Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
84 CULTURAyESPECTÁCULOS Festival de Cine de Cannes JUEVES 22 s 5 s 2008 ABC El cine (en) español completamente mudo Ni la argentina Lucrecia Martel ni el catalán Albert Serra hacen pie con su cine fatuo y deshabitado. Ayer se presentaron en Cannes sus películas, La mujer sin cabeza y El cant dels ocells POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. Llegados a estas alturas de festival, creo que se puede ya ensayar una crónica acerca del cine en español, y si nos atenemos al prosaico detalle de quién es el que lo paga, se puede denominar incluso completamente español, sin el mosqueante en En competición, la película La mujer sin cabeza de la argentina Lucrecia Martel, producida por El Deseo, o sea, por Almodóvar, y en la llamada Quincena de los Realizadores, la también argentina Liverpool de Lisandro Alonso, y la del español (con pasaporte marciano) Albert Serra titulada El cant dels ocells ambas producidas por Luis Miñarro, pobre hombre. Las tres, curiosamente, ensartadas no sólo por la procedencia del euro sino también por un peculiar afán: ser el reverso de la expresividad y la contraportada de la elocuencia. Algo así como abrir mucho la boca, mucho, todavía más, para... no soltar prenda. Empecemos por lo importante, es decir, por lo que compite por la Palma, La mujer sin cabeza de Lucrecia Martel, una película tirada literalmente boca abajo: una protagonista en primer plano, unos ambientes en segundo término, algo sin duda importante que decir y una incapacidad expresiva absoluta. Es curioso el progreso de esta directora... el progreso hacia atrás, desde la sugestiva La ciénaga a la posterior y ya sólo sudorosa La niña santa y ahora ésta, La mujer sin cabeza o La mujer rubia como se titulará en España, una película que pretende guardarlo todo en su trastienda y que, aún mirando allí, en esa trastienda, se da uno cuenta de que sólo hay eso vacío, como en el interior de su protagonista, una mujer que, tras atropellar algo con su coche y ni siquiera bajarse a mirar, sufre un proceso de alejamiento de sí misma, de su entorno acomodado y hasta de sus propios sentimientos. La intención de Martel es que la cámara, ensimismada en la misma nada de su personaje, rezume lo Madonna y Sharon Stone asistieron a la proyección del documental I am because we are sobre niños huérfanos del sida en Malawi otro: su cosificación. Da igual que lo consiga o no. No tiene interés tampoco en su segunda lectura. Aún más, y poniéndonos estupendos: que de esa historia individual pretendamos extraer otra colectiva: hay una víctima invisible, un muerto ignorado, algo profundamente trágico en la historia argentina, o de cualquier otro país, y ello produce vacío, sí... Tal y como lo dice (si pretendiera decirlo) Martel, no produce ni el menor contratiempo emocional, porque está impregnado de aburrimiento, de mirada abúlica, de desinterés. ¿Qué emoción va a encontrar ese pedazo de muermo que lleva la película dentro? Y, a pesar de lo dicho, era la más entonada de las tres películas mencionadas arriba. La otra argentina, Liverpool es un ejercicio huero de narración (aún sería más huero si su pretensión fuera no narrar, porque lo hace, pero sin interés) la cámara sigue a un personaje anodino, marinero, pues se baja de un barco, y bebedor, pues le da lingotazos a una botella, en un viaje soporífero hasta su pasado, su casa, su madre, su hija... su evidente incapacidad para hacerse interesante a ellos, pues ni la madre, que no lo reconoce soy Farrel le dice varias veces, y es la mejor línea de diálogo de toda la película) ni la hija lo sitúan. Desaparece el tipo, y ése ha de ser el gran hallazgo del filme: hemos estado siguiendo nada para llegar a lo esencial: un lugar y unos personajes... pero es el momento ya de terminar la película. He aquí el paradigma de la esterilidad. Lo de Albert Serra es otra cosa, y su El Cant dels ocells tiene, me temo, otra causa y otros efectos. Albert Serra ya demostró lo que podía hacer con El Quijote en su alabadísima nadería titulada Honor de caballería y ahora se ha crecido hasta el punto de volcarse sobre la adoración de los Reyes Magos. Sólo a lo grande y subli- AFP Progreso hacia atrás En Argentina es mejor no relacionar una película con la dictadura JORDI PICATOSTE CANNES. Lucrecia Martel ha sido elegida por segunda vez para competir en la sección oficial de Cannes con La mujer sin cabeza De momento, es la única película que no ha recibido ni un solo aplauso. Supongo que será como siempre, a unos no les habrá gustado, y a otros sí dijo Martel. La directora define así su concepción del cine: Es un proceso de pensamiento. Por eso, para construir una película, es necesario trabajar en capas Martel, que iba para doctora, calificó el estilo del filme como cámara médica en relación con los dispositivos que sirven para ampliar la capacidad de detección de cosas, como un microscopio o una radiografía La protagonista sufre una crisis tras atropellar algo, que ella se acaba convenciendo de que es un ser humano. Su familia trata de hacerle ver que no es así. En ese punto entra la lectura política sobre la dictadura argentina: Evité todo el tiempo preguntas sobre el tema porque en mi país es mejor no relacionarlo con una película si se pretende que se vea. Ese proceso de voluntario olvido, de convivir con algo terrible, genera mecanismos muy complejos para poder soportarlo me, he ahí el terreno de Serra. Aunque dista mucho de ser una comedia, El Cant dels ocells puede hacer llorar de risa al tipo más severo: tres pobres hombres, mal disfrazados, expuestos a unos planos kilométricos y a unas cuestas arriba terribles, sin nada que decir ni que hacer, mientras que la cámara de Serra los coge como quien coge a su primo en una bolinga de sábado por la noche. Son los Reyes Magos, uno, el gordo, era Sancho en su anterior película, otro su padre (al pobre, lo machacan en esas caminatas y torraderas en los páramos de Fuerteventura) Como no tienen nada que decir, dicen collons y tal... La Virgen habla poco, San José, en hebreo, pues lo interpreta un crítico canadiense de origen judío llamado Mark Perenson, que ha escrito un artículo en Cahiers Español sobre el rodaje que justifica el que se haya hecho la película. O sea, la película no tiene el menor interés ¡cómo será de inane, que los de Libération la ponen por las nubes! pero en cambio ese artículo gracioso, pero terrible y revelador de en qué terrenos se mueve la profesionalidad de nuestros mejores profesionales, hace a la película necesaria. Pues eso, el cine (en) español en Cannes. Más información sobre el festival: www. festival- cannes. fr en. html