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ABC JUEVES 22- -5- -2008 El equipo femenino de hockey puede quedarse sin Juegos por un dudoso dopaje 99 Dos jugadoras habrían dado positivo por éxtasis en el Preolímpico de Azerbaiyán Cristiano Ronaldo y Neville se abrazan tras el fallo definitivo de un Anelka desolado REUTERS CRISTIANO RONALDO LLORÓ SOLO DROGBA, UN LEÓN ENJAULADO EN LA CELEBRACIÓN DEL TÍTULO ENTRE LAS TORRES ROJAS El portugués omnipresente en el mundo de las portadas marcó el gol del Manchester United y jugó un buen partido, pero falló, tembloroso y frágil, el penalti que casi entroniza al Chelsea J. C. C. La parroquia estaba pendiente de ese flequillo meticulosamente desordenado, carrusel de bicicletas y potente tranco de caballo desbocado. Cristiano Ronaldo atrajo la cámara con su imán y, como se anunciaba, tuvo influencia en la final. Muy a su pesar. Hizo el gol del Manchester, pero la historia recordará lo que pasó después. Falló el penalti, piernas temblorosas, la portería demasiado grande, que casi le da el título al Chelsea. La mejor noticia que recibió el portugués fue la estrategia del entrenador israelí del Chelsea. Grant desplazó al forzudo Essien a la banda derecha. Un tipo granítico para taponar a la estrella del apriorismo. Ronaldo se merendó al africano, bicicleta va, bicicleta viene. Su gol reprodujo el canon estético. Plásticos fueron su ingreso en el área y su giro de cuello xxl para desactivar la estirada de Cech. Lo que parecía una sinfonía de Cristiano y el Manchester se convirtió en unas tablas sin discusión. Desapareció la estrella con su equipo y escaló el Chelsea. La prórroga ratificó que el luso tiene pulmones para dar y tomar. Le buscó su tropa, ya con la lengua fuera, para una sentencia que nunca llegó. El delantero tuvo que vérselas con Ferdinand y Vidic en una pelea en la que no siempre tuvo ayuda, por lo que luchó muchos balones de carácter físico y pocos de cierta calidad hasta acabar expulsado J. M. CUÉLLAR A Drogba siempre da miedo verle. Con esa melena mitad de fiero león mitad de fregona que barre todo balón que en el área cae. Siempre presto a meter la zarpa a todo lo redondo que se mueva. Pero ayer lo que daba era pena pues le rodearon los cazadores furtivos del United y le amargaron la noche. Torres más altas que él, más fuertes que él, y más numerosas. Y los suyos no le ayudaron. Abandonado a su suerte sin un pequeño balón que echarse a las fauces, algo con que morder a la zaga del Manchester, pasó desapercibido. Apenas se le vio en toda la primera parte, saltando en busca de los pelotazos que le enviaban, a que se pelease con Ferdinand o Vidic, tipos de armas tomar, que le reventaron la boca primero y le molieron la espalda después. Ni verla pudo pues el huérfano delantero del Chelsea. Hasta el gol de Lampard le pilló fuera del escenario principal. Mejores opciones tuvo en la segunda mitad, cuando su equipo adelantó líneas, y así pudo enganchar un disparo, casi cayendo, para enviarlo al palo. Pero poco más pues siempre estuvo enredado en la maraña de jugadores que el United fue metiendo alrededor de su meta. Y luego la bronca y la roja final.