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ABC JUEVES 29 s 5 s 2008 INTERNACIONAL 41 Nepal proclama la república y acaba con la última monarquía hinduista Tras la victoria de los maoístas en las elecciones de abril, la dinastía Shah se destronó PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL KATMANDÚ. De monarquía divina a república maoísta. Ese es el camino que ha seguido Nepal desde 2006 hasta que ayer abolió la monarquía y liquidó de un plumazo los 239 años de reinado de la dinastía Shah. Cae así la última monarquía hinduista del mundo y, tras ocho desastrosos años, es destronado el autoritario soberano Gyanendra. Por 560 votos contra los únicos cuatro del partido realista Rastriya Prajantantra, la Asamblea Constituyente de Nepal acordó ayer la derogación de la monarquía y la proclamación de una república en este país del Himalaya. Tan radical e histórico cambio es el resultado directo de las elecciones celebradas el pasado 10 de abril, ganadas de forma abrumadora por la antigua guerrilla maoísta, y de las masivas protestas ciudadanas que tuvieron lugar hace dos años. En abril de 2006, cientos de miles de personas se echaron a las calles y secundaron una huelga general que duró tres semanas y paralizó al país. A pesar de que el Ejército intentó aplastar la revuelta y mató a una veintena de manifestantes, la movilización social doblegó al Rey, que terminó cediendo el poder a la oposición. Ese fue el principio del final de Gyanendra, que había disuelto el Parlamento en 2002 y cesado al Gobierno en pleno en febrero de 2005. Tras derrotar al autoritario monarca, Nepal ha visto el fin de la guerra civil que inició la guerrilla maoísta en 1996 y que se ha cobrado más de 13.000 muertos. Gracias al acuerdo de paz suscrito con el Gobierno provisional, la guerrilla maoísta, que controlaba la mitad del país, abandonó las armas y se convirtió en un partido político que arrasó en la comicios de abril al hacerse con 220 de los 601 escaños de la Asamblea Constituyente, que tendrá como misión redactar una nueva Carta Magna y decidir el futuro de Nepal. Cumpliendo el programa electoral de los maoístas, la primera decisión de esta Cámara, que ayer celebró su sesión inagural en el Palacio de Congresos bautizado curiosamente en honor del anterior Rey, Birendra, fue abolir la monarquía. A partir de hoy, Nepal será una república y el soberano Gyanendra no tendrá otros privilegios económicos o sociales distintos a los de cualquier otro ciudadano aseguró el Ministerio del Interior, Krishna Prasad Sitaula, entre los aplausos de los diputados. Como consecuencia, el Rey tendrá un plazo de quince días para abandonar el céntrico palacio de Narayanhity, que será convertido en un museo. En cuanto la radio anunció el resultado de la votación a las once y media de la noche, la euforia se desató entre las decenas de seguidores maoístas que aún seguían apostados en los alrededores del Palacio de Congresos. No es de extrañar, pues llevaban esperando ese momento desde las once de la mañana, cuando miles de miembros de la Liga de las Juventudes Comunistas tomaron las calles portando banderas rojas con la hoz y el martillo para celebrar la proclamación de la república. Pero dicha decisión se retrasó primero por las discusiones de última hora sobre el reparto del poder y, luego, por el estallido de dos bombas en las cercanías del Palacio de Congresos Birendra. Afortunadamente, no se produjeron víctimas motrales y sólo se registraron dos heridos, al tiempo que la multitud, presa del pánico, perseguía y atrapaba al supuesto autor del atentado, un individuo llamado Pranendra Thepa y que podría pertenecer al partido pro- hindú Tarai Mudesh Loktranta. Pero, para regocijo de sus seguidores, el Partido Comunista- Maoísta se encargará de for- mar nuevo Gobierno y el próximo hombre fuerte del país, ya sea como primer ministro o como presidente, será el ex guerrillero Prachanda, cuyo nombre significa El Feroz Este antiguo maestro de escuela en Gurkha, al oeste de Nepal, ha pasado de ser el cabecilla de un movimiento considerado terrorista por Estados Unidos a dirigir los designios de los 27 millones de habitantes, uno de los países más pobres del planeta y donde la mitad de la población, eminentemente agrícola, vive por debajo de la miseria. A pesar de su inspiración maoísta y de practicar unas tácticas similares a las de Sendero Luminoso Prachanda ya ha anunciado que respetará la propiedad privada y la capitalista economía de mercado. Se abre, por tanto, un nuevo capítulo en la Historia del convulso Nepal. Maoístas celebran en las calles de la capital nepalí el nacimiento de la nueva república AFP La maldición por la matanza en el palacio real humanizó a la monarquía y ayudó a que sucumbiera KATMANDÚ. Risueño y enchaquetado, pero sin corbata, el ex guerrillero Prachanda El Feroz se paseaba anoche entre los diputados de la Asamblea Constituyente con un maletín, donde seguramente llevaba las futuras medidas que tomará el Gobierno de Nepal. Mientras, el ya depuesto Gyanendra podría pasar sus últimas horas en el palacio de Narayanhity, aunque otras versiones aseguran que ya se marchó a una de sus numerosas residencias. Por su autoritarismo, el destronado Rey dilapidó en ocho años la veneración que los nepalíes sentían por sus monarcas, considerados tradicionalmente como reencarnaciones del dios hindú Vishnu. Pero los habitantes de esta nación perdida en los riscos del Himalaya, cuya renta per cápita anual es de 173 euros, descubrieron la fragilidad de sus soberanos en la masacre del 1 de junio de 2001, durante una cena en el palacio real. La versión oficial dice que el príncipe Nueva república heredero Dipendra, ofuscado por no poder casarse con la mujer a la que amaba, mató a su padre, el soberano Birendra, a su madre, la reina Aishwarya, a sus hermanos, el príncipe Nirajan y la princesa Shruti, y a otros cinco miembros de la familia real antes de suicidarse. Sin embargo, otros creen que tras la masacre estaba la mano de Gyanendra, quien no asistió a la cena y acabó convirtiéndose en el nuevo Rey de Nepal. Ahora Gyanendra ve cómo se cumple la maldición del dios Gorakhnat sobre la dinastía Shah, que predijo que su hegemonía concluiría tras diez generaciones. Gyanendra era la décimoprimera.