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ABC VIERNES 30 s 5 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 91 ÓPERA CLÁSICA Die Walküre Música: R. Wagner. Intérpretes: E. Herlitzius, P. Domingo, W. Meier, R. Pape. O. S. del G. T. del Liceo. Dirección: S. Weigle. Lugar: Liceo, Barcelona. Fecha: 28- 05- 08 Temporada CDMC Obras de B. Ferneyhough, J. M. Sánchez Verdú, H. W. Henze, J. M. López López, O. Rappoport. Intérpretes Trío Arbós, Neopercusión, Carlos Gálvez Taroncher (clarinete) Álvaro Octavio (flauta) Lugar: Auditorio 400. Museo Reina Sofía. Madrid. Domingo, el incombustible PABLO MELÉNDEZ- HADDAD Expectación máxima. El regreso de Plácido Domingo al Liceo barcelonés fue recibido con una auténtica ovación en esta versión de concierto de la wagneriana Die Walküre Un lleno hasta la bandera y un escenario vacío, sólo con un par de sillas y un foco con un filtro decorativo ante la concha acústica propia de los recitales- -la orquesta fue ubicada en el foso- -acogió esta velada esperada con anhelo por wagnerianos y liceístas debido a un reparto de campanillas encabezado por el tenor madrileño y por un Sebastian Weigle inspiradísimo ante una Sinfónica del Liceo poco prolija- -el conjunto al final se llevó más de un bufido- pero muy comunicativa. El foso impuso suficiente tensión teatral y el trabajo de Weigle como concertador, en la articulación y en el fraseo, fue sorprendente. Los cantantes improvisaron movimientos escénicos construyendo su propio discurso y ayudándose con la actuación. Como de mucho más que auspicioso se tendría que saludar el debut local del bajo alemán René Pape, dueño de una voz de amplio registro, impecablemente controlada y poseedor de un fraseo óptimo: su Hundig fue referencial. La energética Evelyn Herlitzius impresionó por su vitalista entrega vocal como la Walkyria que enfada a su padre y por sus dotes de gran actriz, dominando su papel con un vozarrón considerable. La potente Fricka de Jane Henschel y el expresivo Wotan de Alan Held aportaron arte y decibelios. Plácido Domingo conoce todas las aristas de ese impetuoso héroe juvenil que es Siegmund, esculpiéndolo con su magnetismo habitual y apareciendo en muy buen estado vocal; este gran maestro de la escena solucionó con arte detalles en la emisión y alguna entrada precipitada, metiéndose, como siempre, al público en el bolsillo. Waltraud Meier construyó una Sieglinde dócil aunque curtida, especialmente brillante en el segundo acto. De entre las walkyrias llamaron la atención la perfección de Gemma Coma Alabert (mezzo gerundense) y la sonora e impetuosa Eugenia María Bethencourt (soprano tinerfeña) Rappoport arrasa ANDRÉS IBÁÑEZ Difícil comentar todo lo que pasó en el concierto del lunes en el Auditorio 400 del Reina Sofía. Antonio Gala estaba en primera fila, dos manos sobre su bastón, escuchando la música del malagueño Oliver Rappoport, que recibió una beca de su fundación. Pero no sólo por eso (porque becados habrá muchos) sino porque sabe, supongo, que Rappoport es un fenómeno. Pero vamos por partes. Después de las excelentes y cachondísimas notas al programa de Juan María Solare, que nos hablaba por extenso de lo dificilísimo que es tocar Mort subite de Ferneyhough, la audición de la obra casi se parecía al Vals del segundo de Les Luthiers. Una intrigante obra para percusión de Sánchez Verdú que hace uso de extrañas y quiméricas sonoridades, en el límite entre la construcción y el puro fenómeno. Una obra un poco aburrida Henze que resulta ser la música de una película. Un técnico de sonido que cae desmayado por una bajada de glucosa. Carreras en los pasillos, puertas que se cierran. Y luego dos estrenos absolutos. El Trío de José Manuel López López es en realidad una obra para piano con obbligato de violín y chelo. Esta es, precisamente, la génesis de la obra. Que es impresionante, brutal, apasionada, tensa, compleja, formidable en los dedos de Juan Carlos Garvayo, un pianista espectacular (esto lo digo para sus recortes) una bestia parda, vamos (esto lo digo porque me apetece) Aunque quizá nos impresiona todavía más la obra Senderos de Oliver Rappaport (Málaga, 1980) que sumerge al escenario en una oscuridad sólo rota por las lamparitas de los atriles, en una amplia disposición espacial que deja vacío todo el centro del escenario, como para esperar que algo suceda allí, algo invisibe. ¿Música de vanguardia o música de los orígenes del mundo? ¿Intelecto sublimado o chamanismo sonoro? Desearíamos que esta música, interpretada con una vitalidad incesante por todos los implicados, no terminara nunca. Veintiocho años. Claro que en el arte, la edad no importa mucho. Pareja de ancianos en un banco (1994) de Duane Hanson JAIME GARCÍA Duane Hanson esculpe su peculiar American Beauty Las Esculturas del sueño americano de este precursor del hiperrealismo se exhiben en las salas de la Fundación Canal NATIVIDAD PULIDO MADRID. El sueño americano se tornó en pesadilla. Al menos eso es lo que se desprende de las miradas desilusionadas, de los rostros nostálgicos y ensimismados, tristes y frustrados de las esculturas hiperrealistas de Duane Hanson, que se muestran por vez primera en España. Veintidós de ellas se han instalado en las salas de la Fundación Canal. Son gente corriente, anónima, con vidas anodinas: obreros en un andamio, un policía, un estudiante, una pareja de ancianos sentados en un banco como si fueran extraños, un vendedor de coches, una limpiadora, un médico... Son aquellos que se han quedado por el camino en pos del sueño americano. Son tan reales que apenas logramos distinguirlos de un puñado de personas de carne y hueso que ayer se escoraban por las salas como si fueran unas obras más de Hanson. Este artista norteamericano, nacido en Minessota en 1925, hijo unos granjeros, solía utilizar a familiares, amigos e incluso a sus asistentes como modelos. Éstos padecían un auténtico suplicio: les hacía un vaciado de sus cuerpos y rostros con escayola. Previamente debían ser depilados completamente. Al retirarles el molde, parecía como si les arrancaran la piel. Algunos llegaban a desmayarse, cuenta Wesla Hanson, viuda del artista. Ella y sus hijos fueron inmortalizados en algunas piezas. Estas peculiares esculturas a tamaño real sobre modelos al natural eran después moldeadas en fibra de vidrio, polivinilo, bronce o resina epoxi y pintadas a mano. Buscaba tanto el realismo que llegaba a comprarles a los modelos sus prendas de vestir y sus complementos. americana. Al igual que hizo Sam Mendes en su genial American Beauty un retrato no exento de ácida ironía. Entre las piezas expuestas, Aborto su primera obra, de 1965, en la que hace una denuncia de los abortos ilegales. Es una época en la que se muestra muy preocupado por los temas sociales. También se exhibe la última, de 1995: Hombre en cortacésped realizada en bronce y para la que empleó como modelo a un pintor amigo suyo. Al final de su carrera trabajaba en bronce, pues las resinas tóxicas son las que le habían provocado el cáncer que acabaría con su vida en 1995. Además, están presentes en la exposición las dos únicas figuras que hizo por encargo: curiosamente, las únicas que parecen haber cumplido ese sueño americano. Ejecutivo en silla roja y Mary Weisman fueron esculpidas tras la muerte del matrimonio a petición del hijo de éstos. No faltan algunas de sus esculturas más emblemáticas, como Queenie II (1988) una mujer negra limpiadora, o su célebre Cowboy del que hizo once copias. Hoy su cotización ronda los 450.000 euros por escultura. Está presente en colecciones como la Saatchi, el Museo Ludwig de Colonia o el Whitney Museum de Nueva York y ha influido en una generación de célebres artistas como Ron Muek o los hermanos Chapman. Más información sobre la muestra: http: www. fundacioncanal. com ¿Piezas del museo de cera? Los más críticos con este tipo de arte se preguntan qué diferencia hay entre estas esculturas y las figuras de un museo de cera. La respuesta, advierte la comisaria, María Espinosa, es fácil: a Hanson le interesa por encima de todo la psicología humana. Por eso retrató tan fielmente la idiosincrasia Hanson sometía a sus modelos a un suplicio chino: hacía un vaciado de escayola de sus rostros y cuerpos