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88 CULTURAyESPECTÁCULOS Festival de cine de Cannes MIÉRCOLES 21 s 5 s 2008 ABC Duelo entre leyendas: Eastwood y Maradona The exchange película protagonizada por Angelina Jolie, entra por la escuadra de la competición, y el documental realizado por Kusturica revela al futbolista de la cabeza pequeña al gran pie POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. James Gray y Clint Eastwood entraron, mano a mano, a competir por la Palma de Oro, y sus películas, Two lovers y The Exchange tal vez no sean las que ganen el gran premio, pero si eso ocurre será por causas ajenas a sus merecimientos. Y son ganas de romper el protocolo al poner en la misma línea de salida a James Gray y a Clint Eastwood: pongamos las cosas en su sitio. Clint Eastwood... Clint Eastwood ha hecho, otra vez, una de esas películas completas en la que cada tramo de ella alude a asuntos tan próximos y sustanciales al espectador que no es que le obligue a seguir la trama, sino más bien a, por ser literal, pringarse en ella, chapotear, padecerla y disfrutarla. De nuevo, como en algunas de sus mejores y más oscuras obras, Eastwood observa sin pestañear el peor de los mundos, en el que los fuertes machacan a los débiles, los adultos a los niños, mientras que la ley y la justicia colaboran a ello. El arranque, la primera línea argumental, corta la digestión: un niño desaparece y, meses después, la policía lo encuentra, se lo lleva a su madre y ésta afirma que no es su hijo... La cámara de Eastwood es, en efecto, descriptiva: no sólo del ambiente (estamos en Los Ángeles, en 1928, y huele a corrupción) sino también del ánimo de la ciudad, de los personajes, de ella (la madre, Angelina Jolie) y sitúa los hechos en un lugar que quema, en el centro del melodrama, en los ojos de la madre que busca a su hijo... un lugar fuertemente emocional, aunque visto casi como un reportaje periodístico de época: los juzgados, los centros psiquiátricos, la policía todopoderosa, el radiofonista vigilante... Es una película larga, densa, apelmazada de sentimientos que te presta sin recargo, y le da tiempo a Eastwood a un buen regate, cambiándole de repente al espectador la perspectiva: estamos en otro lado, en el lugar sórdido de la verdad, y el melodrama se torna un policíaco oscuro, temible... Y aún dará otra pirueta interna la trama, aunque sin dejar nunca del todo ese lugar ardiente de los ojos de Angelina Jolie. Poco tiene que ver el cine de Eastwood con lo que se lleva: él sólo apunta para dar, no le regala planos a la pantalla y nunca pierde de vista al espectador, ni el espectador a él. No hay polisemia: al pan, pan. No necesita ni hacerse el duro ni el listo ni el poético: es duro, es listo, es lírico sin pretenderlo. Y por supuesto, no ha venido a Cannes a ganar Palmas. A James Gray se le había pegado un poco el día Eastwood y presentó una película a contrapelo (al menos a contrapelo de él mismo) tan tensa como todas las suyas, pero por otros motivos muy diferentes. La víscera que siempre tiene su cine viaja de lo policíaco a lo romántico: película visceralmente romántica, con un Joaquin Phoenix magnífico, de premio, al que pesca la cámara en la primera escena suicidándose un poco, por una decepción amorosa, y en la que en apenas dos secuencias lo sorprende enamorándose nada menos que de dos mujeres. No es una comedia. Es una tragedia, individual y pequeñita, pero tragedia, que la violencia del cine de Gray narra tirándose en plancha sobre ella. Gwyneth Paltrow tiene parte de culpa de todo lo que pasa en esta película, lo bueno y lo no tan bueno, en un Nueva York frío y ardiente, en unos ambientes judíos y gentiles, en el sótano y en la azotea... Y da lo mismo que James Gray sí haya venido a ganar la Palma; a su película le darán, como mucho, morcilla. Hubo otro título en la competición, Delta del húngaro Kornel Mundruczo, totalmente aplastado por las circunstancias. Una rarísima historia con un incesto bien visto y en unos paisajes maravillosos en los que un hombre y su hermana menor se construyen una casa para escándalo de los habitantes del lugar, que son, y siendo amable, como los de la cena de Viridiana Pero hay que hablar YA de Maradona y del documental que de él ha hecho Kusturica; son tan parecidos la obra y su protagonista que ambos se llaman igual, Maradona Genial, grotesco, sentimental, pagado de sí mismo, descerebrado por completo, intuitivo y lúcido... Hablamos de ellos, del docu- Apunta para dar Maradona mental y de Maradona. Kusturica, quién lo iba a pensar, resulta un maestro del equilibrio, y lo mismo retrata la farsa que existe en Buenos Aires alrededor del mito (la religión maradoniana) que le arranca una de las mayores confesiones de culpa que se hayan oído nunca en una pantalla. El carril de los dos Maradonas, el personal y el documental, es irrisoriamente político: el analista de la política mundial que es Maradona surge cada dos por tres para demostrar que se puede tener toda la sabiduría en los pies (tal vez le gasta una mala pasada Kusturica cuando mezcla las declaraciones, ridículas, de Maradona sobre Carlos de Inglaterra, al que no le dio la mano, dice, por que él no estrecha manos llenas de sangre, mientras que sale una y otra vez con Fidel Castro, al que colma con toda su maradoniez No era fácil dejar una imagen tan clara del genio y del payaso, del creador y del granuja, del ser humano y del monstruo. Kusturica lo logra. Más información sobre el certamen: http: www. festival- cannes. fr POR ENCIMA DE LAS ESTRELLAS HOTELES QUE SON PALACIOS, SON SUS DETALLES, SUS PATIOS, SUS RINCONES y LA LUZ Y LA BELLEZA DE SEVILLA plaza santa maría la blanca, 7 tel +34 954 41 51 50 41004 sevilla www. casasypalacios. com info casasypalacios. com Las Casas de la Judería Hotel