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100 DEPORTES Ciclismo s Giro de Italia SÁBADO 31 s 5 s 2008 ABC Contador resiste por un suspiro Danilo di Luca y Ricardo Ricco, que ya está a 4 segundos, cercan al líder madrileño la víspera del Mortirolo J. GÓMEZ PEÑA PRESOLANA. A Contador no le salían las cuentas. Todavía faltaba el último puerto y el ordenador de su bicicleta decía que la etapa había acabado. ¿Pedaleaba sobra la nada? Contador miraba la breve pantalla y maldecía. Es increíble que pase esto La etapa tenía truco. Estaba mal medida. Era más larga de lo que aseguraba. Mentía. Nada de 228 kilómetros. Eran al menos diez más. Mucho. En ese tramo extra, el líder quedó cercado por Ricco y Di Luca. Con esos diez kilómetros de cuerda, los dos italianos anudaron una soga en su cuello. Con todo, esquivó el naufragio. Como Houdini. Por los pelos. Ni colorín ni colorado. A falta de la gigantesca etapa del Mortirolo, la ronda está abierta de par en par. Contador ya sólo tiene cuatro segundos sobre Ricco y 21 sobre Di Luca en un Giro al que llegó desentrenado y se le hace largo. Ojos rojos en la cima de Monte Pora. De sangre. Di Luca resoplaba. Acababa de completar una etapa fantástica: 40 kilómetros en fuga contra todos. El mejor de los favoritos. Le había recortado casi dos minutos a Contador. Pero bramaba. Hablaba de sufrimiento. De más castigo para hoy en el Mortirolo. Me habían enterrado recordaba. Mirada de plata. De bala. Bilis. El que quiera el Giro sufrirá De eso se encarga él, tercero en la general. El segundo, Ricco, dobló a Contador al final, ya en el Monte Pora. Aun así, su boca era un cráter: Va fan culo Ya se entiende. En la meta, arrojaba la emisora, juraba. Le había fallado el cambio en el tramo final. No pude meter el plato de 53 dientes El de arañar segundos. Y no sé qué hace Sella trabajando para Contador. Igual quiere ganar así el Giro Azufre en los colmillos de la cobra Le escocían los cuatro segundos que aún le saca el líder madrileño. Todos cabreados. Rabia. El mejor ingrediente para este fantástico Giro. Cuando el bielorruso Kiryenka montó una fuga para ganar la etapa que merecía desde días atrás, nadie sabía que el recorrido tenía 10 kilómetros de prórroga. Bueno, uno si sabía del truco: Savoldelli. El Halcón Es de aquí, de Bérgamo. Vive como un ermitaño. Montañés. Ayer el Giro pasaba por su nido. Por el puerto de Vivione, la cuesta interminable (20 kilómetros) de la etapa más Etapa 19 1. Kiryienka (Blr Tinkoff) 6.37: 32 2. Di Luca (Ita LPR) a 4: 36 3. Efimkin (Rus Q. Step) a 4: 43 4. Cummings (Barloworld) a 5: 25 5. Ricco (Ita Saunier) a 5: 44 12. Contador (Astana) a 6: 21 Clasificación general 1. Contador (Astana) 82.29: 10 2. Riccó (Ita. Saunier) a 4 s. 3. Di Luca (Ita. LPR) a 21 s. 4. Bruseghin (Ita. Lampre) a 2: 00 5. Pellizotti (Ita. Liquigas) a 2: 05 6. Menchov (Rus. Rabob. a 2: 47 7. Sella (Ita. CSF) a 4: 25 8. V. den Broek (Bel. Lotto) a 4: 26 9. Pozzovivo (Ita. CSF) a 5: 25 10. Simoni (Ita. Diqui. a 7: 28 Todos cabreados Contador y Ricco, a su izquierda, en la ascensión a Vivione larga. El halcón no caza cuando sube, sino cuando baja. Savoldelli extendió su alas y dio cobijo a su líder, a Di Luca. El descenso era para equilibristas. Sobre un espejo de agua. Por un cuello de botella. Contador, que se había puesto el primero para anestesiar la bajada, no se montó en la montaña AP rusa. Líder prudente. Aguardó la ayuda de Colom y Kloden. El equipo de Di Luca, el LPR, detuvo por delante a Ermeti, un dorsal de la fuga de Ki- Sigo sin temer a nadie J. G. P. PRESOLANA. Había más kilómetros de los que indicaba el libro de ruta Alberto Contador lo repetía a cada respuesta en la meta del Monte Pora. Era una queja sentida, aunque paralela a una sonrisa. Al fin y al cabo, venía del podio, de vestirse otra vez el rosa. Arriba, en la tarima donde al líder le dan carmín, flores y champán, el madrileño besó la maglia. Un guiño. La había retenido por sólo cuatro segundos. Es verdad, ha sido un día muy difícil, muy largo confesó. Y ahí volvía a medirlo. Más kilómetros de los que ponía Pronto abandonó el lamento. Es un líder agradecido. Buscó a Kloden, a Colom. Quería cruzar sus manos. Lo hace siempre. Compañeros fieles. Cuando el LPR de Di Luca reventó la carrera, sólo una docena de ciclistas pudo salir a por ellos. Y allí había tres del Astana: Mi equipo ha estado de diez. Colom y Kloden han hecho un trabajo increíble En su lista de felicitaciones, Contador no olvidó a sus rivales: Di Luca ha hecho una etapa fantástica. Y Ricco ha demostrado que está muy fuerte Acalló su disgustó por esos kilómetros de más y se fijó en lo que aún resta: Desde luego, el Giro no puede estar más interesante Al verlo dubitativo en la subida, la prensa italiana le recordó una declaración: Yo no temo a nadie Contador insistió. Y sigo sin tenerle miedo ryenka. Ya eran tres: Ermeti, Savoldelli y Di Luca. De manual. Ciclismo de ráfagas. Savoldelli hizo un último picado y dejó a Di Luca con dos minutos de crédito en la puerta del Monte Pora. Detrás, Kloden, al límite, dibujó lo que parecía una mueca de agonía. Lo era. Y aún faltaban cinco kilómetros. Inexistentes en el ordenador de abordo de Contador. Reales en el Giro. Bastaba con escuchar a las piernas. Protestaban por casi siete horas de montaña. Simoni, por ejemplo, pasó por allí como un zombi. Sin fuerzas; sin Giro. Ese tramo de más dejó desarmado al líder. Solo en los kilómetros invisibles. Di Luca, descosido, amenazaba su maglia. Y Ricco le apretaba a su lado. Cuando la burbuja de Kloden explotó, Contador disparó. Ataca el líder. Un tiro al aire. Por si les asustaba. Pero no. Ricco ni se inmutó. Contador se sentó antes. Declinó. Al Tour que ganó se llevó DVDs de caza. Un buen tirador sabe cuándo no es su día. El coto ayer era más grande de lo que decían. Lo menos diez kilómetros más. Cerca ya de la meta que vio entrar primero a Kiryenka, Di Luca recuperaba fragmentos de un Giro del que le habían tachado. Y mañana a volver a sufrir advirtió. Minuto y pico después, llegó la sombra erguida de la cobra Dicen que él es mejor escalador que yo, pero en el Giro le he dejado atrás siempre Como ayer. A algo más de medio minuto, Contador, pulido al límite, apuraba sus reservas. Mordía también por esos diez kilómetros de propina. Hoy le espera otra jornada eterna, sin medida: la del Gavia y el Mortirolo.