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40 INTERNACIONAL MIÉRCOLES 21 s 5 s 2008 ABC El nuevo presidente de Taiwán, Ma Ying- jeou, juró ayer su cargo ante un retrato de Sun Yat- sen, fundador de la República de China POOL El nuevo presidente de Taiwán llama a Pekín a reconciliar las dos Chinas Ma Ying- jeou advierte a Pekín que sólo cuando su país deje de estar aislado en el ámbito internacional serán factibles las relaciones bilaterales MANUEL ERICE ENVIADO ESPECIAL TAIPEI. La convicción se abre paso en la isla. La antigua Formosa, la República (no popular) de China, vive un momento político decisivo, casi un centenar de años después de su fundación en el continente (1911) y casi 60 desde que el (más tarde) dictador Chiang Kai- chek, el (otro) generalísimo, saltara desde el continente, derrotado por Mao, para implantar aquí la China no comunista. La que pasa por ser la primera democracia de Asia- -en palabras del nuevo presidente, el único lugar de Asia que ha alcanzado la segunda alternancia en el poder avanzó ayer un paso más en la senda del Estado de Derecho con una toma de posesión que representaba la vuelta al poder del sempiterno Kuomintang, tras ocho años de gobierno del Partido Democrático Progresista. Decir que Taiwán entero asistió al acto suena a sinécdoque (tomar el todo por la parte) pero no lo es tanto. Además del puntual seguimiento de la ceremonia a cargo de las numerosas televisiones que operan en el país, el acontecimiento fue seguido en vivo por 15.000 gargantas que vitoreaban a Ma Ying- jeou, en el abarrotado Taipei Arena, cada vez que éste pronunciaba un párrafo de su ambicioso discurso. El ex alcalde de Taipei, que dejó una ostensible huella como gestor de la capital- -ideal trampolín político para quienes aspiran a mayores menesteres, como lo demuestra su amplia victoria en las urnas el pasado 22 de marzo- abrazó el cargo en una sencilla y solemne ceremonia en el palacio presidencial, después de la cual se trasladó al polideportivo para lanzar sus mensajes y darse un auténtico baño de multitudes. Aunque cargada de diversos retos políticos y económicos, la primera intervención de Ma como presidente del país tuvo que dirigirse a China continental, y a la necesidad de que los dos países expíen ese pecado original que los ha mantenido de espaldas- -y aún sin la firma de un tratado de paz desde la guerra civil- -durante medio siglo, con la etiqueta de irreconciliables: Debemos reanudar las negociaciones a la mayor brevedad posible, apartar las controversias y alcanzar una situación de ganancia para todos clamó Ma poco antes de advertir que sólo cuando Taiwán deje de estar aislado en el ámbito internacional se hará factible el desarrollo estable de las relaciones bilaterales El mensaje es todo menos contradictorio. Después de algunos años difíciles en mate- ria diplomática, en los que el número de países que mantienen relaciones formales con la China no comunista ha descendido ya hasta 24- -se mantienen fieles todos los países centroamericanos excepto Costa Rica- cada vez más cercados por el creciente peso político y económico de Pekín y la presión que ejerce con la máxima de que sus amigos son mis enemigos, Taiwán necesita frenar la sangría de rupturas diplomáticas y forjar nuevas alianzas. A ello va a dedicar Ma buena parte de sus esfuerzos en política exterior basados en los criterios de una opinión pública en la que, según definió, la postura dominante es no a la unificación, no a la independencia y no al uso de la fuerza militar En el caso de China, hay pasos previos menos ambiciosos pero importantes. Como apuntó ayer en nuevo jefe de Estado taiwanés, que no ahorró palabras de solidaridad hacia los 1.300 millones de vecinos continentales y en especial hacia las víctimas del terremoto de Sichuan, la normalización de las relaciones comerciales económicas y culturales es el primer paso hacia el beneficio común mutuo La inminente puesta en marcha de vuelos chárter a Taipei los fines de semana, para conectar y facilitar la creciente llegada de turistas del continente, irá allanando el camino, a lo que se sumará en breve la negociación con China continental sobre el espacio aéreo internacional de Taiwán, de momento sometido a la posición dominante de Pekín. La trascendencia del momento político tiene también una lectura interna esencial. La vuelta del Kuomintang al poder, de la manode Ma, ofrece las dos caras de una moneda: es el partido de siempre, que fue desalojado del poder en 1996- -y con él a casi todos sus tentáculos de poder- -por los progresistas y por una opinión pública que decidió que había llegado la hora de cambiar estilos y de limpiar la corrupción; de la misma forma que ocho años después, demanda al mismo partido que sustituya al PPD después de algunos años de abusos de poder. Baste como ejemplo que a falta de que el nuevo Gobierno suceda al presidente esta semana y asuma el cargo, la Cancillería taiwanesa estaba vacante cuando el lunes, la noche anterior a la toma de posesión presidencial, las delegaciones de todos los países presentes- -España no estaba representada- -acudieron a la recepción en la sede ministerial. A falta del ministro de Asuntos Exteriores, destituido y procesado por corrupción, el viceministro hizo de anfitrión. Dos caras y una moneda Ganancia para todos Un traspaso de poderes con sello y presentadores de TV La tradición y la liturgia moderna taiwanesas se fundieron ayer en un acto de toma de posesión del nuevo presidente Ma Ying- jeou que en realidad fueron dos. El Palacio presidencial albergó primero el traspaso de poderes como tal, que formalmente consistió en la entrega del sello con el que la tradición china simboliza el poder, como en la cultura occidental lo pueden hacer una corona, un cetro o un bastón municipal. Ma recibió en solitario, de manos del presidente saliente, Chen and Lu, los dos primeros sellos, los que representan el poder presidencial propiamente y el del Estado, mientras que el tercero también fue a parar a manos del vicepresidente, al tratarse del sello de gobierno. Mientras Ma y una nutrida representación diplomática asistían a este acto, 15.000 personas esperaban en el polideportivo Taipei Arena con un espectáculo de música, danzas y marionetas chinas, de extraordinario colorido, dirigido por cuatro presentadores de televisión. El evento fue culminado por el propio presidente minutos más tarde, una vez trasladado desde el Palacio, en una intervención que aunque formalmente pasaba como discurso de investidura, su puesta en escena tenía un marcado carácter mitinero. A las esperanzas de ese pueblo presente dirigió Ma sus palabras.