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ABC VIERNES 30- -5- -2008 La joven Carla Suárez apea de París a la francesa Mauresmo, ex número uno Nadal, Ferrer, Robredo y Verdasco superaron la segunda ronda 107 El español, contra la alianza italiana Ricco, Simoni y Sella anuncian que atacarán hoy al líder J. GÓMEZ PEÑA VARESE. Todos dicen que me van a atacar En Italia, Contador es Alberto un nombre que allí suena familiar. Alberto era el estribillo del público en la meta de ayer, en Varese. Contador idolatrado. El madrileño lo agradece y calla. Ya hablan Simoni, Ricco, Pellizotti o Sella. Sus advertencias de ofensivas para hoy en las cuestas de Vivione o el Monte Pora rotulan las páginas de los diarios deportivos italianos. Coalición nacional. Contador escucha, emboza los hombros y sonríe. Anda feliz. Al líder de la corsa rosa le va más ser protagonista del silencio. De cuando los puertos reclaman todo el oxígeno de los pulmones. De cuando a nadie le queda aliento para hablar. Hoy, en el Monte Pora, y mañana, en el Mortirolo, son dos de esos días. Valen por un Giro. Al líder le sienta bien la euforia. Sereno. Pletórico. Hace tres semanas Italia no estaba en su mapa. Ayer en la meta de Varese hasta esprintó. Lo explicó: Por si se podía picar algún segundo. Llevaba buenas piernas Con ellas habla su ambición. Disfruta de una ronda en la que ni pensaba. De un regalo. Cuando tras la operación cerebral regresó al ciclismo, al Tour Down Under, agarró su primer dorsal y se hizo con él una docena de fotos. Necesitaba pruebas de su fortuna. Tocar para creer. Para escucharle es mejor consultar a sus músculos. Hoy y mañana hablarán frente a la supuesta coalición italiana. Clasificación de la etapa 1. J. Voigt (CSC) 3 h 22: 46 2. G. Visconti (Quick Step) a 1: 07 3. R. Nocentini (AG 2 R) m. t. 4. G. Bosisio (Lampre) m. t. 5. D. Bennati (Liquigas) a 2: 04 6. P. Bettini (Quick Step) m. t. 7. F. Cárdenas (Barloworld) m. t. 8. A. Pérez (Euskaltel) m. t. 9. M. Ardila (Rabobank) m. t. 10. J. Rodríguez (Caisse) a 2: 06 Clasificación general 1. A. Contador (Astana) 75 h 45: 17 2. R Riccó (Saunier Duval) a 41 s. 3. G. Simoni (Diquigiovanni) a 1: 21 4. M. Bruseghin (Lampre) a 2: 00 5. F. Pellizotti (Liquigas) a 2: 05 6. D. Di Luca (LPR) a 2: 18 7. D. Menchov (Rabobank) a 2: 47 8. E. Sella (CSF) a 4: 25 David Villa y Cesc Fábregas disputan el balón en el entrenamiento de ayer AFP Cesc muda la piel Hace un tiempo cambió de representante; en la selección ha optado por el número 10 en lugar del 18 y en la roja ya no se llama Cesc, sino Fábregas, como en el Arsenal. El jugador quiere cambiar el paso con España, pero de momento apunta al banquillo JULIÁN ÁVILA MADRID. La vida deportiva de un futbolista se mide con los pequeños detalles. Pasan de héroes a villanos en un abrir y cerrar de ojos simplemente con un par de buenas actuaciones. Es muy sencillo coronar a un jugador y arrastrarlo hacia el paraíso, pero lo complicado es mantenerse sin caer. Cesc Fábregas irrumpió a una edad muy tempranera en el fútbol inglés abrigado en un club cómodo como el Arsenal y bajo la tutela de Arsene Wenger. Creció como la espuma en la vertiente futbolística sin abandonar el perfil de chico humilde. Siempre impermeable a los elogios desmedidos en la prensa y protegido por un entorno rocoso, desde sus padres hasta su representante. Con el paso del tiempo se ha ido afianzando en la Premier Nadie discute su liderazgo en el club londinense que le sirvió de trampolín para caer en la selección. Aquí, en el equipo de los mejores, sigue un camino dubitativo. Desde que debutase de la mano de Luis frente a Costa de Marfil en Valladolid (1- 3- 06) no ha completado un partido redondo. Tiene una asignatura pendiente con la roja y él lo sabe. Como decíamos al principio, los detalles sirven para calibrar los cambios. Y Cesc, últimamente, se ha visto sometido a un carrusel de fuertes y diferentes sensaciones. Hace varios meses rompió su relación profesional con el representante Joseba Díaz y pasó a depender de sus padres y de Darren Dean, éste en la parcela de marketing. Más detalles. Cesc siempre había caminado ajeno al mundo del glamour y de las grandes fiestas en Inglaterra. Era fácil distinguirle entre la multitud embutido en la ropa deportiva de la marca que le patrocina o de marca de segunda fila. Ahora ha dado un paso hacia adelante y ha entrado en la burbuja de la moda. En su maleta entran trapos de Gucci, Dolce Gabbana o Prada. Y también se deja ver por las fiestas importantes que se organizan en la capital inglesa (siempre a horas razonables) Otro fragmento. Siempre había presumido de un carácter afable e ingenuo y fechas atrás contemplamos un vídeo- anuncia de Nike que transmitía la llegada de un nuevo Cesc, más aguerrido y maduro. El modelaje también ha calado en la parcela deportiva. Con la selección española, siempre se había decantado por el número 18 y en esta ocasión ha optado por el 10 por el símbolo de los cracks y de los jugadores consagrados, aunque en España está demasiado barato lucirlo. El gesto camaleónico también afecta al nombre. Ya no será Cesc con la roja y ahora se llama Fábregas, como en Inglaterra. Toda esta parafernalia podría responder a un gesto forzado para abandonar el mal fario que le acompaña cuando defiende los intereses de la selección o estaríamos asistiendo a un cambio global, que correspondería a su estatus en la Premier inglesa, a una especie de galactización que para muchos jugadores supuso un serio dolor de cabeza. Cesc ha hecho una apuesta fuerte y ahora tendrá que lidiar una complicada papeleta si quiere salir triunfante de la Eurocopa. El líder incluso esprintó ayer para ver si podía picar algún segundo porque tenía buenas piernas Triunfo de Voigt en Varese Es éste un país con buen regate. Astuto. Descarado. En el Giro de 1967, un vizcaíno, Patxi Gabika, se largó con Aurelio González camino de Las Tres Cimas de Lavaredo. Voltearon una carrera empaquetada para Gimondi. Era un día de infierno blanco: frío, nevado. Al dúo del equipo KAS sólo les pudo seguir, y a distancia, un racimo de corredores italianos agarrados a los coches. Los jueces, parciales, anularon la etapa. Tongo. Cuentan que ese mismo año, Gimondi dejó atrás a Anquetil en las rampas del Tonale con la ayuda de una moto de la RAI. Cosas de la época. Como cuando a Moser y Saronni les recortaban los puertos. O como cuando Fignon perdió la edición de 1984 el último día. El francés recibió una penalización de 20 segundos por avituallamiento indebido, le suprimieron el Pordoi por una nevada de mentira y vio cómo Moser, su verdugo, era propulsado en la contrarreloj final por las aspas del helicóptero de la televisión italiana. Italia, en cambio, tosía ayer. Bettini tenía la garganta de arena. Carraspeaba. La de Varese era su etapa. Salió a por esa meta. Pronto. Con Voigt, Joaquín Rodríguez (Caisse d Epargne) el navarro Alan Pérez (Euskaltel- Euskadi) Cárdenas, Visconti, Bosisio... La escapada estaba copada de italianos caninos. Expertos. Ávidos. Pero sólo puede ganar uno. Coalición imposible. De hecho, venció un alemán de tremenda envergadura: Voigt. Hoy, el rival de los ciclistas transalpinos es otro. El objetivo de todos los ataques: Contador. Alberto para la afición de aquí. Ajeno al glamour