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ABC VIERNES 16 s 5 s 2008 MADRID 55 El sudor y la lágrima Chucho Valdés y Pablo Milanés presentaron Más allá de todo su primer proyecto conjunto, pero el público se puso en pie cuando el pianista se quedó solo en el escenario POR IGNACIO SERRANO FOTO ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. La Nueva Trova cubana llegó a una España en transición en la que muchos se lanzaron cómoda y ciegamente a la idolatría hacia sus autores señeros, aquellos que, tácitamente, se alzaron como símbolos de la entonces icónica revolución castrista- -por cierto, ¿qué les parecerá Raúl? Aunque en lo político ahora las modas tiran por otros derroteros, en estas citas sigue flotando un aire de revival progre que a algunos sienta más que bien, a juzgar por algunas de las caras que ayer esbozaban sonrisa a la salida del Palacio de Congresos- -que no se llenó- Dicen algunos que en aquella época, o eras del bando de Silvio Rodríguez o lo eras del de Milanés. Aunque seguramente el primero era más divertido, los conciertos de ambos artistas podían ser tan festivos como lacrimosos, pero en el caso de Milanés, una excesiva tendencia hacia la segunda opción le ha acabado granjeando unos pocos detractores, algunos de los cuales andaban ayer por el pabellón de Ifema, deseosos de ver a Chucho en directo más que otra cosa. Valdés y Milanés siempre han sido amigos, pero nunca se habían puesto a componer juntos un álbum entero. Más allá de todo es un proyecto que se inició hace cuatro años, y que fue cociéndose a fuego lento, según Chucho iba entregando a Pablo una serie de composiciones musicales para que les pusiese letra. Anoche, con una media hora de retraso que cabreó a algunos, los dos comparecieron en escena vestidos de El cantante Pablo Milanés y el pianista Chucho Valdés presentaron Más allá de todo pantalón negro y camisa blanca para presentarlo, comenzando con Si ella me faltara alguna vez -que recogió algunas notas blueseras de Chucho- Yolanda con un final milimétrico y La felicidad que fueron algunas de las tonadas clásicas de Milanés más aplaudidas. Pero cuando el pianista se quedó solo para tocar Caridad Amaro (de Calle 54) y Havanera de Lorraine las ovaciones fueron sonando más y más fuerte hasta que el auditorio se puso en pie con Ernesto un colorista y enérgico homenaje a Ernesto Lecuona. Cuando volvió Milanés, Mary y Días de otoño rebajaron las palpitaciones, y el piano, frenado por el lagrimón, sólo volvería a bailar levemente con la risueña Choteo Aun- ÁNGEL DE ANTONIO que sabíamos a lo que íbamos, algunos temíamos que el hijo del ilustre Bebo quedase maniatado por un repertorio sentimentaloide, y tras un amago latinjazzero allí y otro allá, nos llevamos la perra gorda, y nos fuimos a casa con las ganas de que se arrancase de verdad, con algún ritmo de los suyos, pelín cabizbajos, acogotados por el interruptus.