Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
50 MADRID Festividad del Patrón VIERNES 16 s 5 s 2008 ABC Un grupo de chulapos y chulapas da buena cuenta del chocolate con churros y porras La Pradera- mercadillo de San Isidro Miles de personas recorrieron ayer el lugar más emblemático para recordar al Santo Patrón s Muchas quejas de que la Pradera está perdiendo su esencia y su tradición s Las rosquillas compartieron espacio con las flores chinas y los collares de ébano africanos POR MARÍA ISABEL SERRANO FOTOS CHEMA BARROSO MADRID. Un chaval llenito de piercing y mochila a la espalda adelanta a la mujer vestida de chulapa de pies a cabeza por la avenida Quince de Mayo. Un poco más allá, el joven ecuatoriano vende gorrillas de pichi a 3 euros junto al tenderete de bolsos de plástico y cinturones de extenso colorido regentado por una familia china. Y ese barquillero que nos vende sus productos compartiendo espacio, literalmente, con el hombre africano, que ofrece collares y pulseras de ébano- -dice él- hechas a mano Todo ello es sólo una parte de la fotografía que recogimos ayer en la Pradera de San Isidro. Los tiempos cambian. No hay duda. Los más veteranos aseguran que, de aquí a poco, no van a ser capaces de reconocer este espacio dedicado a la fiesta mayor madrileña. Nada es ya lo que parece. Falta tradición y casticismo, se quejan muchos. Está bien que Madrid abra los brazos a todo el mundo, a todos los de fuera. Pero de ahí a perder nuestra identidad va una abismo comentaba apenada Rosa, 72 años, mientras hacía cola para beber el agua milagrosa del Santo. ¡Te la echan de una jarra, detrás de un mostrador. Qué impersonal! Esto ya no es la Pradera. Parece un mercadillo de pueblo se quejaba la anciana. Todos a su alrededor, asentían con la cabeza y con sus gestos. Madrileña de postín Sentados en el parque cercano a la calle de la Emperatriz Isabel, dentro de la Pradera, descansaba una familia entera engalanada de chulapos. Allí estaban tres generaciones. Rocío, de 54 años, miraba a su hija, de 27, y recordaba que ella ya iba a este sitio, el día del Patrón, cuando era jovencilla, de soltera aclara. Como sus parientes, Antonio Postigo, 71 años, y Valentina González, de setenta y ella se ha vestido de chulapa. Lo vive. Se siente madrileña de postín, auténtica, pero no le gusta que se esté diluyendo el casticismo. Valentina opina tres cuartos de lo mismo. Ella está bautizada en San Miguel, ahí al ladito, pero no vivió en el barrio porque en el año 37 estaban cayendo las bombas por aquí Antonio recuerda que, hasta no hace mucho, los alcaldes de la Villa y Corte se paseaban en carroza por la Pradera. Citan a Tierno Galván, a Barranco y a Álvarez del Manzano. De todas formas, escenario castizo o mercadillo de pueblo, la Pradera fue ayer un continuo desfile de personas. Grandes y chicos, de aquí y de fuera, rubios o morenos, de distintas nacionalidades. Vestidos de gato y de gata con o sin mantón de Manila, con gorrilla y chalequito, con clavel en el pelo o en el ojal. Jovencitas enseñando ombligo en una panda donde alguno de ellos lucía rastas en la cabeza y pantalones arrastrando por el suelo que nunca sabes dónde está la cintura: si ahí o cerca de la rodilla... A tope de modernos. Unos paseaban y compraban; otros vendían y hacían su particular agosto el 15 de mayo. Todos querían pasarlo bien. Miraban mucho al cielo, gris oscuro a base de nubarrones. La lluvia respetó el festejo. Los hubo madrugadores para cumplir con la tradición de beber el agua milagrosa y oír misa. Hubo una casi a cada hora en punto de la mañana. Sin embargo, otros llegaron a la Pradera más tarde porque prefirieron la misa de doce, en la Real Colegiata de San Isidro, en la calle de Toledo, que la presidía el cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco. Familias enteras cargaban con sus bolsas y sus tarteras a la hora de la comida. Buscaban un poco de cesped liso para extender sus viandas, traídas de casa. Mucho bocadillo y tortillas de patata. Los hubo que prefirieron abastecerse en los chiringuitos. Entresijos, gallinejas, raciones de callos, de pimientos verdes, de morcilla, lomo, panceta o pinchos morunos. Antes, muchos ya habían dado buena cuenta del chocolate con churros y porras. De postre, o no, las rosquillas del Santo. No podían faltar. Menú y postre