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ABC SÁBADO 24 s 5 s 2008 INTERNACIONAL 39 Nadie sabe realmente lo que está ocurriendo en el genocidio de Darfur Daoud Hari s Escritor y activista sudanés pro Derechos Humanos pa Benedicto XVI, permitieron su liberación. Su historia, la de su pueblo, se encuentra ahora en El Traductor (Urano) una obra que pretende remover las conciencias de todos aquellos para los que este conflicto apenas es una ilusión. Hari disfruta ahora de una segunda oportunidad en Estados Unidos, donde dice vivir con los mismos problemas que cualquier otro ciudadano. Sin embargo, confía en volver algún día a su tierra, algo que por el momento considera imposible. Las cicatrices que se retuercen en las sienes de Hari en forma de exclamación, realizadas por su abuela cuando era sólo un niño, son el símbolo del conflicto poblacional que sufre Darfur. Hari es zaghawa y por el simple hecho de pertenecer a esta etnia ha perdido a varios miembros de su familia en un conflicto que muchos se resisten a calificar de genocidio. Para Hari, el Gobierno sudanés es uno de los máximo responsable del enquistamiento de la guerra, al financiar a los janjaweed guerrilleros nómadas que combaten contra grupos rebeldes como el Ejército de Liberación de Sudán o el Movimiento Justicia e Igualdad Fueron precisamente estas milicias las que acabaron con la vida de su hermano- -una de los más de 400.000 personas que han fallecido desde que se iniciara el conflicto- un recuerdo demasiado reciente y doloroso aunque vivo cada día en sus sueños. Por esta razón, se resiste a que los organismos internacionales se olviden Darfur, un lugar del que dice nadie sabe realmente lo que está ocurriendo en este genocidio Sin embargo, reconoce lo complicado de informar sobre un régimen que no ofrece demasiadas facilidades Pero Hari, pese a las fatalidades que ha sufrido en su vida, nunca pierde el optimismo, porque como recuerda: Si Dios te rompe una pierna, por lo menos te enseñará a cojear La Policía surafricana detiene a dos personas tras los últimos disturbios en Ciudad del Cabo AFP La ola xenófoba en Suráfrica llega hasta Ciudad del Cabo Cientos de comercios y viviendas de extranjeros, especialmente somalíes y zimbabuenses, han sido incendiados PAULA ROSAS CORRESPONSAL EL CAIRO. La marea de violencia xenófoba que vive Suráfrica ha desbordado las inmediaciones de Johannesburgo, donde se iniciaron los disturbios hace dos semanas, y afecta ya a la segunda metrópoli del país, Ciudad del Cabo. Escenas de palizas, saqueos y de hombres portando machetes y armas de fuego han vuelto a sucederse en el principal centro turístico del país. Allí, cientos de viviendas y comercios regentados por extranjeros, especialmente somalíes y zimbabuenses, han sido incendiados por masas de incontrolados, que han causado ya la primera víctima mortal en Ciudad del Cabo. Es el caso de un somalí que fue atropellado ayer mientras escapaba de los ataques, que se suma a los más de 40 muertos que los disturbios han dejado ya en todo país. Unas 500 personas han sido detenidas, según informó la agencia Reuters. Lo que comenzó como ataques aislados en los barrios más pobres de las afueras de Johannesburgo se ha convertido ya en una crisis humana generalizada en todo el país, donde empiezan ya a aparecer las grandes cifras. Cifras de desplazados por el conflicto, entre 17.000, según la ONU, y 25.000, de acuerdo con los datos ofrecidos por el gobierno de Pretoria. Miles de personas han cruzado además la frontera de vuelta a sus países, donde la falta de recursos para absorber a esta población está produciendo nuevas crisis colaterales. En Mozambique, por ejemplo, el Gobierno se ha visto forzado a declarar el estado de emergencia para poder repatriar a sus nacionales, para lo que ha fletado decenas de autobuses. Se estima que unos 13.000 mozambiqueños han regresado ya a su país. Una protección de la que no disfrutan, sin embargo, muchos otros extranjeros en Suráfrica, que no cuentan con los medios suficientes para huir, ni nadie que le espere de vuelta en sus países, como es el caso de muchos somalíes, zimbabuenses y nigerianos. La ola de violencia llega en un momento bajo para el Gobierno de Thabo Mebeki, que ha sido muy criticado en los últimos meses por sus políticas económicas y ahora es cuestionado por su lentitud para reaccionar ante la crisis. A pesar de que el país ha crecido en los últimos cuatro años a un ritmo medio del cinco por ciento, el Ejecutivo no ha conseguido que esa riqueza se distribuya también entre las clases más desfavorecidas. Éstos resienten además el fuerte aumento del precio de los alimentos básicos, mientras que el paro continúa disparado y alcanza, según cifras no oficiales, el 40 por ciento. Un cóctel muy peligroso que ha incendiado las iras de los violentos contra el colectivo más débil del país, los inmigrantes, a los que acusan de robar el trabajo, los beneficios sociales e incluso las mujeres. Pero el brote xenófobo podría ser sólo el inicio, apuntan algunos analistas, de una crisis aún mayor, que podría dirigirse contra las enormes desigualdades que vive el país. En Suráfrica, el 10 por ciento más pudiente disfruta de la mitad de la riqueza del país, mientras que el 40 por ciento más pobre dispone tan sólo del 7 por ciento. El Gobierno hace oídos sordos a las críticas y ve detrás de los ataques violentos la mano de los seguidores del antiguo gobierno del apartheid, de extrema derecha, que habrían organizado los disturbios para desestabilizar al ejecutivo de Mbeki. Son muchos los corresponsales desplazados al conflicto de Darfur que deben su vida a este combatiente de la palabra. Su historia es también la de uno de los mayores genocidios de la historia EDUARDO S. MOLANO MADRID. Muerte. Una palabra que Daoud Hari ha aprendido a expresar en infinidad de lenguas. Cuando en 2003 estalló la guerra en Darfur, Hari decidió combatir el horror de su pueblo con la única arma que consideraba eficaz: la palabra; y en su papel de traductor de periodistas y organizaciones internacionales ha dedicado los últimos años de su vida a denunciar el genocidio que sufre esta pobre región al oeste de Sudán. Son muchos los corresponsales de medios como The New York Times o la BBC que deben a Hari su vida. Gracias a sus conocimientos de inglés y árabe se convirtió en el perfecto aliado de todo aquel que llegaba a Darfur con deseos de contar una historia. No en vano. la mayor parte de las embajadas de la zona ofrecían su teléfono como un particular seguro de vida para los que se atrevieran a adentrarse en las entrañas de la guerra. Con algunos reporteros como Paul Saloek, periodista ganador del premio Pulitzer en dos ocasiones, incluso compartió cárcel en Sudán. Ambos- -junto con el conductor del vehículo en el que viajaban- -fueron acusados de ser espías. Tan sólo los esfuerzos diplomáticos del Gobierno de Estados Unidos y del Pa- Un conflicto olvidado Emergencia en Mozambique Un somalí, atropellado ayer mientras escapaba de los ataques, eleva a más de 40 el número de fallecidos