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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA Genoveva Mónica FernándezAceytuno Carla Royo- Villanova en el Valle de las Rosas de Bulgaria so con mucho interés, y mi suegra- -que ya usa los productos- también Cuando vi por primera vez un producto terminado en mis manos se me saltaron las lágrimas. Ahora no me puedo creer que ya esté toda la línea a la venta Una línea compuesta por seis productos- -crema hidratante facial, desmaquillador, tónico, nutritiva de noche, hidratante de cuerpo e hidra- gel calmante- -supervisados por Carla desde el principio hasta el fin. Me encantan todos aunque estoy especialmente orgullosa de algunos, como el hidragel, que en Bulgaria no se hace, y lo han elaborado especialmente para mí. Por cierto, les ha encantado a los hombres y se ha agotado ¡en tan solo diez días! Pero todos son buenísimos y con unas texturas ligeras que penetran rápidamente. El agua de rosas es maravillosa de verdad. Tiene tantísimas propiedades que te permite hacer el producto sin meter más ingredientes. Y los resultados en la piel son fantásticos. Al ser productos naturales los puede utilizar todo el mundo, incluso los niños o las personas con la piel muy sensible Insiste en hablar de lo que debe a la implicación de su familia y quiere dejar claro que esto no es un capricho. He arriesgado mi propio patrimonio, he puesto mi nombre a la línea y he renunciado a mi trabajo con Pedro del Hierro para sacar esto adelante. Creo que es garantía suficiente. No, no es un capricho. Me ha costado casi cinco años de tesón, de aguantar, de lágrimas y también de risas. No ha sido fácil ni rápido. Pero si he aguantado ha sido porque he creido que merece la pena y porque quiero que esto sea una historia de futuro enoveva no es mi abuela pero es como si lo fuera. Con los ojos cerrados, da la impresión de que repasa los capítulos de su vida, y que se acuerda del hotel Dos Naciones que tenía su padre en la frontera entre Portugal y España, en Verín, de donde era la abuela. La parte de atrás del hotel daba a la cárcel, y por sus rejas asomaban los brazos de los presos con monedas en las manos para que ella y sus hermanos les fueran a comprar tabaco. La más pequeña de las hermanas se llamaba Dosinda. Cantaba como los ángeles y los presos le decían canta Dosinda, canta Y cuando cantaba Dosinda, los presos callaban. Todo esto me lo contaba Genoveva cosiendo al sol con la máquina de coser Singer que aún está aquí, en el cuarto de la plancha. Entonces la tenía en la entrada donde le gustaba coser a Genoveva, al calor de la diminuta galería que es también recibidor de la casa, y en ese pequeño espacio lleno de telas y de sol, es cuando más feliz he visto a Genoveva. No tuvo una vida fácil. Su padre vendió el hotel y se fue de Verín diciendo que le daba mala suerte porque allí le murieron varios hijos. También Dosinda. Y en una aldea compró una casa grande con muchos ferrados de tierra, buscando una vida más sana que le costó su vida. Y por mucho que Genoveva rogó a su madre, aún joven y hermosísima, que no se casara, casó su madre con el administrador de la finca, que los arruinó a todos. Quizá por ello a Genoveva no le gustaba el campo. Se quedaba mirando el horizonte, y decía: Hija, vivir aquí es una condena Pero antes de irse, se encaramaba a los árboles para llevarse la fruta, que acarreaba en grandes bolsas como si no le pesaran. Siempre iba con tacones, hasta por la hierba. Y aún ayer, en un rato que la levantaron, me pareció que me miraba los zapatos. Ahora vengo de verla en esta tarde en la que oficialmente está con vida, respira y todo eso, pero para mí se ha ido, como si su ser ya no estuviera en ella. La vida no es un respirar sino un algo que, en Genoveva, se marchó esta tarde lluviosa de mayo. Descansa al sol y en paz, abuela. www. monicafernandezaceytuno. com G