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36 INTERNACIONAL MIÉRCOLES 28 s 5 s 2008 ABC La Junta militar birmana prolonga un año el arresto de Aung San Suu Kyi La Nobel de la Paz en 1991 lleva 12 de los últimos 18 años encerrada en su casa P. M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. Mientras los cooperantes internacionales empiezan, por fin, a acceder a las zonas arrasadas por el ciclón Nargis hace tres semanas, la Junta militar que gobierna Birmania sigue con su política represiva. Para no perder la costumbre, el visto bueno a los grupos de ayuda humanitaria que intentan asistir a los 2,4 millones de damnificados por el ciclón ha venido acompañado de la prolongación, por un año, del arresto domiciliario de la líder opositora Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz en 1991. La hija del padre de la independencia de Birmania, el general Aung San, se ha pasado 12 de los últimos 18 años confinada en su casa de la Avenida de la Universidad de Rangún, cuya calle permanece vigilada por el Ejército. El calvario de Aung San Suu Kyi comenzó cuando su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND) ganó las elecciones celebradas en 1990, que fueron invalidadas por la Junta militar. Desde entonces, ha pasado periodos de varios años encerrada en su domicilio y, cuando ha sido liberada, ha estado a punto de ser asesinada en emboscadas supuestamente organizadas por los militares. Así ocurrió en mayo de 2003 en la localidad de Depayin, donde una turbamulta de partidarios del Gobierno atacó la caravana de Aung San Suu Kyi y pudo haber matado a 80 personas. Desde entonces, y aparte del intervalo entre julio de 1995 y septiembre de 2000 y entre mayo de 2002 y mayo de 2003, la Dama como es popularmente conocida en Birmania, no ha podido salir de su casa ni reunirse con sus familiares ni seguidores. De hecho, su marido, el profesor de cultura tibetana Michael Aris, falleció de cáncer en 1999 sin poder reunirse con Aung San Suu Kyi, ya que el Gobierno no le concedió el visado para entrar en el país y ella, que en ese momento se encontraba en libertad, prefirió no abandonar Birmania por temor a no poder regresar. Bill y Hillary Clinton durante un mitin en San Juan de Puerto Rico el pasado lunes AP ¿Qué va a ser de Hillary? Mientras su marido se queja de conspiraciones y falta de respeto hacia la candidatura de su esposa, el futuro político de Hillary se empequeñece ante su previsible derrota, salvo que reciba el premio de consolación de ser número dos de Obama POR P. RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Si estos días, efectivamente, constituyen la recta final de la era Clinton en la política de Estados Unidos, no se trata de un epílogo silencioso, fácil o incluso previsible. Ante las crecientes posibilidades de que Barack Obama esté en condiciones a partir de la semana que viene de reclamar la nominación presidencial del Partido Demócrata, el futuro político de Hillary Clinton empieza a convertirse en la pregunta del millón de dólares para el Partido Demócrata. Entre opciones que abarcan un difícil retorno al Senado, volver a la carga a partir del 2012 o recibir el gran premio de consolación de ser candidata a vicepresidente. La posibilidad de convertir a la ex primera dama en número dos de Obama estaría siendo impulsada directamente por Bill Clinton. En sus últimos mítines, el ex presidente ha empezado a quejarse sobre una especie de conspiración contra su esposa, quien a su juicio no ha recibido el debido respeto como candidata presidencial. Reiterando el argumento de que el Partido Demócrata no puede prescindir de Hillary si quiere ganar la Casa Blanca en noviembre. De puertas para dentro, Bill Clinton estaría argumentado entre sus amigos y la jerarquía del Partido Demócrata que una candidatura conjunta Obama- Hillary sería la mejor forma de cerrar las filas del Partido Demócrata y superar toda la mala sangre creada por cinco meses de reñidas primarias. El ex presidente también estaría insistiendo en que incluir a la ex primera dama en el ticket presidencial de este año sería la mejor forma para volver la carga en el 2012 o incluso el 2016. De no lograr subirse al tren electoral de Obama, el retorno de Hillary Clinton a su escaño en el Senado se presenta bastante complicado. Ya que en los esquemas de poder de la Cámara Alta basados en la veteranía, ella realmente ocupa el número 36 entre 49 demócratas sin derecho todavía a presidir sobre comités relevantes. Con el agravante de que una mayoría de sus correligionarios en la colina del Capitolio se han decantado a favor de Barack Obama dentro de una pelea intrafamiliar que ha resultado mucho más larga, pública e intensa de lo habitual. Veteranos del Senado insisten en que después de la vertiginosa experiencia de una candidatura presidencial no es nada fácil retornar a la vida parlamentaria donde el estatus y el poder se obtienen a través de años o décadas de trabajo. Además, la opción de convertirse en la portavoz de su partido en la Cámara Alta parece también remota con la consolidación del actual equipo liderado por Harry Reid, senador demócrata por Nevada. En las páginas del Washington Post antes de ser diagnosticado con un maligno tumor cerebral pero aprovechando su experiencia de haber retado hasta el final a Jimmy Carter, Edward Kennedy ha ofrecido el siguiente consejo: Yo amaba el Senado antes de aspirar a presidente y tras perder creo que me convertí en un mejor senador, con mayor claridad y atención. Pero todo depende de la actitud, de la mente de cada persona. Hillary tiene gran capacidad pero la clave es saber lo que se quiere hacer con la experiencia Es el símbolo de la lucha por la democracia después de ganar las elecciones celebradas en 1990 Limitadas posibilidades Partidarios de la Liga para la Democracia con retratos de Suu Kyi AFP En Estados Unidos no resulta fácil retornar a la vida parlamentaria tras un vertiginoso pulso presidencial