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ABC DOMINGO 18 s 5 s 2008 La demanda de Telma Ortiz contra la prensa del corazón ESPAÑA 31 Una imagen de la vista pública, celebrada en los juzgados de Toledo, en la que Telma Ortiz solicitó a la Justicia medidas cautelares contra los paparazzi HUERTAS FRAILE El calvario de Telma Su vida se ha convertido en una pesadilla: los paparazzi han llegado a perseguirla en coche y la han obligado a parar en el arcén para hacerle fotos s Su vida sencilla la hace más accesible POR ALMUDENA MARTÍNEZ- FORNÉS MADRID. Desde que su hermana se convirtió en Princesa de Asturias, la vida de Telma Ortiz Rocasolano se ha transformado en todo un calvario. Por eso, esta cooperante que sólo quiere vivir tranquila ha llegado tan lejos y ha pedido amparo a la Justicia. Todo se agravó el pasado mes de diciembre. Embarazada de cuatro meses, Ortiz decidió regresar a España con su pareja y establecer aquí su hogar. Hasta entonces vivía en Filipinas, donde trabajaba como cooperante y podía disfrutar de una vida más o menos normal, pues el acoso mediático se limitaba a sus cortas estancias en nuestro país. Pero a partir de diciembre no hubo tregua para el acoso. Ya no se trataba de que los paparazzi estuvieran permanentemente apostados en la puerta de casa, de la peluquería, de la farmacia, del supermercado, del hospital o del aeropuerto, sino de las persecuciones en coche, hasta que llegaron a cerrarla el paso y la obligaron a parar en el arcén de la carretera para fotografiarla. O cuando empezaban a insultarla, porque una imagen de ella enfadada podría venderse mejor, o porque no conseguían lo que querían. En ocasiones, los paparazzi han esperado a Telma junto a su coche y cuando ella, ya dentro, intentaba cerrar la puerta, introducían una pierna para impedírselo. bien y, aún en contra de su voluntad, han tratado de convertirla en un personaje del corazón. Para los cazadores de imágenes es un filón inagotable, que se ha revalorizado con su maternidad, y los paparazzi están dispuestos a conseguir de cualquier forma esas imágenes, por las que las revistas llegan a pagar cantidades muy elevadas. Como obtienen ingresos muy elevados por la venta de fotos robadas los paparazzi no dudan a la hora de gastarse auténticas fortunas para perseguir a sus objetivos. No obstante, Telma Ortiz es un objetivo fácil para ellos: sin chófer ni escoltas ni coches con cristales tintados ni aparcamientos subterráneos es mucho más difícil esquivar a los paparazzi. Y si ha conseguido proteger a su hija recién nacida ha sido porque Sin escoltas ni chófer Tres traslados inútiles Huyendo del acoso mediático, Telma se fue a la casa de su abuela paterna en Asturias, pero hasta allí se trasladaron los paparazzi, y después a Toledo, a la casa de su pareja, pero tampoco encontró en esta ciudad la tranquilidad que buscaba. Ortiz ha tenido la desgracia de que su imagen vende muy desde que dio a luz, Telma ha tenido que vivir a escondidas para evitar ser fotografiada, algo que no se puede consentir relató ante la juez su abogado, Fernando Garrido. Para conseguir hacer fotos, en contra de la voluntad de las personas perseguidas, algunos han llegado a pinchar el teléfono de sus víctimas, lo que les permitía disponer de una información exacta y privilegiada sobre sus horarios y movimientos. Por esta práctica fue condenado hace años en Estados Unidos un fotógrafo español que perseguía a Gigi Howard, amiga del Príncipe de Asturias. Aunque cada vez se oyen más voces cualificadas, como el Sindicato de Periodistas de Cataluña, que advierten de que la profesión del periodismo no tiene nada que ver con las prácticas de los cazadores de imágenes éstos siguen amparándose en el derecho a la libertad de información, que ejercen aún a costa de violar el derecho a la privacidad de las personas. Quienes sufren a los papara- zzi se quejan del acoso, las persecuciones e, incluso, los insultos que reciben. Se quejan de los métodos que emplean para fotografiarles en contra de su voluntad. Pero, al final, lo que se dirime en los tribunales es casi siempre la colisión de dos derechos. Por un lado, el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, recogido en el artículo 18 de la Constitución, y por otro, el derecho a la libertad de información, protegido en el artículo 20. Protección exagerada Carolina de Mónaco sí logró que la Justicia la protegiera La sentencia 2004 45 del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo respondía a una demanda de Carolina de Mónaco por la publicación de unas fotos robadas de su vida cotidiana. Sin embargo, marcó un antes y un después en la vida de las personas públicas, también las españolas, ya que nuestro país acepta la jurisdicción de este Tribunal. Según esta sentencia, no se es persona pública las 24 horas del día, sino cuando se asiste a actos oficiales, y sólo se justifica la intromisión en la vida privada de las personas si los hechos narrados contribuyen al debate de interés general en una sociedad democrática, ya que la Prensa ejerce así su papel esencial de perro guardián Pero, según el Tribunal, aunque Carolina de Mónaco es muy conocida por el público, la publicación de sus fotos sólo pretendía satisfacer la curiosidad de cierto público Y aunque existiese un interés del público, al igual que un interés comercial de las revistas que publican fotos y artículos, dichos intereses deben desaparecer ante el derecho de la demandante a la protección efectiva de su vida privada Lo ideal sería evitar que un derecho quedara supeditado al otro. Algunos juristas hablan de una protección exagerada del derecho a la libertad de información Sin embargo, si algo deja claro la juez de Toledo que ha llevado el caso de Ortiz, a pesar de haber rechazado la demanda, es que a la hora de informar no todo vale. Así, después de dar un varapalo al abogado autor de la demanda, la titular del Juzgado de Primera Instancia número 3 de Toledo sugiere a Telma que plantee de otra forma la demanda civil o que acuda a la vía penal, y se dirija contra quienes concretamente le están haciendo la vida imposible: los paparazzi. En el escrito la juez afirma que, aunque la Constitución prohíba la censura previa sí se pueden adoptar correctamente medidas cautelares contra quienes conculquen de forma sistemática los derechos de las personas enarbolando la libertad de expresión o información (Pasa a la página siguiente)