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ABC DOMINGO 18 s 5 s 2008 Ante el XVI congreso del PP s La estrategia del presidente popular ESPAÑA 19 Rajoy pide inteligencia en el mensaje Después del conflicto abierto por María San Gil, el presidente del PP ha hecho llegar el mensaje de que seguirá la renovación aunque también está dispuesto a contar con todos los que quieran colaborar y reclama cambios en la táctica ÁNGEL COLLADO MADRID. Mariano Rajoy aguanta, no da señales de que vaya a renunciar, que es el único objetivo de los descontentos con sus primeros pasos para la renovación del partido, pero tampoco acaba de encarrilar el congreso de junio. Los disidentes, dispersos, no se organizan ni articulan un frente de oposición como alternativa para la asamblea. Sin peso en la organización excepto en Madrid, son jaleados desde fuera por un entorno que ha cambiado la conspiración por el acoso y derribo de Rajoy, pero siguen sin cabeza. La inevitable crisis precongresual y posderrota electoral se enquista en el PP sin abrir cauces de debate claro sobre tácticas o programas. El último episodio del embrollo, el de la confianza en Rajoy perdida por María San Gil, resume la cuestión: nuevo problema y desgaste para la autoridad del jefe pero también indiscutida dirigente tocada en su propio prestigio interno. Además, panorama más negro para el PP ante las próximas elecciones autonómicas vascas. En pleno trauma por la desafección de San Gil, Rajoy se ha encargado de difundir el mensaje de que ya sabe que quieren echarle, pero que no está dispuesto a renunciar porque cree contar con al menos el 80 por ciento del partido, porque así se lo han pedido todas las organizaciones regionales excepto Madrid y porque se siente con fuerzas y ánimo para sacar el partido adelante y cumplir con sus obligaciones de hacer oposición, que para eso le han votado 10,3 millones de españoles. La firmeza de Rajoy, apoyada también en la idea de que desde fuera del PP no se puede marcar la línea al partido como pretenden algunos medios, ha llegado a los círculos del Grupo Popular más críticos con Rajoy por medio de dos ex ministros y para desaliento de los opositores, sólo pendientes de una dimisión que abra del todo la pelea en el partido. Pero hasta en eso están divididos los discrepantes. Unos quieren la vuelta de la vieja guardia en genérico, otros que Rodrigo Rato se plantee el regreso a la política, y un tercer grupo una revolución generacional en beneficio de los menores de cuarenta años. Ahí están los nombres que han sonado estos días: Gustavo de Arístegui, Juan Costa, José Ignacio Echániz o Alejandro Ballesteros. Pero los aludidos niegan en público lo que se les atribuye en privado. Como la primera conclu- Mensajeros Rajoy sabe que quieren echarle, pero no está dispuesto a dimitir ni adelantar el nombre del secretario general para que no le quemen Considera que desde fuera del PP no se puede marcar la línea al partido como pretenden algunos medios sión que sacó Rajoy del conflicto con San Gil es que la dirigente vasca no hubiera saltado a la arena de los críticos si él se hubiera ocupado del problema antes y personalmente- -lo hizo para darla la razón como consta en la ponencia, pero no llegó a tiempo- -ahora se quiere ocupar de todo. Arístegui ha tenido su hora de gloria al convocar a los medios para su entrevista con Rajoy. En breve conversará con Jaime Mayor Oreja, el más celoso defensor de los principios del PP en esta crisis. y repetirá, a solas, con San Gil bajo promesa de discreción absoluta por parte de ambos. En la dirección del PP habían dado instrucciones de evitar cualquier crítica o comentario contra San Gil para no agravar el conflicto. Al no poder contar ahora con la labor del secretario general, Ángel Acebes, en este tipo misiones delicadas porque el responsable ha quedado en funciones la consigna no se ha cumplido. Rajoy sigue decidido a hacer cambios y se guarda celosamente el nombre de su secretario general para retrasar todo lo posible la campaña de desgaste que le aplicarán en cuanto salga a la luz pública. Habrá renovación, pero también integración de todo el que quiera colaborar es la máxima repetida en su equipo. El problema con los descontentos es que en la oposición no hay cargos, sólo puestos de trabajo, la mayoría de escasa proyección, y fueron muchos los llamados cuando el PP creía que la victoria electoral era posible. El desaliento cunde en el PP ante la perspectiva de nuevos retrocesos electorales, aunque en la dirección del PP también destacan que el Gobierno tiene ante sí un panorama de crisis encadenadas- -terrorismo, economía, agua, inmigración o financiación autonómica- -que permitirá al PP después de su congreso tener otra perspectiva como oposición responsable y con soluciones. Los posibles cambios a la hora de hacer oposición es lo que despierta recelos entre algunos críticos, un temor que alcanza el título de traición en ciertos aledaños del partido. Se apoyan en citas y actuaciones de Soraya Sáenz de Santamaría o José María Lassalle para denunciar una renuncia a los principios que no se han visto en público. Rajoy ha tenido que negar ese giro de fondo del partido ante la propia San Gil, En el PP se empiezan a confundir los hechos con las interpretaciones ajenas de los hechos y la ponencia no puede ser más contundente en la defensa de la idea de nación y del ordenamiento constitucional. Rajoy ha pedido una reflexión a los que temen el cambio. El 60 por ciento de los españoles nunca nos votaría o lo haría en contra, algo habrá que hacer viene a decirles para reclamar un debate sobre una nueva táctica que no haga que el PP esté tan mal visto en Cataluña o en el País Vasco. Con los datos electorales en la mano está claro que mientras Zapatero saque 17 escaños a los populares en las provincias catalanas, el centro derecha no podrá volver al poder. No es una cuestión de principios, sino de inteligencia en el mensaje Mariano Rajoy se siente con fuerza y ánimo para sacar el partido adelante y liderar la oposición al Gobierno de Zapatero JAIME GARCÍA