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92 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 18 s 5 s 2008 ABC En el Prado sólo caben las obras maestras Jonathan Brown cita con admiración el célebre ensayo sobre Las Meninas escrito en 1966 por Michel Foucault, pero se lamenta de que a Foucault le salieran muchos imitadores menos brillantes En aquella época parece que era común pontificar sobre Velázquez sin haber pisado Madrid, que no era la ciudad animada y atractiva que es ahora, sino una ciudad provinciana y triste, con policía por todos lados Brown llegó en 1958 y recuerda que en las calles no se veían otros coches que los oficiales Él tenía un pequeño utilitario inglés y lo aparcaba sin problemas junto a la mismísima Plaza Mayor. Aunque aparcar en Madrid ya no es lo que era, el profesor Brown agradece la transformación de la ciudad, así como la ampliación del museo de su alma. Él cree que el Prado está condenado a quedarse siempre pequeño, aunque eso le dota de una característica única entre todos los museos del mundo: Sólo caben las obras maestras Jonathan Brown cree que gracias a internet mucha gente podrá conocer a Velázquez sin necesidad de ir a Madrid A. G. Algunos utilizan sus colecciones de arte para destacar socialmente Jonathan Brown s Hispanista El historiador celebra sus bodas de oro con Velázquez publicando una nueva obra sobre el artista sevillano: Velázquez hoy y mañana El miércoles recibirá un tributo en la Frick Collection de Nueva York, en el que le glosará su colega y amigo Sir John Elliott POR ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. -Usted se dela limpieza de hace 15, 20 años... de estas preguntas tiene una respuesta definitiva. ¿Pero usted qué cree? Las Meninas es un cuadro que nunca se extingue. Siempre ofrece novedades. Y el mismo historiador también va cambiando con los avatares de la vida... Cuando yo era estudiante de posgrado nos enseñaban que cada pregunta tenía una respuesta definitiva. No había dudas. Ahora sabemos que todo es cuestionable. Dudar no es desechar lo que has hecho. Yo no desecho del todo mi primer ensayo sobre Las Meninas Simplemente, hay matices importantes que han cambiado. El cuadro mismo ha cambiado muchísimo, sobre todo sus tonalidades, con clara a veces asombrado por cosas que Jonathan Brown escribió en el pasado, en particular sobre Las Meninas ¿Cambiaría algo de lo que sostuvo? -Por eso yo no soy muy aficionado a los bodegones, sabe. Un melón siempre se queda en su sitio. No es que les falte belleza, pero sí, a mi juicio, capacidad de sugestión. Las Meninas es un cuadro que no tiene centro. Así, descentrado, abre la puerta a una multitud de interpretaciones. Conocemos con precisión su escenario, que es un escenario del Real Alcázar de Madrid. Asimismo sabemos que el cuadro estaba en una habitación privada del Rey, que no era una habitación de grandes dimensiones. Este dato conduce a una serie de preguntas. ¿Por qué encerrar un cuadro tan grande en una sala tan pequeña y tan privada? Ninguna -Usted habla de Las Meninas como de un cuadro no acabado pero vivo, como de un fenómeno casi orgánico. -Pero usted ha abierto puertas que sí son permanentes. Gracias al enfoque de especialistas como usted el gran arte español deja de parecer un mundo lejano y cerrado para empezar a ser visto y apreciado como algo vivo, con lo que se puede y se debe interactuar. Usted libera una visión moderna, menos pasiva y más activa, del arte del Siglo de Oro. -Pues yo sigo creyendo que todo esto tiene que ver con las pretensiones de Velázquez de ennoblecerse. Es asombroso que a mediados del siglo XVII el pintor real pinte un cuadro donde el rey está pero no está en el centro, está medio presente, medio ausente... Las Meninas plantea una serie de cuestiones que no se preguntará nadie hasta la época de Manet. Y así vamos, cada generación proyecta su propia mirada sobre el cuadro. Yo no me engaño pensando que lo que digo en el 2008 va a tener validez en el 3008. -Como tal usted parece tanto o más fascinado por el Velázquez cortesano que por el artista. IV: todo el mundo quiere tener su Real Alcázar. ¿Le podemos considerar un arribista? ¡Sin duda! -Era un hombre muy listo y que tenía muy claro que quería hacer carrera en la Corte. Por eso no intentó abrir un taller ni nada que le vinculara con la esfera de los artesanos. Y le fue bien, muy bien, juntó un patrimonio importante, varias casas en Madrid... -Al contrario, le ayuda. En realidad toda su ascensión social se basa en su absoluta fe en su arte y en su capacidad de pintar cuadros de una impresionante belleza. Sin eso no habría podido llegar donde llegó. ¿Y eso no le limita como pintor? -Bueno, por lo menos ésa era mi intención. La gran pintura española del Siglo de Oro no es que fuera algo desconocido, pero efectivamente sí hacía falta un interlocutor entre la pintura clásica y la modernidad. Yo no me veo a mí mismo como un crítico de arte, lo que soy es historiador. -Sí, y aunque el mecenazgo artístico ha cambiado mucho desde entonces, ese espíritu rebrota con fuerza. Lo vemos en Estados Unidos y hasta en España con la baronesa Thyssen: personas muy ricas que adquieren una gran colección de arte y la utilizan para destacar socialmente. Ahora ya no se lleva donar las colecciones privadas a los museos, sino crear el propio museo. Volvemos a Felipe -Usted ha escrito que Felipe IV contrató a Velázquez para comprar la inmortalidad. -Sí, se titula Velázquez hoy y mañana En él intento proyectar cómo creo que será recibido Velázquez en el futuro. Yo creo que gracias a internet mucha gente podrá conocerlo sin necesidad de ir a Madrid. Es impresionante, hay miles y miles de entradas para consultar su obra. Por supuesto, siempre se había podido consultar en libros de arte, pero nunca con este detalle, con esta libertad de aproximación a cada ángulo del cuadro, a todo lo que se ha escrito sobre él, incluso a mis artículos en las revistas de acceso más limitado y más oscuro... todo ello al alcance de un click o dos. -Presenta usted un nuevo libro donde recopila sus escritos sobre Velázquez, pero también hay un capítulo nuevo. ¿Cree usted que la pintura va camino de ser algo que uno se podrá llevar a la cama, como un libro? -Sí, y creo que gracias a eso la gente va a poder distinguir por sí misma entre la reproducción y el original, entre lo malo y lo bueno. Prepárense, porque a raíz de esto, masas mucho mayores aún van a querer entrar en el Prado. Más información en: http: www. frick. org lectures