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10 OPINIÓN MARTES 20 s 5 s 2008 ABC AD LIBITUM ¡ESTÁN LOCOS ESTOS DEL PP! BÉLIX suele decirle a Astérix y a cuantos quieren oírle: ¡Están locos estos romanos! Alguien, tan irreal y tan cierto como el hijo gigantón de Goscinny y Uderzo, debiera decir aquí y ahora: ¡Están locos estos del PP! Obélix construye menhires y Mariano Rajoy levanta castillos en el aire. ¿Cuál de los dos personajes es más real y nos cae más cercano? Los dos necesitan traducción porque el uno es galo y el otro, aunque habla castellano, se expresa en jeroglíficos, con presunción de astucia, confusión de ideas, transposición de valores y dándole tantos sentidos posibles a cada frase que, si se quiere saM. MARTÍN ber lo que dice, se requieFERRAND ren los servicios de un avezado hermeneuta. ¡Están locos estos del PP! Se destrozan los unos a los otros sin que venga a cuento, sin finalidad aparente, y ya puede darse por cierto que cuando llegue el XVI Congreso, dentro de un mes, todos acudirán a Valencia hechos unos zorros, entre rotos y desvencijados; pero sin que surja una candidatura que le dispute a Rajoy la presidencia del partido. Es difícil de entender una formación política en la que, de puertas adentro, nadie está contento con su líder y, de puertas afuera, nadie trata de sustituirle con el vivificador y estimulante cruce de fuego entre dos, o más, candidaturas para liderar un partido que, bromas aparte, es capaz de contar más de diez millones de votos a su favor y en su respaldo. ¿Cuántos podrían llegar a contar si, lejos de la extravagancia, hicieran las cosas como es debido, con seriedad y rigor? Todas las escaramuzas que llevamos vistas desde que Rajoy, el 9- M, revalidó su derrota del 14- M de hace cuatro años, hay que darlas por no vistas. El error y lo raro está en quienes vemos, observamos y contamos; no en quienes con su conducta pública invitan a sospechar que el PP se deshace y resquebraja y que su líder, falto de apoyos reales, es un zombi resultante de algún conjuro galaico. Nadie quiere suceder al sucesor de José María Aznar y todos le rinden acatamiento y respeto. Las guerras internas son, sólo, una verbena acortada por las aguas de mayo; las huidas en cadena, mutis para el aplauso de sus actores; el olvido y arrinconamiento de los mejores, un ejercicio colectivo de humildad y casos como el de María San Gil, toreo de salón. En el PP no pasará nada ni se pondrá en pública evidencia la profunda disensión que vive en su seno, la discrepancia entre el posibilismo temerario y poco constitucional de los sabios consejeros del líder y la lealtad a supuestos menos federalistas que los de José Luis Rodríguez Zapatero; pero es muy posible, casi cierto, que Idéfix, el perro de Obélix, confirme los temores psiquiátricos de su amo dejando su líquida señal territorial en el portal de Génova, 13. Cuando se trata de la escenificación del absurdo y de la sublimación del disimulo, en España todos somos maestros. ¡Están verdaderamente locos estos del PP! O VISTO Y NO VISTO EL CLUB DE LOS SEÑORITOS TIESOS O tiene dicho José Javier Esparza, que los trató en las covachuelas de la madrileña Casa de las Siete Chimeneas (Ministerio de Cultura, para el vulgo) el PP tiende a comportarse como un club de señoritos que llaman secretaria a María San Gil. ¿Quién se ha creído que es? Y es que la próspera tranquilidad de los burgueses, explica Esparza, suele construirse sobre el sacrificio de unos héroes a los que el burgués, inevitablemente, termina desdeñando. Ah, la brutalidad burguesa. En la famosa Francia, entre tantos encantos como naturalmente tenía para él, Ruano encontró, quizá, los tipos más ridículos y más innobles de pobretería espiritual, de brutalidad burguesa: -Tenían sobrelos de Santander o los deÁvila un inconveniente que aún los hacía más odiosos: la pedantería de un país que se cree de buena fe el ombligo del mundo. En nuestra granja política, los odiosos burgueses franceses serían los burgueses del PSOE burgueses impacientes los llamaba Fernández Flórez) frente a los burgueses del PP que vienen a ser como los de Santander o los de Ávila. Por ejemplo, los dos señoritos que más aspaIGNACIO RUIZ vientos hacen contra María San Gil: LasQUINTANO salle y Celia Villalobos, que no es de Ávila, sino de Málaga, pero que se pasea en chándal fosforito por el Retiro madrileño (que tiene sus cosas, pero que no es el casco viejo de San Sebastián) vendiendo boquerones frescues y rodillas de novilla loca para el caldo. Según la cita dominguera de Alejandro Casona que desde Colonia, puntualmente, envía Ricardo Bada, se empieza a ser viejo cuando uno se decide a no expresar en público más ideas que las que son gratas a quien escucha Coño, el nuevo PP cuyos líderes, para conmemorar el cuaren, tañismo del Mayo francés, parecen decididos a chapotear en el lodo primordial de ese progresismo pequeño burgués que a la derecha la vuelve de centro. (El centro es de Fraga) ¡Mayo del 68! L Y, de contenta, Celia echa al caldo, junto con la rodilla de novilla loca, un rabo de toro de lidia. El hombre fuerte del PP en los toros es un veterinario que escamoteó un minuto de silencio en Las Ventas para no politizar la tauromaquia como es tradición escamotearlo en San Mamés para no politizar el fútbol El día de San Isidro no hubo banderas en la plaza para no ponerlas a media asta ¿con hache o sin hache? Parece natural, pues, que sobre María San Gil en el nuevo PP del viejo Mariano, el jefe que arrastra dos cornadas de espejo terroríficas: sus dos derrotas electorales ante la apoteosis política de una calabaza, Zapatero, el personaje más inconsistente del treintañismo democrático. ¿Qué quedaría del PP sin María San Gil? Lo mismo que quedaría de los Quintero si se los tradujera al castellano. El modelo ideal es Andalucía, donde el Régimen hacia el que avanzamos constituye un remedo plástico de las procesiones de Sevilla: El País como cruz de guía; detrás, el Cristo, que en Andalucía es Chaves, y en España, Zapatero; y cerrando, el palio de la Dolorosa: en Sevilla, Arenas, y en Madrid, Mariano. El PP se debate entre el marianismo al pie de la cruz de María, que quiere decir mar de amargura y estrella y el marianismo al pie de la escudilla de Mariano. Las reclamaciones, a Franco. Una vez establecido el Régimen, la democracia quedará reducida a perder un domingo cada cuatro años para elucidar con una papeleta las preferencias de los españoles para el sesentayochero sillón de Cultura: César Antonio Molina, la Jeanne Laurent de Zapatero en traje de Zara, o Alicia Moreno, la Malraux de Gallardón en sandalias de pita. Hasta la muerte repentina del magistrado del Constitucional, que abre inesperadamente la puerta al Estatuto que consagra constitucionalmente el proverbial sablismo- -de pegar sablazos o, taurinamente, toques- -de Cataluña, ha sido interpretado en el club de los señoritos tiesos como una señal del Cielo en apoyo del progresismo rampante. Y, de contrita, Celia echa al caldo, junto con la rodilla de novilla loca y el rabo de toro de lidia, una taba de cordero laico de Valladolid, que enternece a María Soraya.