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10 OPINIÓN DOMINGO 25 s 5 s 2008 ABC AD LIBITUM LA TOALLA DE RAJOY OS enseñó Federico Martín Bahamontes, y el DRAE lo tiene admitido, que la pájara, un bajón físico súbito, es el gran enemigo de los ciclistas. En consecuencia, cabría suponer que Mariano Rajoy, apasionado del deporte del pedaleo, ahora que trata de ascender el Puy- de- Dôme del XVI Congreso del PP, podría necesitar mucha glucosa para evitar la pájara; pero el gallego, en lo que se refiere a sus modismos expresivos, ha cambiado de deporte e, instalado en el pugilismo, anuncia que no tirará la toalla. En la medida en que el lenguaje sea el mejor síntoma de nuestro ániM. MARTÍN mo, que lo es, Rajoy ha paFERRAND sado al ataque. El problema es que, a falta de antagonista que le dispute la presidencia en el Congreso de Valencia, algo imposible con el presente reglamento competitivo del PP, sólo puede hacer guantes y enfrentarse a su propia sombra. No es, desde luego, un gallo o un ligero de la política, pero tampoco llega a la rotunda categoría de los pesados. Andará por los welter, el centro de la tabla de los pesos en el deporte del marqués de Queensberry. ¿Cómo serán los calzones de Rajoy? Imaginar al líder popular subido en el ring, enmarcado por las doce cuerdas y dando brincos sobre la lona es un hermoso ejercicio de fantasía. ¿Quién le guardará el rincón y sostendrá, bien asida, la toalla que no quiere tirar? Los calzones, supongo, con la gaviota bordada en la pernera, le llegarán hasta el cuello para que todos los golpes de sus imposibles y o anulados competidores resulten bajos. Lo ha dicho bien claro: Si alguien quiere presentarse, puede hacerlo, faltaría más No es decir nada con el reglamento al uso, pero queda bien en los telediarios. Lo único que, de verdad, inquieta a nuestros campeones. En lo que no le falta razón al ciclista reconvertido en boxeador es en que sus adversarios, más que pretender la victoria en el combate, no quieren que llegue a subir al cuadrilátero. Eso es patológico. Deportivamente inadmisible y políticamente suicida. Incluso los que, después de gritar en la calle Génova de Madrid- -doscientos oyentes de la Cope- rumorean que Juan Costa entrena para enfrentarse al defensor del título popular, lo hacen en voz baja. Costa es, solo, una proyección distorsionada del pluriempleado Rodrigo Rato. La experiencia nos demuestra que los líderes delegados, teledirigidos por uno de mayor autoridad y rango, no funcionan. Rajoy arrastra los defectos que le imprimió José María Aznar cuando quiso perpetuarle, sin éxito, como la marioneta de su continuidad y Costa, si es que existe, no puede pasarse la vida, ya que estamos en boxeo, como Kid Tarao, el personaje de Tony Leblanc que saltaba continuamente de la Casa de Campo al gimnasio, de la empresa privada a la representación y el liderazgo políticos. Para esos combates Rajoy no necesita toalla. N -Cuando somos cuestionados por parte de nuestro partido y por votantes nuestros, pensemos que algo deben de estar haciendo mal ellos. PROVERBIOS MORALES DECIBELIOS NVITADO por la Facultad de Teología San Dámaso participo en un coloquio sobre Spe Salvi, la última encíclica de Benedicto XVI, junto al obispo auxiliar de Madrid, monseñor Martínez Camino (mi tocayo) Él habla de la esperanza cristiana, y yo de cómo entendemos la esperanza los judíos. El diálogo es amistoso y fluido. Hay diferencias y semejanzas, como es lógico, y salgo convencido de que hemos hablado ambos con suficiente claridad. Por la noche, alguien me avisa de que en la página cultural de Cope han colgado una ininteligible reseña del acto. La localizo y, en efecto, me encuentro con un galimatías del que lo único que consigo sacar en claro es que me referí a la política expansionista de Israel Aturdido, compruebo que el tipo que aparece en la fotografía que ilustra el texto soy yo, y no Anxo Quintana. Rebobino y recuerdo que, en efecto, he utilizado una vez la palabra expansionista Hablaba de la desconfianza del judaísmo contemporáneo hacia los mesianismos y de la centralidad en aquél de la observancia de la Ley- -de la ortopraxia- frente a la prioridad de la expectativa mesiániJON ca en el judaísmo antiguo. En este conJUARISTI texto, me referí al neo- mesianismo de una extrema derecha minoritaria que, en Israel, aboga por una política expansionista que no es, evidentemente, la del Estado. Incluso llegué a afirmar que, para Israel, una política como la preconizada por estos pequeños grupos radicales sería sencillamente suicida. Nada que diera para un titular, como se ve. Una vez superada la inicial depresión, se me ocurren hipótesis como que los periodistas van a las conferencias y coloquios con ideas previas sobre lo que se va a decir y que, por tanto, no escuchan lo que verdaderamente se dice. La descarto por optimista: los periodistas con ideas, previas o no, abundan tanto como los osos panda y no los mandan a cubrir coloquios de obispos y judíos. Otra hipótesis más probable, pero de se- I gundo grado, es que, dado que los periodistas que cubren estos actos más bien marginales suelen ser el desecho bisoño de tienta que queda remoloneando por la redacción cuando el resto de la ganadería se ha ido con Chikilicuatre, no cabe pretender que se hayan desprendido aún de los clisés mentales adquiridos en la facultad (el imperialismo yanqui, el expansionismo israelí, la misoginia eclesial o el calentamiento del planeta) Angelitos de éstos se cuelan en todas partes y, para cuando espabilan, ya han hecho unas cuantas averías. Sin embargo, todas las conjeturas sobran. Lo que pasa es que, esta temporada, se lleva el barullo, afirmación que en sí misma parece tan tonta como decir que esta temporada se llevan las bragas. Pero no es tan simple, porque lo nuevo de esta temporada es que se lleva el estrépito al cubo y las bragas en la mano, que es la cosa fina española que hemos exportado al festival de Eurovisión y al Instituto Cervantes de Belgrado. Política cultural exterior y expansionismo lingüístico de altura. A España se le ha hinchado la variz gritona y hortera, y mira qué bien, igual me viene estupendamente para una cura de humildad, porque yo abrí el Cervantes en Belgrado para que se conociera allí la poesía oracular de César Antonio Molina, y la filosofía posmoderna de Suso de Toro, y además creía que todos los asistentes al coloquio con el obispo Martínez Camino estaban ansiosos de saber lo que los judíos esperan o dejan de esperar, pero, según parece, había entre ellos alguien, pongamos que un periodista, con las neuronas despellejadas por exposición prolongada al chikichiki, ritmo que ha contribuido decisivamente a que los serbios se olviden del disgustillo de Kosovo. Un amigo catedrático y católico, con el que a menudo discuto del popular asunto de los Novísimos del Hombre, sostiene y argumenta de modo muy convincente que en el Infierno no hay fuego, sino música- disco y un ruido de mil demonios. Una especie de solución de compromiso entre Belgrado y Génova (trece) donde no se para de bailar el crusaíto.