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4 EDITORIALES MARTES 20 s 5 s 2008 ABC DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA Director Adjunto: Eduardo San Martín. Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas. Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado. Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro. PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área de Publicidad: Adolfo Pastor Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera VUELCO EN EL CONSTITUCIONAL L fallecimiento repentino del magistrado Roberto García- Calvo es, ante todo, una grave pérdida para la magistratura española y para el mundo jurídico en general. Era un jurista prestigioso que unía a la solidez de sus convicciones personales un amplio conocimiento del Derecho y de la técnica jurisdiccional. Su designación para el Tribunal Constitucional pronto se vio justificada con una labor muy cualificada que se reflejaba en sus ponencias y votos particulares, y estos últimos se iban haciendo más frecuentes a medida que la situación interna de esta institución hacía más difícil alcanzar decisiones de consenso sobre los asuntos de mayor trascendencia política. Sus prioridades como responsable de la interpretación constitucional se plasmaron en criterios jurídicos que, a menudo, requerían una determinación polemista que no está al alcance de la mayoría. Por eso, fue víctima de furiosas campañas de descrédito y, por eso, su fallecimiento trasciende el significado propio de la desaparición de un gran jurista y afecta de lleno al corto y medio plazo del TC, que es tanto como decir que afectará a las decisiones sobre leyes esenciales. La muerte de García- Calvo tiene una proyección inmediata sobre la composición del TC hasta su próxima renovación, porque debilita el denominado bloque conservador que podría haber sido el mayoritario, por ejemplo, en la resolución del recurso de inconstitucionalidad planteado por el PP contra el Estatuto de Cataluña. No cabe descartar ahora un empate a cinco votos que tenga que ser dirimido por el voto de calidad de la presidenta. Todas estas reflexiones sobre las consecuencias del fallecimiento de García- Calvo, aun siendo inevitables y justificadas por los hechos, demuestran el grado de deterioro que sufre la imagen del TC, porque dan por buena la partición ideológica de sus integrantes y hasta prejuzgan el sentido de sus votos futuros. En términos políticos, la nueva situación del Tribunal Constitucional aumenta la responsabilidad de los partidos políticos acerca de la renovación de sus vacantes. La posición del PP se debilita objetivamente en la misma proporción en que se refuerza la del PSOE, que nunca pudo haber imaginado todo lo eficaz que iba a resultar, por un lado, el estancamiento de los recursos contra sus principales leyes y, por otro, la enmienda a la ley del TC queprorrogó la permanencia de María Emilia Casas en la presidencia. De haberse mantenido las reglas anteriores, la presidencia en funciones estaría actualmente en manos de un magistrado del bloque conservador Ya es hora de que el TC atienda sus responsabilidades con la Constitución y con el Estado, decidiendo de una vez por todas si el Estatuto de Cataluña es o no constitucional, porque se trata de una incógnita que está lastrando la vida política española, la relación entre administraciones públicas y el futuro del Estado autonómico. E EL PP, PRESENTE Y FUTURO N una democracia madura, los ciudadanos exigen que los partidos políticos ejerzan sus funciones de Gobierno o de oposición de acuerdo con los resultados electorales. Las querellas internas o los protagonismos personales son asuntos menores cuando las circunstancias objetivas requieren que se preste la máxima atención a los problemas reales. No es lógico que el centro de atención sean en exclusiva tales o cuales declaraciones de dirigentes del PP mientras los terroristas de ETA siguen colocando coches- bomba y matando, mientras el lendakari Ibarretxe vuelve a presentarse en La Moncloa sin haber renunciado a su viejo plan soberanista o mientras se encona el debate sobre la financiación autonómica, abierto en canal y con visos de romper la solidaridad entre los españoles. A los ciudadanos les preocupa la inmigración ilegal, la educación de sus hijos y, desde luego, el devenir de la economía. De hecho, los repartos internos de cuotas de poder en el PP son bastante menos relevantes para una gran mayoría de españoles que la embestida de una crisis económica en toda regla y que aún no ha tocado fondo. A los preocupantes datos sobre el crecimiento constante de la tasa desempleo o de la inflación se une el diagnóstico dado a conocer por la agencia estadística Eurostat: España ha crecido en los tres primeros meses de 2008 un 0,3 por ciento, inferior por primera vez a la media europea y muy por debajo del crecimiento que experimentan países como Francia o Alemania. Falta un mes para el congreso de Valencia y es obligado que los populares no pierdan ni un minuto más para empezar a ejercer una labor de oposición que resulta imprescindible ante los graves errores del Gobierno en este comienzo de legislatura. Todos los esfuerzos del PP deben dirigirse a resolver cuanto antes las cuitas internas para concentrarse en lo que es, una alternativa solvente frente a un Ejecutivo que deja mucho que desear. Fomentar un debate interno de manera razonable- -y evitando la sobreactua- E ción- -siempre es útil. Lo contrario, a la larga, sólo benefician al Gobierno socialista. Ayer, en el Foro ABC, Alberto Ruiz- Gallardón, desde su condición de alcalde de Madrid, supo lanzar una apuesta hacia el futuro, con un proyecto ambicioso para España más allá de los debates cotidianos. También José María Aznar habló en otro acto de formar un equipo con los mejores una idea muy sensata que sólo significa que la valía no depende de generaciones o de supuestas adscripciones ideológicas, sino de la capacidad para trabajar al servicio de una meta ilusionante para todos. No faltarán interpretaciones que busquen la controversia en la letra pequeña de cualquier discurso. Sin embargo, es indiscutible que España necesita un centro- derecha sólido y cohesionado que haga honor a la confianza depositada en el PP por una parte muy significativa del electorado. Tampoco deberían los populares perder ni un momento en absurdas querellas de apariencia ideológica. Casi todo está ya inventado en la teoría política y los partidos homólogos europeos tienen muy claras las señas de identidad de una corriente inspirada en ideas liberales en sentido amplio, opuesta a un diseño socialdemócrata de la economía y la sociedad que muestra signos ostensibles de agotamiento. Angela Merkel o Nicolas Sarkozy hacen política y no participan en debates académicos que tienen su expresión legítima en otros ámbitos. Todo el mundo sabe qué es y qué quiere ser el centro- derecha en España. Las etiquetas de conservador liberal centrista o democratacristiano no significan nada al margen de un proyecto común y razonable para hacer frente a los graves errores que comete el Gobierno. El futuro pasa por ofrecer medidas para encauzar la crisis económica, el desbarajuste territorial y la alarmante falta de criterio que muestra el Gobierno en muchas de sus decisiones. Los ciudadanos esperan que los populares se pongan manos a la obra de inmediato y que se cierre de una vez un debate estéril que sólo favorece a sus adversarios.