Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 16 s 5 s 2008 ESPAÑA 23 Confianza y derecha moderna María San Gil y su órdago son un elemento más en una estrategia de acoso a Rajoy que se va coordinando. Digo acoso porque no hay una acción política para presentar en junio una alternativa con un proyecto concreto y unos candidatos con nombres y apellidos ponencia política preparada para el próximo congreso del PP, la que San Gil no quiso firmar porque, antes de leerla quiere que le hablen de una determinada manera. Al fin y al cabo, ella misma ha afirmado que el texto recoge sus aportaciones. Ni el sistema de organización del PP, que al parecer le da poderes para adelantar ella sola el congreso del partido en el País Vasco ante la perplejidad de sus militantes. Ni ninguna actuación concreta del PP en sus documentos o en su actividad parlamentaria, porque ninguna ha sido denunciada, aunque ya ha habido algún manager de María San Gil que ha dicho que el PP de Vizcaya ha perdido el norte como, según añaden ahora, buena parte de los dirigentes de Álava. ¿Qué debería hacer Rajoy en estos trepidantes cuarenta días? Por lo que la presidenta del PP en el País Vasco ha contado parece que le ha molestado que algunos de sus compañeros en la redacción de la ponencia, o el moderador designado por Rajoy, quisieran, por decirlo de alguna manera, dar libertad a las organizaciones regionales para establecer sus estrategias ante partidos nacionalistas concretos (lo que deseaba José Manuel Soria para preservar sus pactos con Coalición Canaria) moderar el tono de las referencias al PNV (lo que pretendía José María Lassalle) o discutirle- -asunto más tenebroso por falta de explicaciones- el concepto de nación inane y la hipotética vuelta a los principios y esencias del PP indemostrable. Pero María San Gil y su órdago son un elemento más en una estrategia de acoso a Rajoy que se va coordinando. Digo acoso porque no hay una acción política para presentar en el congreso de junio una alternativa con un proyecto concreto y unos candidatos con nombres y apellidos. Los acosadores, dispares e imposibles de identificar con los mismos rasgos, tienen, sin embargo, algunos elementos comunes. Hay en ellos, para empezar, una pulsión, disimulada a veces, evidente otras, a negar que sus posiciones políticas forman parte de la popperiana sociedad abierta es decir, el escenario de libertad en el que hay que discutir legítimas opciones políticas y conseguir el apoyo de los electores para que formen parte de un proyecto gubernamental. Así, unos niegan cualquier carácter razonable a los demás bien poniendo en duda las elecciones que le dan el poder o incluyendo en el totalitarismo que debe ser enérgicamente combatido cualquier opción que no Germán Yanke sea la suya. O enarbolando esencias de la patria y la organización social que sólo ellos interpretan correctamente. No es que defiendan con más energía las posiciones de la derecha, sino que se inclinan hacia el dogmatismo, hacia una doctrina que no está sometida a verificación o a la prueba del error. O tiene para ellos un ascendente moral que falta a los demás o responde a la nostalgia de un pasado visto como idílico y que debe recuperarse. El radicalismo verbal y la exageración casan bien con estas posiciones: su papel no es convencer al adversario o al discrepante, sino subrayar el dogma y exigir confianza. A Rajoy, desde las elecciones del 9 de marzo hasta el momento, se le ha opuesto esa doctrina y la afirmación de su falta de liderazgo, que es lo que al parecer le dijo María San Gil en la reunión que tuvieron el miércoles en Vitoria. Pero ya vamos viendo que, para algunos al menos, la falta de liderazgo se confunde con la resistencia a una derecha integrista. Yo no sé si el actual candidato a seguir dirigiendo el PP es capaz de convertirlo en el partido de la derecha moderna, pero parece que sus enemigos si lo creen. Derecha integrista Vaya, ahora resulta que María San Gil le da cuarenta días a Mariano Rajoy para que rectifique y, así, pueda recuperar su confianza. ¿Qué tiene que rectificar el presidente del PP para conseguir tal bendición? Si uno se pone a pensar en ello comprueba lo estrafalario de este asunto, en el que si nadie dice todo lo que piensa y quiere, las explicaciones rebajan aún más el tono del debate intelectual de la derecha española. Porque parece que no se trata de rectificar el contenido de la Recuperar la confianza Pero nada de lo que en este terreno pudiera molestar a San Gil ha quedado reflejado en el texto, con lo que se entiende que Rajoy debería reñir a Soria, anunciar públicamente que no se puede discutir con San Gil o reconocer que, en contra de lo que se pudiera pensar, es más amigo de ella que de Lassalle. ¿Sería un modo de recuperar la confianza? Quizá, pero su valor político sería