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ABC LUNES 26- -5- -2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 79 sistencia ante la desagradable realidad. Su mirada, su evolución intelectual y el traqueteo en su periplo vital son el reflejo, en todo caso, de la convulsa historia española de la época que le tocó vivir. En definitiva, los artículos de esta antología Maneras de ser español que toma el título de un texto del propio Camba, son algo así como un escaparate de lo mejor de su obra, con el valor fundamental de recuperar sus tempranas y especiadas crónicas parlamentarias, nunca antes recogidas en un libro. Divididos en capítulos temáticos, sus títulos (Ser español, España al por mayor, España al por menor, España plural, Las dos Españas, La cocina española, La España culta, El periodismo español) reflejan bien a las claras los tipos de estas maneras de ser español. La inteligencia de Julio Camba está de actualidad. España aún siente hormigueos recurrentes en la cicatriz por donde se partiera en dos; los ciudadanos aún asumen deportivamente el ímpetu de saltarse a la torera las normas y las leyes pero el humor nos salva y un valor en alza, la gastronomía (por más que hoy mismo Santi Santamaría comparezca en su reyerta contra Ferrán Adriá) Hoy como entonces, nada mejor que leerle. CLÁSICA Ibermúsica Obras de Schubert y Debussy. Intérprete: Radu Lupu, piano. Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. Luz concentrada ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Es difícil entender la música de Franz Schubert desde un único punto de vista. Hay muchas y dispares versiones que así lo explican sin que sea fácil decantarse por una de ellas. Desde luego la que ofrece, la que siempre ha defendido, el pianista Radu Lupu es impecable. Su último recital para Ibermúsica ha vuelto a confirmarlo. Eso, y el pianismo exquisito, refinado, tranquilo, poético y profundo que transmite. Y no es fácil, porque, efectivamente, el piano de Schubert, y en concreto su Sonata, D. 850 es reducto de mundos disímiles, trascendentes como los que se desgranan en el segundo movimiento o de perfil humilde como los que asoman en el último. Ahí es, sobre todo, donde Radu Lupu encuentra la medida, pues es entonces cuando la música es capaz de flotar, para acabar muriendo casi sin sustancia, como si nada hubiera sucedido. EFE Y Abbado dirigió en Berlín al aire libre... La Orquesta Firmalómica de Berlín, bajo la dirección de Claudio Abbado, y con el pianista Maurizio Pollini, ofreció el sábado un único concierto- -estaban previstos tres- -en el escenario de Waldbuehne en Berlín, después que un incendio arrasara la semana pasada el emblemático edificio de la Filarmónica. El recital de Radu Lupu fue un momento de intensa concentración que, como tal, supieron vivirlo todos los oyentes de Ibermúsica. Estuvieron alertados, quizá, ante las toses, por un estupendo anuncio, importado de Berlín, que se reprodujo en la contraportada del programa de mano. Pero también, y sobre todo, ensimismados ante un pianista sin alardes decorativos, que apenas mueve un músculo innecesario, tranquilo, y meticuloso hasta el punto de elegir una estupenda y concentrada luz antes que la iluminación general que habitualmente se emplea en el Auditorio. Todo para quien es capaz de soberbios malabarismos tímbricos. El Scherzo de la sonata de Schubert lo demostró y, aún, los preludios del primer cuaderno compuestos por Claude Debussy. Fue entonces donde todo se sublimó. En forma de sutiles retratos en miniatura capaz de evocar imágenes irreales. Sonidos suspendidos, a veces inquietantes como en Le vent dans la plaine en otros casos de estricto malabarismo como en La dance de Punck sin duda cargados de tensión como sucedió ante una de las cumbres de la colección, La cathedrale engloutie momento único, denso, saboreado, capaz de aglutinar entre sus notas a todo un auditorio.