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16 ESPAÑA LA OFENSIVA ETARRA ÚLTIMO ADIÓS A UN SERVIDOR DE ESPAÑA VIERNES 16 s 5 s 2008 ABC La viuda de Juan Manuel Piñuel sostiene el tricornio de su marido y la bandera de España que cubría el ataúd durante el entierro, en Málaga, del agente asesinado por ETA REUTERS Vivas a España y a la Guardia Civil durante el funeral en Vitoria del agente asesinado Los Príncipes de Asturias presiden las honras fúnebres en la Catedral Nueva s Cientos de personas acompañaron a los familiares y los compañeros de la víctima ALBERTO LARDIÉS VITORIA. Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias presidieron ayer en Vitoria el funeral por Juan Manuel Piñuel, el agente de la Guardia Civil asesinado por ETA en la casa cuartel de Legutiano. Además de numerosas autoridades, a la Catedral Nueva de Vitoria acudieron cientos de personas que quisieron arropar a las dos familias del agente: la carnal, encabezada por su viuda María Victoria, y la de vocación al servicio de la sociedad, compuesta por sus compañeros de la Benemérita. Durante la emocionante ceremonia se oyeron vivas a España y a la Guardia Civil. Minutos antes del inicio del funeral llegaron a la plaza de la Catedral los Príncipes de Asturias entre los aplausos de todos los congregados. Les acompañaron en la escalinata del templo el presidente de Senado, Javier Rojo; la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega; el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; la titular de Defensa, Carme Chacón, y el lendakari, Juan José Ibarretxe, entre otros muchos políticos y miembros de la Policía, la Guardia Civil y la Ertzaintza. Todos esperaron en silencio la llegada del féretro. Casi al mismo tiempo el coche fúnebre partió desde el cercano edificio de la Subdelegación del Gobierno. Detrás marchaba la viuda, María Victoria, desconsolada. Pese a que un miembro de su familia y un mando del Cuerpo la sujetaban por los brazos, su único asidero emocional era el tricornio con el que su marido sirvió a España. Lo agarraba con sus manos como si agarrase al hombre que los terroristas le han arrebatado vilmente. Junto a la esposa caminaba una comitiva formada por el resto de familiares y por los compañeros del agente, que portaban coronas de flores llegadas desde distintos puntos de España. El imponente silencio que reinaba en los aledaños de la Catedral mutó en un prolongado y solidario aplauso cuando a las diez y media en punto el coche fúnebre y la familia llegaron a la plaza donde se encuentra el templo. Después, se vivió otro momento emotivo cuando sonó el Himno Nacional mientras los compañeros de Juan Manuel, con la tristeza y la rabia en su rostro, pusieron sobre sus hombros el ataúd para llevarlo al interior del templo. Un templo que se quedó pequeño para acoger a los cientos de asistentes que con su presencia lograron dar algo de aliento a los familiares y amigos del agente. Durante la homilía, el obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, condenó a los autores materiales y a los colaboradores del atentado, se preguntó irónicamente si así se sirve al bien del pueblo vasco y afirmó que el brutal crimen no ha servido para nada. Además, recordó el sufrimiento atroz de los familiares del agente- -en especial el de si viuda y el de su hijo- -y quiso hacer un tributo a los miembros de la Guardia Civil, que pese al dolor mantienen la dignidad y su compromiso de servicio a España, a las personas y la convivencia pacífica Las decenas de personas que no pudieron acceder al templo, pero que permanecieron fuera para tomar parte en el adiós a Juan Manuel, comentaban lo evidente. Este señor no tenía culpa de nada y Aferrada al tricornio