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ABC JUEVES 15 s 5 s 2008 JUEVES deESCENA 91 TEATRO INTERNACIONALsLONDRES La pena en observación de Vanessa Redgrave La veterana actriz protagoniza en el National Theatre londinense el monólogo The Year of Magical Thinking de la estadounidense Joan Didion POR EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. ¿Puede un hombre que muere en Nueva York seguir viviendo en Los Ángeles mientras se cubre la diferencia horaria? Hasta la mente más racional se disloca con la locura que provoca el dolor por la muerte de los seres más queridos. Es lo que la novelista y ensayista estadounidense Joan Didion llama pensamiento mágico y lo que relata en The Year of Magical Thinking una obra autobiográfica que examina con asombro su propia capacidad de fantasía y huida de la realidad en el año que siguió a la muerte de su marido de un ataque al corazón, el 30 de diciembre de 2003. Estrenada en Broadway, la obra ha llegado ahora al National Theatre de Londres con el monólogo a cargo de Vanessa Redgrave y con textos supletorios escritos por Didion para incluir también la pena por el fallecimiento de su única hija, muerta a consecuencia de una larga enfermedad de páncreas 18 meses después de la desaparición del padre y marido, John Gregory Dunne. Vanessa Redgrave aguanta todo el peso de la representación salvando las dificultades de una sala excesivamente grande para una pieza tan intimista. Su calidez, en contraste con el perfil más frío de Didion y el estilo refinado con que ésta escribió la obra original, permite establecer una rápida relación entre la actriz y el público. Redgrave pasa de lo terrible a lo sublime, de la rabia a la risa, sin perder credibilidad en el tránsito entre ambos polos. El esfuerzo por la sencillez en la dirección del veterano David Hare (guionista de Las horas y un decorado que acota tanto el relato como el espacio- -imágenes marinas cuando se habla de la infinitud, una cortina negra cuando aprieta la congoja- -contribuyen también a seguir el monólogo y los gestos de Redgrave. Como en el clásico Una pena en observación de C. S. Lewis, en The Year of Magical Thinking hay un esfuerzo analítico con el expreso deseo de no caer en el fácil sentimentalismo. Se puede asistir a la confidencia de esas penas, sintiéndolas muy próximas, sin llorar. Pero a diferencia del intento racional de Lewis, Didion tiene un planteamiento más intuitivo, procediendo al avance mediante la oposición de emociones. DANZA Permíteme bailarte Dirección artística: Aída Gómez. Coreografía: Mariemma, A Gómez, R. Olmo, C. Lozano. Música: Varios autores. Principales bailarines: Aída Gómez, Rubén Olmo, Christian Lozano. Lugar: Teatro Albéniz, Madrid Elogio de la valentía JULIO BRAVO La aventura que acaba de emprender Aída Gómez (una de las grandes bailarinas que tiene la danza española en nuestros días) merece el más agradecido de los aplausos. La artista ha huido de lo fácil en su nuevo montaje y navega contracorriente al recuperar un estilo semienterrado- -la escuela bolera- prácticamente desconocido por el público, incluso el que acude regularmente a los teatros a ver espectáculos de danza española; y que los jóvenes estudiantes y profesionales apenas han tratado y, mucho menos, visto si no es en grabaciones antiguas. Por eso el gesto de Aída Gómez es tan valiente y arriesgado como plausible. La escuela bolera es uno de los pilares sobre los que ha crecido el clásico español un estilo a menudo confundido con el flamenco, porque ambos se han contaminado positivamente a lo largo del tiempo. La evolución de la escuela bolera, sin embargo, tiene muchos claroscuros, y ha generado discrepancias entre quienes la han conservado con afán casi museístico y quienes han optado por modernizarla. Aída apuesta por esta segunda vía, y el baile que se ve en este espectáculo es brioso y contemporáneo. Permíteme bailarte es el título del espectáculo, en el que Aída Gómez demuestra su excepcional calidad técnica, su expresividad y su cada día más seguro baile; sobre el escenario la acompañan un sobresaliente Rubén Olmo- -que baila con Aída un paso a dos coreografiado por él mismo que es, sin ninguna duda, lo mejor del espectáculo- el más que correcto Christian Lozano y un cuerpo de baile joven, con los inconvenientes y las ventajas que eso supone, y esperanzador. Al espectáculo- -atractivo en general- -le falta, sin embargo, garra y redondez, y le sobran ciertas gotas de mal gusto; la criatura acaba de nacer, y es de esperar que con el tiempo y las funciones mejoren algunos desajustes en el ritmo, se limpien algunas coreografías que se ven algo enredadas y adquieran peso específico algunos bailarines todavía tiernos. Vanessa Redgrave, en un momento del monólogo Su mensaje final es que la muerte no puede ser vencida ni la pena negada, y que si bien es comprensible el desesperado deseo de controlar lo incontrolable- -el pensamiento mágico que genera alucinaciones ABC en ese estado y que llevó a Didion, por ejemplo, a tener preparados los zapatos de su marido para cuando volviera uno debe sobreponerse y adecuarse a la realidad tras un justificable margen de tiempo. TEATRO Yo me subí a un piano verde Autor: Millán Salcedo. Dirección: Paco Mir y Joan Gracia. Escenografía: Konkret Estudio. Iluminación: Nicolás Fischtel. Vestuario: Irantzu Ortiz. Intérpretes: Millán Salcedo y César Belda (piano) Lugar: Teatro Infanta Isabel. Madrid Empanadillas de humor JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Las empanadillas de Encanna, claro, y también juegos de palabras, collages, imitaciones, ono- matopeyas, canciones, proyecciones, un montón de miradas hacia atrás sin ira, mucho humor y muy buen rollito. Todo eso hay en Yo me subí a un piano verde el espectáculo en el que Millán Salcedo revela que la ilusión de su vida siempre fue representar a España en el Festival de Eurovisión y donde la legión de admiradores de Martes y 13 puede encontrar en su salsa a una de las mitades del recordado dúo humorístico. Si hubiera que definir de algún modo este divertido conglomerado multiforme y plural, que seguramente cambia en cada función según soplen las musas del oficiante y el público del día, podría decirse que es una especie de recorrido autobiográfico salpicado de meandros y deri- Millán Salcedo ABC vaciones para deleite de un respetable que, seguramente, acude al Teatro Infanta Isabel intuyendo más o menos lo que va a encontrar y no sale defraudado. Acompañado por César Belda, enorme pianista en todos los sentidos, entre ellos el del humor, Millán Salcedo demuestra la versatilidad de su talento cómico mezclando confesiones personales con la proyección de viejas fotografías familiares y profesionales, caricaturas gestuales al minuto y vídeos televisivos de su pasado artístico, música y palabras, todo en un personalísimo espectáculo continuamente salpicado por las risas de los espectadores, que rinden con ellas tributo tanto al personaje querido como al estupendo humorista.