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4 EDITORIALES VIERNES 30 s 5 s 2008 ABC DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA Director Adjunto: Eduardo San Martín. Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas. Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado. Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro. PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área de Publicidad: Adolfo Pastor Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera EL CIS MARCA DISTANCIAS on la prudencia que siempre merece el análisis de toda encuesta, los datos del CIS reflejan el lógico impacto negativo sobre todo partido que ha perdido unas elecciones generales. Según el CIS, el PSOE mantendría el 43,6 por ciento de los votos- -no avanza nada respecto a los resultados del 9- M- -frente al 37,6 por ciento del PP, que baja 2,5 puntos. En intención de voto, el PSOE aventaja al PP en 16 puntos, un dato que sirvió para que los socialistas se apresuraran a afirmar que el PP está en caída libre al constatarse una distancia de seis puntos entre ambos partidos, casi el doble de lo que les separó el 9- M. Aun siendo cierto que estas cifras son desfavorables para el PP también lo es que el análisis sería in, completo y quedaría desfigurado si no se tiene en consideración el mismo estudio correspondiente a 2004. Tras esa derrota del PP el CIS constató que la distancia entre PSOE y PP era entonces de 10,4 puntos (ahora es de 6) y que la intención directa de voto atribuía a los socialistas una ventaja de hasta 24 puntos (frente a los 16 de hoy) La tendencia para el PP inmerso en una com, pleja crisis interna que en abril- -fecha del sondeo- -no era tan explícita como hoy, no es buena. Pero sería injusto atribuir al sondeo un efecto demoledor para el PP porque no existe el desplome catastrófico que muchos le quieren atribuir. En el PP contaban con un desgaste así. Y de la misma manera que asumen que continuarán erosionándose hasta su próximo congreso, también son conscientes de que las encuestas, como los daños, son reversibles. C LAS CIFRAS NO ENGAÑAN A tasa armonizada de inflación en el 4,7 por ciento en mayo; el euríbor por encima del 5 por ciento; las ventas al por menor disminuyendo un 3,4 por ciento en abril; el mercado de la vivienda, compraventa e hipotecas, hundido en tasas negativas del 40 por ciento; la creación de empleo en mínimos y cayendo; el famoso superávit de las cuentas públicas evaporado por el desplome de la recaudación aun antes de dilapidarlo en promesas electorales; el crecimiento estimado en el segundo trimestre del año en tasas próximas a cero... Y todavía el presidente del Gobierno saca pecho y dice que crecemos más que Europa y estamos mejor preparados que nunca para afrontar un ajuste más intenso y rápido de lo previsto. Se pueden tergiversar las cifras, jugar con las comparaciones temporales, acudir a los tradicionales eufemismos, pero el malestar económico no puede ser ignorado por ningún dirigente democrático sin que suponga un desprecio a la ciudadanía. El dato de inflación de ayer es muy malo, sin paliativos. No puede haber consuelo en que el diferencial con nuestros socios europeos se mantenga constante. No sólo porque el diferencial acumulado aumenta continuamente, lo que explica la progresiva pérdida de competitividad y el creciente deterioro de la actividad industrial, sino porque los niveles de inflación también importan, y mucho. Los efectos perniciosos de la inflación tienen mucho que ver con las expectativas que generan, con los comportamientos defensivos que provocan, y esas expectativas, esos comportamientos, dependen crucialmente de los niveles de inflación. Cualquier empresario sabe que la negociación colectiva este otoño va a ser complicada con una inflación del cinco por ciento. Como lo sabe cualquier administrador público, que tendrá que enfrentarse a funcionarios y pensionistas reclamando en la calle el mantenimiento de la capacidad adquisitiva. Que la amenaza de una espiral de precios y salarios se convierta en realidad no depende del diferencial, sino de la tasa de inflación. Y con tasas del cinco por ciento empieza a tener una elevada probabilidad. Sobre todo, si se perci- L be que enfrente hay un Gobierno débil, complaciente ante las movilizaciones sociales, preso del buenismo político y sin un proyecto definido, sin una alternativa económica de futuro. El Gobierno puede refugiarse en la crisis interna del principal partido de la oposición para distraer la atención y hacer la vista gorda. Eso no cambiará la realidad de las cosas. Estamos sufriendo la peor crisis económica desde principios de los años ochenta, y no ha hecho más que empezar. La credibilidad del Ejecutivo está en mínimos. Zapatero hablaba de lejanas y pasajeras turbulencias financieras y han resultado ser un terremoto que ha endurecido y encarecido el acceso al crédito de las familias y empresas españolas hasta ahogarlas. Hablaba de una desaceleración deseada y gradual y se ha encontrado con un ajuste brutal. Hablaba de agilizar el mercado de la vivienda en alquiler y se ha encontrado con la dimisión del presidente de la Agencia Pública de Alquiler ante la magnitud de las pérdidas registradas. Hablaba de que la inflación volvería a tasas del tres por ciento en primavera y la tendremos en el cinco por ciento en verano. Tanto error de predicción no puede ser casual. Sobre todo, porque era perfectamente previsible; bastaba con mirar sin anteojos partidistas el indicador adelantado de actividad económica que publica el propio Ministerio de Economía y Hacienda. Podía ser comprensible, que no justificable, difuminar la realidad antes de las elecciones. Ahora es una completa irresponsabilidad que demuestra que el Gobierno está paralizado entre dos maneras de entender la economía. De un lado un presidente que siempre ha considerado la economía subordinada a sus intereses políticos, y que no parecedispuesto a quela coyuntura le estropeesu bonita historia de ampliación de derechos y rediseño territorial. De otro, un vicepresidente sin peso político suficiente para imponer un equipo económico, una mirada realista de los hechos y una política coherente para hacerles frente. Así, entre ocurrencias, globos sonda y presiones interesadas, el tiempo pasa, la inflación se dispara y la economía se desploma. INMIGRACIÓN CLARIDAD EN LA l presidente francés ha puesto el dedo en la llaga: no es posible seguir pensando que la capacidad de absorción de la sociedad europea es ilimitada, y ha llegado el momento de afrontar de forma razonable la cuestión de la inmigración. También es digno de elogio que Sarkozy haya empezado por plantear una política común de los Veintisiete en lugar de actuar de forma aislada y sin tener en cuenta que, desde la desaparición de las fronteras interiores, lo que suceda en un país tiene repercusiones en todos los demás. El Gobierno español carga todavía con el estigma de haber olvidado esta regla cuando decretó una regularización masiva, lo que le ha dejado sin argumentos para criticar las medidas tomadas en Italia, y ahora tendrá muchos problemas para hacer valer su sensibilidad en esta política francesa. Como se ha visto en la proposición desvelada ayer, Sarkozy está mucho más cerca de las propuestas que hizo el PP en la campaña electoral y del contrato de integración que de lo que piensa Zapatero. E