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66 AGENDA Tribuna Abierta MIÉRCOLES 21 s 5 s 2008 ABC Francisco Soto Nieto Doctor en Derecho. Ex Magistrado del Tribunal Supremo VIOLENTA DEL PACIENTE A consulta médica supone un cruce de informaciones, interrogantes y respuestas, a cuyo través se esclarecen unos hechos, se perfila un diagnóstico, se apunta un tratamiento, dándose paso a un clima de entendimiento y confianza. Una esperanza ilusionada anida en el fulgor anímico del paciente. Lograda esa fluidez relacional se abre un camino de buenos augurios y realizaciones. La importancia del proceso de comunicación entre médicos y pacientes está sobradamente reconocida. Las palabras representan un porcentaje apreciable del mismo, no necesariamente más relevante que ese acopio de elementos- -gestos, actitudes, comportamientos, índice emocional, etc. -que complementan el diálogo contribuyendo a dotarle del mejor sentido. Trabajamos en un entorno difícil, con unos niveles de conflictividad muy alta, que nos obligan a darle mucha importancia a la comunicación no verbal. Además, intentamos escuchar (María Teresa Tavora) La experiencia del médico, su reflexiva y perspicaz observación, facilitarán la comprensión de cuanto no se dice y se halla entreverado entre la bruma de unos silencios significativos. La relación médico- paciente se forja y fortifica en el seno de la conducta. Pese a las restricciones de tiempo y al cúmulo de trabajo que gravitan sobre el facultativo, aquella puesta en contacto debe contar con un grado de suficiencia capaz de garantizar su eficacia y permitirle cumplir su función. Consultas más largas suponen médicos menos estresados y más satisfechos, al igual que sus pacientes (Margaret McCartney) La consulta constituye el auténtico escenario terapéutico al contar con el preciado bien de la inmediación, so- CONSULTA MÉDICA. REACCIÓN La práctica de la medicina no es tarea fácil. Con razón se ha dicho que la enfermedad es un enemigo implacable. En el afán de recuperación de la salud no solo entran en juego la ciencia y el arte del médico sino que la colaboración y buena disposición del paciente serán factores decisivos en el logro del fin anhelado L breponiéndose al indispensable bagaje de los análisis, peritajes, informes, y demás documentación atestiguadora. El médico que se precie de ser el mejor director de escena- -afirma Zarco Rodríguez en La sombra del dolor- -puede manejar con gran habilidad los papeles que allí se desarrollan, los diálogos, las entradas, las pausas, la intensidad dramática, el desenlace. No deja de ser positivo el enorme avance tecnológico que hoy se asienta en el campo de la medicina, particularmente en su vertiente asistencial. Pero bien se aprecia que la tecnificación no tiene un significado y valor absolutos y que cualquier terapia no debe abandonarse por completo a su domino. El acto médico, con su carga de humanidad y emocional conexión con el enfermo, sigue ostentando una primacía que en vano se trata de restringir. El médico, en cuanto inicia la representación del rol que tiene asignado, ha de actuar con perfección, haciendo tabla rasa de los lastres o preocupaciones que le aquejan, mostrándose acogedor y perceptivo, sensible a los sentimientos e intimaciones del paciente, cuya vuelta a la felicidad ha sido puesta en sus manos. En la hermosa y atractiva novela de Gillian Bradshaw, El faro de Alejandría, la joven Caris, allá por el siglo IV fascinada por el ejer, cicio de la medicina, reconoce que el cuerpo humano es un acertijo, un misterio y un milagro; ¡comprender el mecanismo de nuestro cuerpo y de la naturaleza es la más pura filosofía y curar es algo casi divino! La práctica de la medicina no es tarea fácil. Con razón se ha dicho que la enfermedad es un enemigo implacable. En el afán de recuperación de la salud no solo entran en juego la ciencia y el arte del médico sino que la colaboración y buena disposición del paciente serán factores decisivos en el logro del fin anhelado. La paciencia y la delicadeza son dos de las más grandes cualidades de la medicina (Zarco Rodríguez) Existe el heroismo diario- -escribe Perri Klass- -de cada médico que consiste en atender a cada paciente, escucharle incluso cuando doctor y paciente están en la más completa oscuridad. No es infrecuente la actitud rebelde, hostil y desenfadada del paciente, descontento con la asistencia prestada, con el curso irregular de la enfermedad o padecimiento que sufre, crítico obstinado de cuanto se hace por él. En ocasiones, y sustentado en su ignorancia y en divulgaciones inconsistentes, mostrándose exigente en la aplicación de ciertas medidas o prescripción de especiales fármacos. El ejercicio del derecho de autonomía- -explica Gonzalo Herranz- -permite al paciente rechazar un tratamiento, pero no le autoriza ordenar al médico que le haga algo positivo o determinado Temperamentos incontrolados, formación deficiente, trastornos coyunturales, pueden contribuir al surgimiento de episodios violentos en las relaciones entre médicos y pacientes. Nunca pueden hallar justificación y medios existen para la formulación de protestas o reclamaciones. Palabras mayores, miradas encendidas, pueden enseñorearse en el medio. Reacciones humillantes o de inusitado riesgo para el médico harán sonar el timbre reactivador. Secuencias como del más caracterizado cine violento. Médicos y sanitarios agredidos, movilización de medios personales, irrupción de agentes reestrablecedores del orden. El mal denunciado va adquiriendo tintes endémicos. No ha faltado la sugerencia de un apoyo sanitario y psicológico a los facultativos afectados. Generalizado se halla el clamor en pro de instauración de un adecuado sistema de seguridad. ello puede suponer la presencia de hechos delictivos comunes, particularmente delitos de lesiones, amenazas, coacciones. La cuestión que ha venido preocupando es la de si, además, podía entenderse perpetrado un delito de atentado a funcionario público tipificado en el artículo 550 del C. P. Las opiniones al respecto no venían siendo uniformes. La reciente sentencia del Tribunal Supremo de 4 de diciembre de 2007 ha venido a zanjar las diferencias, optando decididamente por la conceptuación de atentado ante el hecho consistente en la agresión con un objeto punzante en el brazo derecho, a un médico odontólogo, funcionario, por parte de un paciente. La conclusión ineludible para el autor es que la actividad prestada no se trataba de una actividad privada, sino enmarcarda en funcionamiento público del sistema de salud, de forma que con su agresión no sólo alcanzaba al particular, sino también a intereses públicos consistentes en la protección de la corrección de la función pública Todo Carmen Lafora Escritora LA FRAGUA DE VULCANO E El contraste de luces que desprendían aquellas brasas era de un colorido deslumbrante: amarillento, a veces rojo L pasado es un tiempo que permanece escondido en nuestra memoria durante años y a veces aflora con toda su plenitud en un presente continuo: ecos que retiñen en el aquí y el ahora Tiempo de un pasado donde el ser humano empieza su andadura por la vida, elaborando su propio currículum vitae Es un aprendizaje donde tanto influye yo y mi circunstancias Después tendrá que ir modelando nuevos eventos que le vienen dados de improviso. A veces nos descoloca leer en grandes titulares: Un superordenador simulará, por primera vez, el mecanismo del pensamiento de la mente humana; se realizará un modelo tridimensional que funcionará igual que un cerebro real duda hay que dar paso a estas mentes privilegiadas, a estos equipos de hombres, donde bullen proyectos insólitos, tecnologías revolucionarias, descubrimientos asombrosos, investigaciones insospechadas... Quiero creer, que yo nun- ca podría procesar en un ordenador los datos de mis sentimientos: nostalgias placenteras, ternuras agazapadas, ilusiones compartidas, vivencias de un pasado... Sin pueblo medieval donde yo vivía de niña y, de menos niña. Cervantes lo cita en La Ilustre Fregona allí, en la muy noble leal y antigua villa de Orgaz, había una fragua; estaba ubicada junto a mi casa ¡mi casa! la puerta siempre estaba abierta. Yo me quedaba bajo el dintel y miraba arrobada. Había un inmenso fuelle, un niño aviva- Todavíasigueexistiendoun ba el fuelle con un sencillo sistema manual. El hombre forjaba modelaba a su antojo aquel hierro candente, con una precisión tan perfecta como las celdillas prismáticas de un panel de abejas. La penumbra de aquel aposento era mítica, me fascinaba, era una réplica viviente del lienzo de Velázquez. El contraste de luces que desprendían aquellas brasas era de un colorido deslumbrante: amarillento, a veces rojo, violeta... Esta fusión de tonalidades, salpicaban pavesas luminosas, chispas ardientes, virutas centelleantes de un hierro herido por el pedernal...