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62 AGENDA Tribuna Abierta VIERNES 16 s 5 s 2008 ABC Alberto González Rodríguez Doctor en Historia Cronista oficial de Badajoz MEMORIA DE MANUEL GODOY ANUEL Godoy Álvarez de Faria Sánchez Zarzosa, el español de sangre no real que más poder, títulos y honores acumuló de toda la historia de España, nació en Badajoz el 12 de mayo de 1767 en el seno de una familia de mediana nobleza, de padre militar y madre de raíces portuguesas, camarista en la Corte de Carlos III. A los 17 años marchó a Madrid como Guardia de Corps, donde, a partir del conocido episodio de la caída de un caballo, su gallardía juvenil le granjeó el aprecio de Carlos IV y María Luisa de Parma. Aprecio que supo utilizar muy bien y que le abrió horizontes insospechados, que en carrera meteórica lo hizo pasar en cuatro años de simple Guardia de Corps a todopoderoso Primer Ministro, emparentar con la Familia Real por su matrimonio con la prima del Rey, y recibir, en acumulación sin precedente, todos los cargos y distinciones habidas y por haber, muchas creadas expresamente para él. M Ministro y amigo de toda confianza de Carlos IV y María Luisa de Parma, ejerció el poder en una de las coyunturas históricas más críticas para España, en un complejo panorama internacional de acontecimientos que lo arrollaban todo, determinando un marco de ajustadísimos equilibrios con muy escaso margen para la maniobra T an fulgurante ascenso, achacado a sus amoríos con la Reina; su ambición; la escasa formación y méritos para los altos cargos que ocupó, y su entrega a Napoleón, son los velos de la leyenda negra tejida por sus enemigos que todavía lo envuelve. Imputaciones, entre ellas las relaciones con la Reina, que siguiendo el camino abierto hace unos años por Carlos Pereira, Bullón de Mendoza o Seco Serrano, la historiografía moderna está esclareciendo como no exactas mediante a los trabajos de Emilio La Parra, Enrique Rúspoli, José Belmonte, Melón Jiménez y otros muchos autores, como los paisanos Limpo Píriz, o quien esto firma. Personaje de luces y sombras, tuvo desde luego aspectos censurables. Como las escandalosas relaciones con su amante Pepita Tudó, o poca prudencia en la ostentación de su posición y riquezas. Mas junto a ellos hay que considerar los positivos, que también los tuvo y no escasos. Buen conocedor de la historia, aficionado al arte y experto bibliófilo, lejos de ser el patán ignorante que presentan sus detractores, poseyó una estimable formación ilustrada, adquirida durante sus ocho años de estudio en el Seminario Diocesano de Badajoz, no inferior a la de otros políticos, incluso de nuestros días, que guió su actuación como gobernante e inspiró su interés por los problemas de una España que se propuso modernizar mediante iniciativas muy imaginativas, que aún sorprenden por su adelanto a los tiempos. Audaz, buen gestor, dotado de gran capacidad de trabajo; de carácter franco y abierto; tolerante y nada riguroso con sus enemigos, cualidades con las que sabía ganarse a cuantos le rodeaban fue, como acertadamente lo califica Emilio La Parra, un político nato y estadista de certero instinto que supo adivinar los planes de Napoleón para someter España, y en ocasiones adelantarse a ellos, como hizo con la Guerra de las Naranjas y el Tratado de Badajoz que la cerró. Ocasión en que, frente a la descarada codicia de Luciano Bonaparte, demostró también su honestidad. Bien cabe afirmar de él, pues, lo que Baltasar Gracián decía de la España de su tiempo: Que tuvo tales defectos que es como si no tuviera ninguna virtud; pero que al mismo tiempo tuvo tales virtudes que es como si no tuviera ningún defecto. M inistro y amigo de toda confianza de Carlos IV y María Luisa de Parma, ejerció el poder en una de las coyunturas históricas más críticas para España, en un complejo panorama internacional de acontecimientos que lo arrollaban todo, determinando un marco de ajustadísimos equilibrios con muy escaso margen para la maniobra. Lo que hizo que, como señala Jesús Pabón en la cita que ha hecho clásica Seco Serrano, en tan procelosa tempestad Godoy fuera no piloto, sino náufrago zarandeado por los elementos Pese a lo cual supo capear el temporal sin perder un solo palmo del territorio nacional. Lo que resulta altamente meritorio en un panorama en que las principales potencias europeas resultaron desmembradas, logrando todavía restituir a España la integridad territorial con la recuperación de Olivenza tras la Guerra de las Naranjas. Hechos que por sí solos lo hacen ya merecedor del reconocimiento de su patria y el recuerdo de la historia. unque no solo por eso, pues pese al torbellino exterior, cuyos problemas exigían toda su atención, fue capaz de desarrollar al mismo tiempo una eficaz política interior dirigida a modernizar España mediante acertadas actuaciones socioeconómicas, tutela de las libertades, creación de infraestructuras, mejora del ejército y la marina, o fundación y estímulo de todo tipo de centros e instituciones para el impulso y desarrollo de la industria, agricultura, comercio, ciencias, sanidad, artes, educación, enseñanza, y en general todos los campos del saber, la cultura y el progreso, a través de una política imaginativa plena de iniciativas novedosas. Hasta proyectó ocupar el reino de Marruecos mediante un ingenioso plan, frustrado por Carlos IV Todo bajo su obsesión por la educación para proporcionar a España, Pan, y las luces que traen el pan, y preparar los tiempos como expresa en sus Memorias. ¿Cuáles fueron la razones de su encumbramiento desde la nada en plena Revolución Francesa y su llegada al poder en tan difícil coyuntura, convirtiéndolo en lo que Lynch llama un estadista instantáneo En principio, paradójicamente, la misma confusión del momento. Y sobre ese fondo dos fundamentales: Una, la necesidad de Carlos IV de encontrar el personaje que encarnara la tercera vía. La figura nueva, independiente de grupos o intereses que lo condicionaran, sin otro respaldo ni lealtad que la de su hacedor y protector, capaz de superar las fracasadas políticas de Floridablanca y Aranda. La otra, sus propias condiciones personales. Esto es, alguien hechura directa del Rey. Que pese a lo que se ha dicho era quien realmente mandaba, como quedó de manifiesto, entre otras muchas ocasiones, cuando lo desautorizó en su política militar, con el resultado de su salida del poder en 1798; o cuando en 1808 se negó al traslado a Badajoz preparado por Godoy para salvarlo de Napoleón. Actitud que desembocó en el Motín de Aranjuez, derrocamiento del Monarca, y paso de la Corona a manos de José I. Y en lo que concierne a Godoy, su caída, tan fulminante como su ascenso; pérdida de cargos y honores; y destierro junto con sus protectores Carlos IV y María Luisa de Parma, perseguido a muerte desde entonces por su enemigo acérrimo, Fernando VII. Tras la muerte en Italia de ambos Reyes Godoy, huérfano ya de todo apoyo, marchó a Pa- A rís, donde durante treinta años luchó por la recuperación de sus títulos y bienes, sin ningún resultado. Hasta que anciano y pobre, olvidado y abandonado por todos, murió en la miseria el 4 de octubre de 1851 a los 84 años de edad, tras un destierro de 43. El más prolongado y patético sufrido jamás por ningún político español. Debido a su pobreza fue enterrado en una fosa común en la iglesia de San Roque, de la que, apiadado por su triste fin, lo sacó poco después uno de sus acreedores, el banquero José Javier de Ulibarren, para trasladarlo al modesto panteón del cementerio de Père Lachaise en que aún permanece. Entre las últimas voluntades expresadas en sus Memorias, Godoy repite la de volver a España y reposar en Badajoz. Deseo que siglo y medio después va a verse cumplido al fin por voluntad del actual Ayuntamiento pacense, que con el apoyo de las instituciones provinciales y regionales, y diversas instancias y colectivos sociales, ha acordado trasladar sus restos a la ciudad en que nació, para depositarlos con todos los honores en el monumento que hace dos siglos se acordó erigirle, y que aún se le adeudaba, pues tras su caída el proyecto resultó abandonado. Monumento- -obra en bronce a gran tamaño de figura entera, obra del escultor Luís Martínez Giraldo, sobre pedestal de mármol portugués- -que en acertada decisión de acusado simbolismo, se elevará en el lugar donde estuvo el Seminario Diocesano San Atón en que el Príncipe de la Paz cursó sus estudios y adquirió la formación que cimentó su política. T ras dos siglos de olvido, merced a una decisión de obligada justicia histórica y de generosidad por parte de sus paisanos, Godoy, el político que completó España, vuelve a casa con todos los honores. Hecho que hace que hoy, 12 de mayo de 2008, 241 aniversario de su nacimiento, su patria pueda enorgullecerse de recuperar a una de sus figuras más insignes. Sirva como expresión de su pensamiento, y como mensaje a sus compatriotas de hoy a través del tiempo, la respuesta que Godoy dio a Napoleón cuando, en Bayona, éste le imputó su negativa a entregarle los terrenos comprendidos entre el Ebro y los Pirineos para evitar la invasión de la península: Señor, la integridad de España, la reunión de sus provincias bajo un solo soberano, ha costado muchos siglos de guerras y discordias; volver a verla dividida era empresa contra la que se levantaba mi alma (Memorias, XXXIV p. 367)