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10 OPINIÓN VIERNES 30 s 5 s 2008 ABC AD LIBITUM UNA BANDERA PARA EL PP UANDO Génova, la Serenísima República de Génova, era un Estado independiente tenía por bandera una cruz roja sobre fondo blanco. Los supervivientes del PP, atrincherados en la calle Génova de Madrid, podrían, temporalmente, arriar su bandera azul con gaviota triste y desnutrida para sustituirla por la de la vieja potencia marinera. La confusión con la Cruz Roja, el símbolo de la institución benefactora, podría protegerles de los bombardeos diarios que caen sobre ellos bien sean procedentes de sus adversarios socialistas o de sus enemigos del propio PP. Así, más serenos, quizá podrían salir del M. MARTÍN hoyo en el que se han enteFERRAND rrado. Es posible que ignoren Mariano Rajoy y sus leales- -no sé si el plural será correcto- -que frente a lo que hoy es la sede nacional de su partido estuvo en tiempos el Teatro Príncipe Alfonso, que, antes de convertirse en cine con programa doble en el que hacían novillos los chicos bien del Barrio de Salamanca, fue escenario de provecho en el que Jacinto Benavente estrenó su Teatro para niños. A él se dedican, ya talluditos, los actores- ¿marionetas? -que maneja hoy el presidente que no aprende a liderar su propio partido. Según los rumores que circulan por tan afamada calle, en la que nació José Antonio Primo de Rivera y murió Eugenio Montes, Rajoy tiene problemas para encontrar un secretario general que proponer en el XVI Congreso. Alguien que goce de un mínimo respeto entre los militantes, cosa difícil, y que, al mismo tiempo, sea merecedor de su confianza. Es decir, que sus inoportunos silencios, irritantes a veinte días de lo de Valencia, podrían ser el fruto de la necesidad y no de su supuesta astucia recalcitrante. Afirman esas fuentes, no necesariamente fiables, que Javier Arenas ha rechazado la oferta para sustituir a Ángel Acebes. Si la oferta llegó a producirse es todo un indicio de la desesperación rajoyana y si se produjo y no fue aceptada, sirve para demostrar el límite de la soledad que, no sin grandes esfuerzos, se ha fabricado el registrador que no registra y presidente que no preside. Rumores más solventes, a los que resulta imprescindible recurrir ante la incapacidad patológica del PP para generar la información que le debe a diez millones de votantes, señalan que Juan Costa, el diputado intermitente, renunciará a presentar en el Congreso una candidatura alternativa a la de Rajoy. El mismo Costa, al que rescató Rajoy de la paz privada- -era presidente de Ernst Young Abogados- -para convertirle en gran redactor del último programa electoral del PP, también se pasó al enemigo y ha venido explorando sus posibilidades sucesorias sin llegar, por lo que parece, a convencerse suficientemente. En conclusión, entre unos que no quieren y otros que no pueden, incierto se presenta el futuro del PP. Como el reinado de Witiza. Se impone la cruz roja en la fachada. C -Bendice, Señor, estos aditivos emulsionantes que vamos a comer. POSTALES ¿ADÓNDE VAS, LENDAKARI? A propuesta que Ibarretxe acaba de presentar es un cúmulo de desvaríos jurídicos, disparates políticos, contradicciones conceptuales y pésima redacción literaria. Proponer una consulta para que sirva más tarde de base a un referéndum inconstitucional es un truco de picapleitos de tercera categoría. Pedir a ETA que manifieste de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la violencia después de lo que acaba de suceder con su tregua indefinida suena a chiste macabro. Y hablar de proceso de negociación entre todos los partidos vascos, sin excepción, para alcanzar un acuerdo democrático con unos que llegarán a la mesa de negociación pistola al cinto, es entregarse atado de pies y manos a los pistoleros o estar tácitamente de acuerdo con ellos. Elijan ustedes mismos lo que prefieran. En muy mala situación debe de encontrarse el lendakari para salirnos con esa propuesta, que no lleva a ninguna parte a nadie, empezando por los propios vascos. Esto no es una huida hacia delante. Es dar cabezazos contra la pared. Zapatero lo tiene algo más fácil, JOSÉ MARÍA aunque tampoco crean tanto. Su famoCARRASCAL so plan de paz para el País Vasco ha terminado donde empezó, sólo que un poco peor. Con ETA lista a morder como un perro rabioso a quien se ponga a su alcance. El PNV, forzado a competir con ella en quién es más nacionalista, y un desafío abierto al Estado, que no sabemos cómo ni dónde ni cuándo acabará. Pero nuestro presidente es especialista en resolver problemas que él mismo ha creado, y no le asusta éste. Aunque llamarlo resolver puede resultar un tanto excesivo, ya que sus soluciones son tan vagorosas como sus palabras, que suenan muy bien, pero a la hora de plasmarse en la realidad se esfuman. El mejor ejemplo es éste del País Vasco. Se ha pasado tres años y medio haciendo carantoñas a los nacionalistas en pos de la paz, pero la cosa ha terminado en L bronca, con muertos, heridos y todo el mundo cabreado. En esto han venido a dar la ducha de De Juana con su novia, el Otegi hombre de paz la mesa redonda de Loyola, el accidente de Barajas, el permitir a los filoetarras presentarse a las elecciones municipales y otras procacidades con que el presidente el Gobierno nos obsequió durante la pasada legislatura. En que aquello esté más encrespado que nunca, con una ETA que vuelve a asesinar, un lendakari dispuesto a pasarse la Constitución por el arco del triunfo y el mayor protagonismo político del Partido Comunista de las Tierras Vascas en su corta pero sombría historia. Para que el presidente del Gobierno pueda anunciar ufanamente que recurrirá ante el Tribunal Constitucional la iniciativa del lendakari. ¡Hombre, podía usted habernos ahorrado todo eso, incluida la ducha de De Juana, simplemente con haber mantenido una línea firme y coherente ante el nacionalismo, en vez de medio meterse en la cama con él y medio hacerle promesas que no podía cumplir por estar fuera de sus poderes! Pues en una cosa, sólo en una, hay que dar la razón a Ibarretxe. Cuando recuerda a Zapatero la reunión de Loyola y le dice: ¿Por qué estaba usted dispuesto a conceder a ETA el reconocimiento de las decisiones que sobre su futuro adopte la ciudadanía vasca y no está dispuesto a concedérnoslo a nosotros? ¿Por que se comprometía entonces a promover la creación de un órgano institucional entre el País Vasco y Navarra que ahora rechaza? ¿Por qué reconocía la identidad nacional del pueblo vasco de la que ya no quiere saber nada? Repito, hay una lógica funeraria en esta parte del discurso de Ibarretxe, que se convierte en disparate cuando pasa a confundir términos, hacer propuestas irrealizables y cometer ese error típico del nacionalismo que es creer que no hay barreras, ni leyes, ni principios para lograr su nación. Pero que explica la alergia que siente Zapatero hacia aquellas reuniones de Loyola, en el otoño de 2006. En el fondo, tal para cual. Y nosotros, en medio.