Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 28- -5- -2008 Un juez de Gerona abre una investigación contra otra red de clínicas abortistas ¿A QUÉ ESPERA RAJOY? 15 El hermano de Juan Costa, número dos de Camps, reiteró que el Partido Popular valenciano apoya a Mariano Rajoy El presidente nacional dispone actualmente de 2.100 avales de los compromisarios, cuando sólo necesitaría 600 para presentarse Si quiere sobrevivir al asedio al que está siendo sometido, la receta no es seguir resistiendo, sino romper cuanto antes el sitio y salir a campo abierto Esto, repito, si nos acogemos a una interpretación muy benévola de las causas que provocaron aquellas turbulencias, porque un observador relativamente distanciado de las miserias que asolaron al PP en aquellos años podría llegar a la misma conclusión que, hace pocos días, expresaba el secretario de Organización del PSOE: Rajoy está probando ahora su propia medicina Ahora bien, el envés de esa interpretación benévola de la historia contiene una denuncia: evoca la pusilanimidad de un dirigente timorato, más inclinado a aguantar el chaparrón, y esperar a que escampe, que a empuñar el paraguas y caminar sobre las aguas en busca de zonas menos encharcadas de la política nacional. Con todo, concedamos: esos fueron tiempos de resistencia para una dirección cuya prioridad habría sido mantener prietas la filas del partido, costara lo que costara, hasta la siguiente convocatoria electoral. La tentación es mantener esa actitud hasta el congreso del PP de finales de junio. Quedan poco más de tres semanas. Pero ese es mucho tiempo con la está cayendo. Si Rajoy quiere sobrevivir al asedio al que está siendo sometido, la receta no es seguir resistiendo, sino romper cuanto antes el sitio y ganar el campo abierto con un proyecto político preciso y una alineación atractiva. Sin esperar a Valencia; mientras sus adversarios disparan mucho, pero con fuego disperso, y se muestran incapaces de cooptar a un capitán capaz de mandar a huestes tan dispares. Unos días más, y podría ser tarde. Eduardo San Martín José María Michavila, que ha decidido reanudar sus actividades privadas, y Ana Mato, que mantiene un escrupuloso silencio desde las elecciones y cuyo nombre se ha llegado a barajar para asumir la secretaría general del PP. Callado se mantuvo también Gabriel Elorriaga, que tras sus críticas a Rajoy en la prensa volvió no sólo a ocupar su escaño sino, también, a encargarse de sus tareas en la sede nacional como uno de los vicepresidentes de la comisión organizadora del cónclave. Nadie le va a pedir en Génova que dimita de sus cargos, según ha podido saber ABC, por entender que sería abrir otra brecha en el precario equilibrio en que se mueven Rajoy y los suyos, un estrecho grupo de colaboradores que levantan reticencias entre no pocos dirigentes y diputados del partido. En todo caso, la impresión de que Rajoy se ha escondido en su torre de cristal es vehementemente rechazada por un miembro de su equipo, que asegura que mantiene amplios contactos con muchos sectores sociales, hasta el punto de que podría incluir en su lista al comité ejecutivo a representantes de la sociedad civil. Seguir en sus cargos DANIEL G. LÓPEZ de debilidad inicial. Precisamente, la organización juvenil del PP, Nuevas Generaciones, ha presentado una enmienda al texto de Estatutos por la que exige que se rebaje del 20 al 10 por ciento el porcentaje de avales con el que presentar listas. Sin embargo, cabe destacar que la actual exigencia de un 20 por ciento de avales no ha sido óbice para que en los congre- sos regionales del PP catalán y del PP balear se haya anunciado ya más de una candidatura. El que fuera coordinador del programa electoral del PP para las pasadas elecciones generales no quiso aclarar ayer sus pretensiones. Incluso para evitar el contacto con la prensa se atrincheró en el escaño una vez terminada la votación del pleno. Junto a él se quedaron encer no es resistir. O no sólo. Numancia ha pasado a la historia como un monumento a la insumisión de los pocos contra los muchos, de los débiles contra los poderosos. Pero, ¿quién se acuerda de quiénes eran los jefes vaceos y arevacos que detuvieron durante meses el avance victorioso de las huestes romanas comandadas por el verdugo de Cartago? Aquella fue una batalla desigual, un asedio despiadado, pero sólo el nombre de Publio Escipión ha prevalecido en la memoria de los libros. Mariano Rajoy es un resistente, y la tarea a la que se ha encomendado adquiere tintes más heroicos cada día que amanece. Pero ¿es un vencedor? Los tiempos de resistencia han pasado para el presidente del Partido Popular y el equipo de dirección congregado en torno él. Esos tiempos pudieron ser, juzgándolos con no poca generosidad, los años turbios en los que, heredero de una derrota que no era suya (la del 14 de marzo de 2004) y de un grupo de dirigentes anclados en otras lealtades, el político gallego habría intentado colocarse al pairo de las tormentas que desataban en todos los frentes imaginables algunos de los representantes más conspicuos de su partido. Y ello a la espera de que llegaran tiempos más propicios. Sin éxito, como se vio. V