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92 VIERNES deESTRENO VIERNES 23 s 5 s 2008 ABC La gente siempre ha huido de las películas difíciles Sidney LumetsDirector de cine Tras varios aplazamientos y cambios de título español, llega hoy a las pantallas la nueva película del veterano Sidney Lumet, Antes que el diablo sepa que has muerto El realizador recibió a ABC en su oficina de Nueva York para hablar del filme. Cate Blanchett y Harrison Ford, en una escena de la película ABC cómo toda esta gente horrible, a su manera, uno tras otro van quedando justificados. -Explicados, quizás. Pero, ¿justificados? Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal EE. UU. 2008 124 minutos Género- -Aventuras Director- -Steven Spielberg Actores- -Harrison Ford, Shia LaBeouf, Cate Blanchett, Karen Allen, John Hurt, Ray Winston Volver o no volver... FEDERICO MARÍN BELLÓN Los niños vienen al mundo con un pan en el sobaco y las secuelas, con una ristra de preguntas, por lo general capciosas: ¿era necesaria? ¿está a la altura de sus antecedentes? ¿aporta algo, además de dinero? Spielberg y Lucas son lo suficientemente listos como para que en ningún caso el público o la crítica les suspendan con un no rotundo y pergeñan justo lo que se esperaba de ellos, el entretenimiento puro, una montaña rusa con el peralte exacto para no despeñar a sus incondicionales, al igual que su héroe solo pierde el sombrero si el guión lo exige, como nuestras actrices la lencería en los setenta. Como es lógico, todo el asunto de la calavera no es más que el MacGuffin de unos tipos que han visto todo el cine que cabe detrás de unas gafas, la excusa con la que envolver este regreso nostálgico y tardío de un prejubilado. Y afortunadamente, cabe añadir. porque a este trío de sesentones (es curioso que Harrison Ford sea el mayor) no les interesan las intrigas davincinianas y su coqueteo con el presunto marciano de Rosswell es menos pretencioso que el teléfono de ET. Estos tíos solo buscan algo tan inocuo como multiplicar el consumo de palomitas en el planeta, aunque ya vendrá alguno que pre- Incondicionales y curiosos pueden ir al cine con la seguridad de que Indy no es un ídolo con pies de barro tenda afearles su contribución al cambio climático, algún anacronismo histórico o cualquier otra mamarrachada. Superada la fase hamletiana, multiplicada por trece calaveras (volver o no volver, esa era la cuestión) incondicionales, curiosos de nuevo cuño y meros partidarios pueden ir al cine con la seguridad de que Indiana Jones no es un ídolo con pies de barro. Sus aventuras pueden ser arqueológicas o no tan lógicas, pero el sentido del ritmo (y del humor) que sabe imprimir Spielberg debería impartirse como asignatura obligatoria en la Escuela Oficial de Qué Grande es el Cine Español. Y luego que cada uno haga la obra maestra que quiera. Ayudado por sus autolimitaciones tecnológicas (todo sea por preservar el buqué del látigo) el maestro vuelve a tirar del manual del perfecto cinéfilo para vestir con la mayor de las elegancias su castillo de naipes. Aquí colaboran todos: Shia LaBeouf demuestra más carisma del que sugería su aniñado aspecto, John Hurt no se viene abajo con un personaje tontorrón y Cate Blanchett se adapta a su disfraz y a su peluca con una disciplina soviética. Y al que no le guste Indy, que se dedique al cine indie, con perdón. Ahora bien, que nadie espere grandes variaciones de una banda sonora que venía de fábrica, tan ajustada al personaje como su vestuario. Al igual que sería ridículo pretender salir del cine tambaleante, con esa sensación de haber asistido a un momento mágico que nos embargó a muchos en los primeros ochenta, sabedores de que nunca se había rodado nada igual. Hasta la forma de esquivar peligros es un continuo déjà vu de cosas que se desmoronan con una justicia poética que, desde luego, no se repiet fuera de la pantalla, sin aplastar nunca a los buenos. El mundo no es así, ya lo sabemos, pero ojalá. ANNA GRAU NUEVA YORK. Se abre una puerta de una oficina en Broadway y aparece Sidney Lumet en vaqueros y gorra de béisbol, una hermosa sonrisa de oreja a oreja y toda la energía del mundo a sus lúcidos ochenta y cuatro años. Se deja entrevistar amablemente mientras acaricia con mano golosa el borrador del guión de su próxima aventura, que se llamará Getting Out Saliendo tó triunfal: no necesitamos hacer cinco películas buenas al año Lo que quería decir es que aquello era una estructura perfecta para sacar dinero, se hiciese lo que se hiciese. Yo creo que los jefes de los estudios han funcionado siempre así. -Hay quien considera Antes que el diablo sepa que has muerto su primera gran película en muchos años, su retorno al nivel de clásicos como Tarde de perros o Network -La verdad es que después de ver sus películas, algunas de ellas durísimas, yo me esperaba que usted fuera alguien con una cara muy grave y sombría... Cuando usted tiene una pinta tremenda de hombre feliz. -Lo soy (gran sonrisa) -No quería presentar razones fáciles para el comportamiento de los personajes; cada uno de ellos es muy complejo. Por ejemplo, yo encuentro muy conmovedor a Andy, el personaje que interpreta Philip Seymour Hoffman, cuando está en el hospital y le pide perdón a su padre. Es entonces tan vulnerable... También lo es su hermano Hank (Ethan Hawke) cuando le dice a su hermano que si quiere matar a la chica del apartamento tendrá que matarle a él primero. Realmente es creíble cuando dice eso. Yo me lo creí. -En los años setenta mucha gente esperaba que las películas fuesen duras, que les plantearan fuertes retos éticos y políticos. ¿Es temerario ahora hacer películas así? -No sé. En general el público siempre ha huido de las películas difíciles, siempre han sido pocos los que han ido contra la corriente de las superproducciones comerciales. Esto ha sido siempre así, en los cincuenta, en los sesenta y en los setenta. Louis B. Mayer, cuando estaba al frente de la Metro- Goldwyn- Mayer, le preguntó a un amigo mío, en un momento en que la Metro hacía doscientas películas al año, cuántas creía él que podían ser buenas películas. Mi amigo dijo: no lo sé, señor Mayer, esa es una pregunta muy difícil Entonces Mayer dijo: ¿cree que puede haber diez buenas? Y mi amigo: de verdad, señor Mayer, esa es una pregunta imposible Y Mayer: ¿cree que puede haber cinco buenas? Y cuando el otro dijo: pues bueno, cinco puede que sí Mayer le contes- -Para mí ha sido una gran sorpresa que esta película guste a tanta gente, porque yo soy consciente de que es una película dura, por momentos desagradable. Salen unos personajes terribles... Se supone que al público le gustan historias más sentimentales, donde sea más fácil identificarse con alguien. Tal vez se identifiquen con estos personajes, pero no van a admitirlo. ¿Por qué eligió contar la historia de Antes que el diablo sepa que has muerto de una manera quebrada y circular? -Yo sentí también una enorme compasión hacia el personaje de Albert Finney al final. Es un hombre que lo ha perdido todo. -Esa es la única gran reacción humana de la película, el único rayo de esperanza. -Es una película muy masculina. Una película de hombres tristes. -Sí, nunca lo había pensado, pero creo que tiene razón. -A veces da la impresión de que narrando así usted persigue también encapsular a los personajes, dificultar la identificación con ellos. Impedir que el espectador conecte demasiado con ninguno. -Así venía contada en el guión. Me pareció una gran idea por dos razones. Primera, porque es un artificio narrativo muy bueno, pues cada vez que se retrocede se avanza en la historia. Además cada vez que volvemos a contar los mismos hechos incorporamos la visión de un personaje más, un nuevo punto de vista. Mostramos la misma cosa filmada de una manera distinta. Creo que es una manera muy imaginativa de contar una historia. -No es solo eso; es que, siendo terrible lo que les sucede a los personajes, cuesta mucho sentir compasión hacia ellos. -Por eso yo pensé que la película gustaría a menos gente, y fui el primer sorprendido por la buena acogida de los críticos y del público... Porque yo sabía que había hecho algo deliberadamente desagradable. Aquí no hay héroes. Más información sobre la película: www. indianajones- lapelicula. es ¿Intentaba usted explorar la banalidad del mal, o incluso de la desgracia? -Sí, no es fácil compadecer ni siquiera al padre (Albert Finney) a pesar de la magnitud de su tragedia. Al final resulta ser un asesino y, además, no le pillan. -Me fascinó esta historia por