Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
96 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos DOMINGO 25- -5- -2008 ABC Como un director de orquesta, María Elena Diardes trata de sacar lo mejor que los presos llevan dentro: Si asumen la responsabilidad de la obra, podrán con la de la vida La fuga de la prisión es puro teatro El grupo de teatro Ícaro formado por reclusos de Ocaña II, actuó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y permite a los presos sentir sobre el escenario el verdadero valor de la libertad, porque cuando actuamos, nos olvidamos de la cárcel POR VANESSA JOB VALLE FOTOS: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Un patio amurallado por ladrillos y alambres de púas. Ahí se desarrolla parte de esta historia, en donde 13 presos sueñan con huir de la prisión de Ocaña II (Toledo) Con plumas de aves y cera desean construir unas alas de Ícaro que los lleven lejos de la cárcel. Con la fuga no buscan cometer ninguna fechoría, tan sólo anhelan libertad, huir de la rutina y del encierro de la mente y espíritu. Temen a ese patio de ocio en donde riñen y enloquecen. Saben que no son ángeles que cayeron accidentalmente del cielo, hacia la cárcel. Así lo dice Cakke, quien fuera de la prisión se llama Alberto. Él es el preso poeta que junto con otros internos encontraron la forma de salir volando de la prisión sin que sus alas se derritan al sol. Una vez ya escaparon. Lo lograron mediante el grupo de teatro Ícaro, creado por un convenio entre la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de CastillaLa Mancha. Ahora con una estética de cómic, ensayan la obra de Jardiel Poncela: Los ladrones somos gente honrada ¡Lo han demostrado! Cuando en el centro penitenciario empezaron los ensayos de su primera obra Quedan las palabras que narra 7 cuentos populares, no creyeron que podrían salir de gira, pero el lunes 12 de mayo dejaron sus celdas para subir a las tablas del Círculo de Bellas Artes. Estaban tensos. Cakke cuenta que se sentían como niños que van a presentarse ante sus familiares. Esperaban el aplauso, pero más que nada anhelaban el reconocimiento de sus esposas, hijos, amigos, padres. La semana anterior a la presentación ensayaron más de 30 horas. Los coordinadores del taller consiguieron un permiso especial para que José, Manuel, Massimo y Adil les ayudaran a transportar el equipo, el vestuario y todo lo necesario para la función. Les concedieron un permiso de autogobierno, es decir que si estaban acompañados de sus profesores podían estar fuera por un día. Acomodaron el equipo y dos de ellos tuvieron que salir a la calle junto a María Elena, la directora de la compañía, a comprar algunas cosas. De Alcalá anduvieron hasta la Puerta del Sol. José, Manuel y María Elena estaban en silencio. Los tres abrazados. Los ojos de Manuel se llenaron de lágrimas. No creía que estaba caminando por Madrid. Sus compañeros, en cambio salieron en medio de un operativo policial que los intimidaba y ofendía. Cada uno con las manos esposadas y guardias custodiándolos como presos de alta peligrosidad, que no son. Se sentían agredidos, pero Luis, dramaturgo del taller, sabe que los guardias lo único que hacían era cumplir con su trabajo. Les hubiera gustado que los guardias entendieran que en ese momento antes que reos, eran artistas. Los policías se impresionaron al ver tanta delincuencia junta bromeaban los presos. Bocanada de aire La atípica compañía de teatro viajó durante una hora de Mártires de Ocaña hasta Madrid. Los furgones donde los transportaron son sumamente pequeños. En cada espacio colocan a dos de los reos en un metro cuadrado. Ellos lo llaman cangrejos y en el interior hay una ventanita Si no se portan bien, la función se cancela y los devuelvo a la cárcel les dijo el comandante a cargo del operativo La función le impactó tanto, que al final decidió permitirles prolongar veinte minutos la celebración con sus familias tan angosta que se marean. Para ellos es duro salir en estas condiciones. Ese día, iban en busca de una bocanada de aire, como quien está sumergido bajo el agua y, ante la inminente asfixia, lucha por salir a la superficie. Algunos de ellos nunca habían estado en la ciudad. Ese era el caso de Wilson, un brasileño que en su país tenía un coche y un trabajo, al que un día le propusieron servir de mula: uno de esos correos humanos que alquilan su vientre para transportar droga a cambio de dinero. Le ofrecieron 5.000 euros. Conocía a gente que lo había hecho sin problema. Creyó fácil tragar 100 cápsulas de cocaína, traerlas a España y volver a Brasil a comprar su casa. Lo atraparon en el aeropuerto y cumple 7 años de condena. La función de Quedan las palabras debía comenzar a las 7 de la tarde, pero en algún instante los integrantes de Ícaro creyeron que no lo lograrían. La presencia de los 40 policías que los vigilaban les dificultabael trabajo tras bambalinas. A su llegada al teatro el comandante a cargo de la operación los amenazó: Si no se portan bien, la función se cancela y los devuelvo a la cárcel La con-