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96 DEPORTES Fórmula 1 s Gran Premio de Mónaco LUNES 26 s 5 s 2008 ABC Quentin Tarantino pisó la otra alfombra Armstrong, Raúl, Boris Becker, George Lucas y Brigitte Nielsen se dejaron ver por la pasarela de los yates J. CARLOS CARABIAS MÓNACO. El rumor del aterrizaje de Brad Pitt y Angelina Jolie al puerto de Montecarlo dibujó un estrés suplementario entre reporteros gráficos y cámaras de televisión. Nadie quería perder la instantánea, toda vez que la salsa tomatera del día venía floja por culpa de la lluvia. Mónaco pierde fuerza sin sol. No llegó la pareja de moda y, como siempre, por encima de inclemencias, artistas y otros soles, emergió potente Elizabetha, la auténtica reina del paddock Elisabetta Gregoraci es la pareja de Flavio Briatore, una radiante mujer que tiene un imán para los objetivos. Sus paseos del yate al campamento Renault y vuelta al yate fueron suplementos vitamínicos durante la jornada. Mónaco representa la exuberancia de todo. El pasado viernes, en la fiesta del Amber Lounge, el indio Vijay Mallya se rascó el bolsillo en una subasta: pagó 226.000 euros por un piano de Elton John. Y Kimi Raikkonen aflojó 200.000 euros por un Chevrolet de Sharon Stone. Y así sucesivamente en saraos por los que alguno a se dejaría cortar un brazo. Y que en realidad son caprichos de millonarios. El punto neurálgico del glamour monegasco siempre se concentra en torno a la agenda de Red Bull. Hay una carrera en la pista y otra en el puerto. Por Red Bull se dejó caer Lance Armstrong, el siete veces ganador del Tour, y su nueva novia, la actriz Kate Hudson, invitados ambos por su amigo Mark Webber. Unidos por el lazo de Cannes, aparecieron ayer los directores de cine Quentin Tarantino- -de negro, of course- -y George Lucas. También huésped de Webber, se dio un paseo un ganador de la Liga de Campeones, el defensa del Manchester Michael Carrick, que saludó efusivo a Bernie Ecclestone, propietario del Queens Park Rangers. Recinto para futbolistas: el capitán del Madrid Raúl y César, su ex compañero ahora en el Zaragoza. En volandas de su exuberante anatomía surgió Brigitte Nielsen, aquella actriz novia de Stallone, cuadrada y musculosa como él. A los habituales Naomi Campbell y Boris Becker, se unió esta vez otro deportista famoso, el vigente campeón mundial de moto GP Casey Stoner. Un rapero de éxito, Puff Daddy, inundó el mundo británico de McLaren junto a la cantante Nicole Scherzinger, que no se separó del brazo de papá Hamilton. Los pilotos Ari Vatanen y Sebastien Loeb completaron la colección de celebridades que pisaron la otra alfombra roja. Elisabetta Gregoraci, la novia de Flavio Briatore, es la reina del paddock sean cuales sean las otras estrellas PASE VIP Luis del Olmo Periodista director de Protagonistas Casey Stoner, campeón del Mundo de MotoGP, con su esposa EPA LA MAGIA DE LA FÓRMULA 1 ara que un deporte- espectáculo tenga una gran repercusión social hace falta un liderazgo: el fútbol (y aquí los nombres propios son muy numerosos desde hace casi un siglo) el tenis (Manolo Santana) el motociclismo (Ángel Nieto) el golf (Seve Ballesteros) el ciclismo (Miguel Induráin) el baloncesto (Pau Gasol) y, sin duda, la Fórmula 1, en que la figura de Fernando Alonso establece, P en España, un antes y un después. No es un asunto exclusivo de los estadios o las canchas o los velódromos, porque también existieron figuras que revolucionaron la sensibilidad colectiva en la tauromaquia, en la literatura y hasta en las finanzas. Algo ha ocurrido en España en la última década desde que Fernando Alonso llegó a la Fórmula 1, que es una categoría de lujo en todo el planeta: un club de apenas treinta miembros y de centenares de millones de seguidores. Aquel chavalín asturiano que, con siete años, ganó su primer título regional con un kart construído por su padre, hoy comparte portadas en los periódicos más influyentes del mundo al lado de Bill Gates o de George W. Bush o de Bob Dylan. La marea azul o la alonsomanía es un fenómeno sociológico digno de estudio, y que ha llevado al españolito del coche utilitario a convertirse en un experto en las estrategias del repostaje o en los cronómetros de los entrenamientos que determinan el orden de salida en la carrera... Al personal le gustan mucho los coches, y a algunos hasta los automóviles de época como esos brillantes y mágicos supervivientes que cada primavera recorren la piel de toro en el rally de Protagonistas Pero al lado de los pioneros, que son la historia viva de de un sistema de transporte y de una sociedad, ahora estamos ante la vanguardia cambiante de los aparatos de Fórmula 1, cuya perfección determina, a juicio de algunos, el éxito y el podio de un piloto, según la escudería en la que milite. Otros pensamos que, aún con la gran importancia de los avances tecnológicos y de la potencia y de la buena condición aerodinámica, sigue siendo el hombre el verdadero factor determinante del éxito o del fracaso en el gran circo de la Fórmula 1. Los grandes campeones, como Fernando Alonso, no se improvisan: son el fruto de un largo y hondo esfuerzo que no se termina cuando se ganan dos campeonatos del mundo, sino que sigue cada día. Todo el glamour de la Fórmula 1 y las cifras multimillonarias que mueve se asientan sobre los músculos, los reflejos, la pericia, la astucia, el coraje y el corazón de los pilotos. Unos pilotos que, a su vez, son la punta del iceberg de un gran equipo en el que hasta el responsable del último tornillo tiene madera de campeón. Es algo mágico.