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78 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 26 s 5 s 2008 ABC CLÁSICA XIV Ciclo de Lied Obras de R. Schumann, C. Schumann, F. Mendelssohn, A. Berg, A. von Zemlinsky, R. Strauss. Int. D. Damrau (soprano) S. Matthias Lademann (piano) Lugar: Teatro de la Zarzuela. Madrid. Ser español, según Camba Ediciones Luca de Tena reúne en un volumen los artículos del escritor gallego relacionados con la compleja arquitectura del carácter hispano. Desde la política- -un rabioso anarquismo inicial- -a la gastronomía, en nuestras contradicciones nos define POR JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. Julio Camba está de actualidad, ahora especialmente porque sus mejores artículos vuelven a editarse en el cuidado volumen Maneras de ser español (Luca de Tena) También lo está- -ahora y siempre- -porque leyendo estos textos suyos que hablan de política, cultura y periodismo; de la gastronomía y del extranjero, desde principios del siglo XX, vemos perfectamente retratados no sólo nuestro carácter, sino también nuestra España actual, la de principios del XXI: un lugar proclive a las broncas políticas que llenan las aceras de acérrimos vociferantes; un país con el envite de un referéndum ilegal (por no hablar del Chikilicuatre... Para Camba, ser español es más una cuestión de temperamento, una mezcla bárbara de buenas y malas cualidades. ¡Qué no vayamos a perderlas en el ajetreo de una europeización atropellada! según cita la estudiosa Almudena Revilla Guijarro en su introducción. Claro que entre las cualidades, a saber si malas o buenas, Camba también contaba la de que existen españoles impermeables a la europeización, algo que pudo documentar y que pervive entre nosotros. El impulso para poner en marcha esta edición fue de Ignacio Ruiz Quintano, relata Almudena Revilla, que tenía muy clara la necesidad de reunir algunas de las reflexiones de Camba sobre el ser español, entre las que destacan crónicas parlamentarias que anteceden a las de Wenceslao Fernández- Flórez, mucho más reconocidas, pero entre las que también abundan las disquisiciones sobre las dos Españas, o las que abordan asuntos culturales o culinarios. Al final, cuando uno acaba el libro la idea que permanece es que ser español es un cúmulo de contradicciones Camba está de actualidad, porque sus inicios anarquistas, de los que abjurará, no son tan conocidos. El libro recoge un texto panegírico de Angiolillo, el asesino de Cánovas, de 1904, publicado en El Rebelde Por aquellos años, el joven periodista es un ácrata melenudo que iba a los cafés para ver si alguien le invitaba a un bistec, un anarquista de café como lo retrata Cansinos. Almudena Revilla recuerda también que es llamado a declarar en relación con el atentado a Alfonso XIII, porque fue de los últimos que vio con vida a Mateo Morral Poco después, y aún muy joven, en las tertulias traba amistad y respeto con Galdós, quien facilita su ingreso en España Nueva que fue el soporte de sus ácidas crónicas parlamentarias, algunas casi salvajes. Allí publica durante apenas dos meses y luego parte al extranjero como corresponsal. Más adelante verá sus crónicas censuradas, como las que aparecieron en un volumen anterior de la misma editorial, Haciendo de República Poco a poco la vida va moldeando su fina sensibilidad, con ribetes de una misantropía propia de alguien que decidió ser un espectador. En esa postura de Camba ante el mundo, Almudena Revilla cimenta una ironía, una distancia con las gentes y las cosas de la que el escritor hará bandera desde los años cuarenta, cuando vivía en su habitación del Palace: Me han contado con detalle cómo, en los cincuenta, acudía a Lhardy, se sentaba en una banqueta y pasaba las horas observando a todo el que entraba, y viendo si, de paso, caía algún caldito Aun así, todos sus amigos, desde González- Ruano- -su Tercera en homenaje a Camba ya muerto se incluye en el frontispicio del libro- -a Sainz Rodríguez dejaron testimonio de su inteligencia tanto como de su trato difícil. La estudiosa Almudena Revilla también subraya que en esta época final, desde los cuarenta hasta su muerte en 1962, casi todos sus artículos se fueron convirtiendo en refritos de otros textos anteriores, a los que Camba iba dando salida en una impostura que, a la postre, también era una muestra de re- Filigrana y oropel ANDRÉS IBÁÑEZ Diana Damrau compone en escena una imagen hipnótica. Su vestido de esta noche casi, casi parece un disfraz, el costume de alguna princesa operística. Sobre sus hombros rosados y desnudos, un chal de rojo vibrante que juguetea incansable. Damrau sonríe, se alía con el pianista, se pierde en el éxtasis, es irónica, traviesa, se ríe e incluso hace un pase de flamenco. Parece poseída por una energía y una alegría incontenibles. Se llevó al público de calle. Claro está que Diana Damrau es una cantante excepcional. Su voz de lírico ligera tiene una enorme belleza, una claridad purísima, aunque es probable que la joven alemana explote más de lo deseable su capacidad para los matices, y juegue en exceso con esos pianos o pianísimos que producen apenas un hilo de sonido que consigue llegar, a pesar de todo, hasta los últimos rincones de la sala. Canta Damrau con una riqueza expresiva, con una variedad de colores y de matices, con una sutileza, en fin, que quitan el aliento, pero su alto virtuosismo corre el peligro de la filigrana y del oropel. Escuchamos a veces su voz no por encima del piano, sino como por debajo, como sumergida bajo la corriente del teclado, como en esas sonatas de Mozart en las que el violín es en realidad una voz acompañante. Un maravilloso trabajo de orfebrería vocal que tiene, sin embargo, un cierto elemento de cálculo, un exceso de premeditación hasta en los momentos de clímax. En lieder como Querida golondrina de Zemlinsky, el virtuosismo del maravilloso pianista Stephan Matthias Lademann unido al de la soprano alcanzaban unas cotas de fantasía auditiva realmente deslumbrantes. Parece que Damrau sólo puede alcanzar la total espontaneidad en la coloratura más virtuosista. Una palabra más para Lademann, un pianista formidable que exponía con destreza contagiosa las maravillas de la escritura pianística de Clara Schumann y lograba un legato sobrenatural con el pedal derecho de su Steinway en un Morgen que dejó a toda la sala en silencio. Ironía, misantropía Al final, cuando se acaba el libro, la idea que permanece es que ser español es un cúmulo de contradicciones Como espectador del mundo, así vivió Julio Camba ABC