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ABC SÁBADO 31- -5- -2008 R. E. M. suma Madrid y Cataluña a la gira mundial de su nuevo disco, Accelerate LA CASETA 365 81 Todos somos algo así como huérfanos del niño que fuimos Luis Mateo Díez s Escritor de Días del desván a La gloria de los niños (Alfaguara) la novela sobre un niño de las dos guerras: Es ese niño de una infancia desamparada, símbolo de esos niños que tienen el mismo rostro y los mismos ojos, sobre todo en la desgracia y en el desamparo Mateo Díez homenajea al niño heroico, al que se le encomiendan tareas de mayores, el de los cuentos populares: Son niños necesarios- -abunda- que cumplen a rajatabla con los auspicios de que el mundo termina y empieza en ellos. Como dijo Rilke, la infancia es la patria perdida del hombre, un reino cerrado, porque en el fondo todos somos algo así como huérfanos del niño que fuimos. Una fábula plenamente actual para el mundo de hoy La gloria de los niños se desarrolla en esas ciudades de sombras que Mateo Díez cincela con maestría, urbes de la irrealidad: Dickens es uno de mis grandes escritores de aprendizaje. Me siento hijo y heredero del expresionismo, pero hay una mirada de la infancia en el neorrealismo absolutamente inolvidable. Tener una infancia trágica, maltratada, usada desde la vileza del corazón humano es lo más terrible que puede hacer el hombre. Esta fábula es una historia de vidas ejemplares, donde hay un requerimiento hacia los poderes sustanciales de lo que es ser niño, y la evidencia de que en la inocencia y en la bondad está lo más noble de lo que somos. Y ese sería el ejemplo que podría salvar el mundo Una historia positiva la que nos propone el escritor leonés, frente a un mundo tan lleno de maldades, maltratos, operaciones miserables y terribles: La memoria es como el resorte que me carga la imaginación- -confiesa Luis Mateo- Mi memoria es mi imaginación, mi imaginación es mi memoria. Tal vez esa hondura o esa identidad de lo que son los bienes de la memoria me hacen innecesaria una ley como la de la memoria histórica. Escribir es descubrir, y las palabras, la carne de la escritura El autor rinde homenaje a los más pequeños con El sol de la nieve y La gloria de los niños A. ASTORGA MADRID. Los niños de Celama desaparecieron un 17 de febrero de 1964... En El sol de la nieve (Gadir) Luis Mateo Díez regresa a su territorio mítico, Celama, un Reino que no puede existir más allá de la realidad, que es el único espejo de la memoria de los que allí viven y vivieron, y con ello quiero decir que la fantasía, tan propia en tantas otras ocasiones y en tantos otros cuentos, no es en Celama la facultad que se necesita para representar e idealizar lo que se nos ocurre, lo que inventamos Allí la fantasía es un fruto raro, un bien escaso. Y es que en Celama todo sucede a ras de tierra. Celama es un territorio llano en el que los límites son los horizontes. Una llanura que se extiende sin que las escasas ondulaciones nos la hagan perder de vista en su unidad, contenida entre la frontera de dos ríos, el Urgo y el Sela, los centinelas del Reino. En la Celama de aquel 17 de febrero de 1964, cuando desaparecieron los niños, todavía era fácil pisar la tierra dura, el erial, el barbecho: las aguas del Burma no regaban la totalidad del Reino. En los pedregales jugaban los niños que todavía le tenían cierto respeto a las presas y a las acequias... Celama de Luis Mateo Díez es un territorio ya clásico, como Macondo, Yoknapatawpha, Comala o Sierra Mágina. La infancia ha sido un tema que ha tratado mucho en sus novelas Luis Mateo Díez, des- Un grupo de niños, en el pabellón infantil con Doña Elena como improvisada testigo de la charla SIGEFREDO El 50 aniversario de Juan Ramón sí fue recordado en el Retiro ISAAC RISCO MADRID. En la primera tarde de la Feria del Libro, un homenaje a Juan Ramón Jiménez. La actividad inicial de la Fundación Círculo de Lectores, organizada de manera conjunta con la Residencia de Estudiantes, podía ser vista ayer como un acto simbólico para rendir al autor de Platero y yo el tributo que le corresponde en el quincuagésimo aniversario de su muerte, y después de que los organismos oficiales le olvidaran en tan señalada fecha. Alfonso Alegre, editor de la poesía completa de Juan Ramón en el exilio (Lírica de una Atlántida, Galaxia GutenbergCírculo de Lectores, 2008) y el también poeta Tomás Segovia plantearon en el pabellón de la fundación un diálogo sobre el reconocimiento tardío y el largo exilio de la poesía del tercer Premio Nobel español. Si Alegre lanzaba al comienzo de la tarde la interrogante sobre si el destierro de Juan Ramón había llegado realmente a su fin, Tomás Segovia, el poeta valenciano que pasó también muchos años en el exilio español en México, consideraba que aún no se ha llegado a reflexionar lo suficiente sobre la obra del poeta. En México, León Felipe ocupaba el lugar de Juan Ramón y Cernuda le atacaba recordó Segovia en alusión al escaso reconocimiento que acompañaba a Juan Ramón no sólo en España, sino también en los propios círculos del exilio. Nadie negaba la importancia de Juan Ramón, pero su obra no era reconocida El mismo Segovia, que reivindica desde muy temprano la vigencia de la lírica de Juan Ramón, señaló que no entiende que se utilice el calificativo simbolista para criticar al poeta. Quién que es, no es simbolista Con esta alusión a Rubén Darío y su defensa del modernismo, Segovia recalcó la especial cualidad del lenguaje lírico. Frente a antiguas críticas a Juan Ramón- -un poeta que fue censurado por la España oficial y olvidado por la intelectual durante muchos años- Alegre destacó que su obra ni fue escasa, como señalaban algunos críticos, ni había perdido nunca su vigencia.