoy. La paradoja es que, según el último sondeo hecho público por el CIS- -que castiga duramente las expectativas del PP en este momento- el actual presidente del partido mejora en la valoración de los encuestados. Los que llaman a la sublevación en la derecha española (que no es tomando por bandera un proyecto, sino colocándose contra Rajoy) añaden ahora que es lo peor que podía ocurrirle al PP: mejora el líder a costa del partido. Resulta simpático: si antes era criticado por valer en las encuestas menos que el partido ahora se considera un peligro que pueda terminar mejor considerado que el conjunto. En anteriores sondeos en los que Rajoy ha venido obteniendo bajas valoraciones, el PP argumentaba que, en un escenario de coalición general contra los populares, su líder resultaba castigado por la opinión de los votantes del resto de partidos, mientras el presidente Rodríguez Zapatero, por ejemplo, gozaba del favor de nacionalistas y otros partidos de izquierda. Los heterogéneos sublevados dirán ahora que Rajoy ha mejorado porque lo único que ha logrado es el beneplácito de los enemigos del PP Como la oposición interna está siendo llamativa y constante pero de una debilidad intelectual supina, se ha puesto de moda, para criticar un supuesto relativismo del candidato a seguir presidiendo el partido, señalar, subrayar y hasta exagerar que sus planes gustan a los adversarios o a los ajenos. Lo de los adversarios, y sobre todo lo de los ajenos, tiene su interés. A veces, los dirigentes de los partidos y sus asesores o consejeros tienden a confundir los militantes más activos, los que van a las sedes y se muestran enérgicamente convencidos por algo- -aunque no sea exactamente el programa- -con el resto de militantes. Y a los militantes en general con los votantes. En el caso del PP que es un parti, do con muy amplia base, parece Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular IGNACIO GIL -dicho lo de sintonía con ironía- -que suena en un viejo tocadiscos en el que el agua sigue girando constantemente acaba no sonando bien a la mayoría de quienes le dan su apoyo y a la casi totalidad de quienes pueden sumarse para darle el triunfo. Quizá la paradoja se deba a que Rajoy, más por la marabunta de los que pretenden desgastarle que por sus decisiones audaces, que aún no hemos visto, empiece a ser percibido como alguien dispuesto a pulsar el botón y detener la aguja del tocadiscos y la musiquilla de los cuatro lamentables años de oposición desde 2004. El centro no es una ideología, pero sí un lugar político en el que las diferentes ideologías no se consideran dogmáticas ni pretenden presentar al discrepante como relativistas de falsa conciencia. No es relativista, pero sí un lugar relativo, alejado de pensamientos absolutos que implican comportamientos absolutos, en el que se discute para convencer y no se predica para señalar con el dedo al hereje. En este escenario, que le dio en el pasado el triunfo al PP y al que quiere volver Rajoy por el peso de sus malas experiencias, los discrepantes han sido, como en el pasado todo el partido, arrasados, sean cuales sean sus motivaciones ideológicas o personales, por esa suerte de integrismo descentrado, esto es, alejado del lugar que le corresponde a la derecha moderna y desconcertado porque el mundo no está hecho a su imagen y semejanza. Ninguno, ni el propio Rajoy, es ajeno a los errores del pasado, pero a lo mejor los encuestados le ven a él como el que, en medio de la crisis, quiere pulsar el botón. El centro no es ideología