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ABC VIERNES 30- -5- -2008 Trovador de Rufino Tamayo, vendido por 7,2 millones, récord de arte iberoamericano 89 Los pecados de la alta sociedad en el Tercer Reich El investigador francés Fabrice D Almeida indaga en un ensayo sobre la seducción de las élites alemanas por los nazis ISAAC RISCO MADRID. Otro libro sobre el nazismo. El tema es uno de los más investigados por la historiografía contemporánea, pero Fabrice D Almeida, catedrático de la École Normale Supérieure de París, define pronto cuál es el motor que le ha impulsado a pasar los últimos tres años y medio investigando sobre ese oscuro capítulo del siglo XX en distintos archivos de París, Berlín y Múnich, y cuyo resultado llegó esta semana a las librerías españolas: El nazismo y el Holocausto son dos aspectos que definen la cultura occidental hasta ahora. Nos ayudan a comprender muchas cosas en nuestra sociedad El historiador francés considera además que su estudio sobre las implicaciones de las élites y la aristocracia alemanas con la cúpula nazi, El pecado de los dioses (Taurus, 2008) consigue encontrar un nicho en el amplio repertorio de estudios centrados en el nazismo. Entre las diversas biografías y estudios sobre la psicología de Hitler, la vasta holocaustología que trata el genocidio a los judíos y los tratados sobre la guerra, D Almeida señala que muy pocos autores- -sólo dos desde los años 50- -han investigado sobre el papel que cumplió el cortejo y la capacidad de seducción de los nazis con los estratos más exquisitos de la sociedad alemana. Los nazis tenían un aparato muy bien organizado para controlar no sólo la vida pública, sino también la privada Casi con deleite apunta D Almeida uno de sus hallazgos en el archivo de los asistentes personales de Hitler, en la Biblioteca Pública de Baviera: Una entrada registra a los amigos del ministro, a los amigos de la mujer del ministro, y ¡también a los de la hija! Lo planeaban todo, si se invitaba a mujeres a una cena, si ésta era de trabajo o de placer Ese contubernio con las clases más altas alemanas, a las que se les otorgaba privilegios aun contradictorios con la propia ideología nazi, continúa D Almeida, formaban parte de una estrategia a largo plazo, orientada a cimentar el poder global de su proyecto político. Por ello, la tesis central del libro, señala el autor, es que esos refinados mecanismos de seducción no sólo alcanzaban a las masas- -un campo en el que los nazis alcanzaron una habilidad extraordinaria- sino también a las élites sociales. Y ello, agrega, se han convertido en una herencia presente en el mundo moderno. Ahora el problema es más que nada un problema de la gestión ética añade D Almeida. Tenemos que tomar un poco de distancia de lo material y de lo ideológico Acerca de los riesgos de la cercanía al poder en la sociedad europea contemporánea, el investigador francés destaca que los mismos no radican tanto en la violencia de corte ideológico, sino en la falta de escrúpulos en los círculos cercanos al poder político. El problema central de nuestra época es que no tenemos una ética global Juan Ángel Juristo esculpe el barrio del Refugio en El hilo de las marionetas El escritor novela de la púrpura nevada a la nieve roja en su segunda obra ANTONIO ASTORGA MADRID. De Bizancio al barrio del Refugio, de Roma al Madrid duro, difícil, problemático que se clava en la piel como un carnívoro cuchillo. Juan Ángel Juristo, crítico, narrador y colaborador de ABC, mueve con El hilo de las marionetas (Trama) -su segunda novela- -un fabuloso enjambre de seres y estares que escapan de sus deseos para no tocar las brasas del infierno. El gran escritor portugués Miguel Torga sostenía que lo universal es lo local sin muros. Juristo, conocedor como nadie de la jungla literaria que se cobija debajo del asfalto, da una vuelta de tuerca a la sentencia torguiana para ponerle muros a ese pequeño e irreductible barrio que José María Merino plasmó con exactitud exacerbada en un bello libro de cuentos. El Refugio está constreñido entre grandes avenidas de Madrid. Aburrido del costumbrismo, Juristo encierra en las poderosas fronteras urbanas del Refugio a personajes desarraigados que tienen que convivir con el mundo del delito, con la prostitución, con la violencia, y que están administradas por los mendigos. Son seres perdidos, refugiados y aferrados a su propia subsistencia y a la imposibilidad de salir los escruta el gran lector que es Luis Mateo Díez, maestro de ceremonias junto a Paula Izquierdo de El hilo de las marionetas un bloody mary de excelente literatura lo definió la escritora. Como advierte Luis Mateo hoy anda de moda un tipo de novela histórica bastante banal que cuenta cosas disparatadas. Por eso la opera prima de Juristo, Detrás del sol y ahora El hilo de las marionetas son obras tan desacostumbradas como convenientes y necesarias. El barrio del Refugio era púrpura nevada, pero de pronto se llena de elementos inesperados que cualquier mirada so- Un problema contemporáneo Juan Ángel Juristo J. DOMINGO Habitantes descabalados REUTERS Hitler, según los Chapman Los hermanos Chapman han comprado veinte pinturas de Hitler por unos 200.000 dólares para desfigurarlas. Forman parte de la exposición Si Hitler hubiese sido hippie, qué felices seríamos todos en la galería White Cube de Londres, donde también se exhiben en vitrinas instalaciones con figuras en miniatura de nazis mera y realista descarta por inverosímiles, escruta Juristo: Ejércitos de mendigos que actúan al modo de uno organizado, y que haría las delicias de cualquier organización mafiosa; una jefa monstruosa que siente pasión por Dickens y Galdós, unos habitantes descabalados con la imperiosa necesidad de irse del barrio y que saben que sus límites son más precisos que los de un campo de concentración... entonces, esto se convierte ya en nieve roja... Como sostiene un personaje de El hilo... en realidad el Refugio fue una especulación incluso en sus deseos más inconfesables Los diálogos, casi inexistentes, recalcan la incomunicación real entre las personas, pero inciden en la necesidad brutal de amor que todos los que pueblan el relato necesitan Y el modo de narrar, en tercera persona, semeja marionetas manejadas por hilos que se quieren ocultar, hasta que en el último capítulo emerge la primera persona: Quise dejar de lado al narrador omnisciente como una manera de alejar en definitiva cualquier atisbo de verdad única en un terreno tan movedizo como es el del arte perfila el escritor secreto que hay tras el sol de Juristo.