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ABC SÁBADO 17 s 5 s 2008 La ley de inmigración de Berlusconi INTERNACIONAL 41 El Gobierno italiano intenta frenar las críticas y niega expulsiones masivas Napolitano exige que las medidas respeten los requisitos de urgencia y necesidad VERÓNICA BECERRIL SERVICIO ESPECIAL ROMA. En el céntrico barrio del Esquilino de Roma, a cinco minutos de la estación central de trenes y a diez del Coliseo, no se habla de otra cosa: ¿Qué va a pasar ahora? La preocupación se dibuja en los rostros de los indios, rumanos, eslovenos y demás inmigrantes que viven en uno de los barrios más multiétnicos de la capital italiana. Es el miedo a que la mano dura de Italia caiga indiscriminadamente sobre todos. Tras la detención esta semana de 400 inmigrantes acusados de robos, venta de droga y fomento de la prostitución, la comunidad extranjera tiene sus dudas sobre la aplicación de la futura ley de seguridad que el ministro de Interior, Roberto Maroni, presentará el próximo miércoles en el Consejo de Ministros de Nápoles. Entre los cinco puntos que contendrá el decreto ley, aparecen la clandestinidad, los ciudadanos comunitarios, los entes locales, nuevos delitos y la lucha contra la criminalidad organizada. Estas medidas son fruto de la psicosis en Italia después de episodios de agresión protagonizados por gitanos de etnia rumana. En Nápoles se lanzaron cócteles molotov contra las chabolas de los campos nómadas, y la prensa local habla de agresiones contra inmigrantes en la calle. La población decidió tomarse la justicia por su mano, actitud alabada en algunos sectores políticos. A las medidas que el ministro de Interior, Roberto Maroni, quiere aplicar para controlar la inmigración ilegal, se une la colaboración del ministro de Defensa, Ignacio La Russa, quien esta semana anunció otra novedad: la creación de patrullas de barrio que sustituyan al solitario policía. Policía rumana, ya que desde el país vecino llegó un apoyo logístico para ayudar o, quizá, controlar lo que se hace en Italia. El caso es que Rumanía ahora está con la mosca detrás de la oreja, como se suele decir, y ante el peligro de expulsiones indiscriminadas, pide más garantías a Italia. Pero Maroni, para evitar un conflicto diplomático, aclaró que en la emergencia de seguridad no existe una subemergencia Rumanía. No habrá expulsiones masivas- -intentó tranquilizar el ministro de Interior italiano- aclarando que la responsabilidad penal es personal, y sólo quien delinque, venga del país que venga, será castigado Mientras Maroni anunciaba esto, un policía que se está ocupando de los trabajos de reenvío a la patria de varios rumanos, explicaba a varias agencias italianas que están en marcha más expulsiones. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, se ha mostrado cauto sobre este plan, pero exige que para que las medidas entren en vigor inmediatamente deberán atender los requisitos de urgencia y necesidad Mientras, responsables de la Iglesia expresaron que hay que parar los extremismos contra los inmigrantes, y advirtieron que se puede caer en el racismo. Entre tanto, a la censura desde España por la política aplicada en Italia, se unió ayer la Unión Europea, con críticas a otro ministro italiano, el de Exteriores, Franco Frattini, quien propuso la revisión de Schengen, que diera paso a un Schengen 2 El portavoz de la Comisión, Pietro Petrucci, aclaró secamente al ministro que no hay ninguna intención de revisar el Tratado Policías italianos custodian a un grupo de once rumanos deportados a su país, ayer en el aeropuerto romano de Fiumicino EPA Un comisario con poderes especiales para aplicar el filtro en cada ciudad V. B. ROMA. Entre las medidas que el ministro de Interior italiano propone para controlar y poner fin a la emergencia de la inmigración clandestina, está el control de los visados turísticos y el nombramiento de un comisario especial en las principales ciudades. Una especie de sheriff que se ocupará única y exclusivamente de la inmigración y que se centrará en los campos nómadas, donde residen la mayor parte de los gitanos de todas las etnias que se encuentran en Italia. En cada campo se realizarán controles de las personas que viven en su interior. Quien no tenga papeles o trabajo, fuera, sin miramientos. Milán fue la primera ciudad en obtener la licencia, y Roma no tardó en pedir esta figura esencial como la definió el alcalde conservador de la Ciudad Eterna, Gianni Alemanno. El comisario tendrá poderes especiales sobre seguridad y solidaridad, sobre todo ante los menores y ancianos de los campos nómadas explicó el alcalde, quien calificó de invasión la presencia de gitanos de todas las etnias en Roma. Como no podía ser menos, la ciudad donde se produjeron los primeros altercados, Nápoles, se unió a la solicitud, seguida por Turín, que se ha puesto en lista de espera. Y puede ser que siga aumentando el número de ciudades que pidan la potestad de controlar desde sus ayuntamientos el flujo de inmigrantes. Un arma de doble filo, porque por un lado es verdad que aligerará la carga al Esta- Se trataría de equipos compuestos ni más ni menos que por cinco personas, a saber: un vigilante urbano, un policía, un carabinero, un policía financiero y, para que no falte nadie en el elenco, un militar. Para algunos, se pueden convertir en el terror de los inmigrantes en general, y no sólo de los ilegales o de los delicuentes El ministro lo justificó diciendo que simplemente viendo los uniformes prevendrán cualquier delito Podrían unir a este equipo a un miembro de la Uniformes contra el delito do, pero se puede convertir en un tú sí, tú no algo infantil, como cuando en el colegio se hacen equipos en función de las capacidades de cada uno. Hasta ahora, los comisarios de emergencia se habían creado por situaciones particulares de crisis, pero era un único nombramiento para todo el país. Como ocurrió con Gianni De Gennaro, encargado- -nombrado el pasado enero por el anterior Gobierno de Prodi- -de buscar una solución a la emergencia de las basuras de Nápoles, que parece que no ha conseguido encontrar hasta ahora, porque las basuras siguen apareciendo. Ahora, esta figura se convierte en un instrumento local de control.