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18 ESPAÑA ETA ASESINA A OTRO GUARDIA CIVIL EL DOLOR DE LA FAMILIA JUEVES 15 s 5 s 2008 ABC Emoción en la capilla ardiente A la altura del luto por Juan Manuel Piñuel, las autoridades le rindieron sentido homenaje en su visita a la capilla ardiente instalada en Vitoria, en la que estuvieron (aunque no coincidieron) Zapatero y Rajoy S. E. VITORIA. A las cinco de la tarde de ayer quedó instalada en la sede de la Subdelegación del Gobierno en Álava la capilla ardiente del guardia civil Juan Manuel Piñuel, después de la llegada de su viuda, quien, acompañada por dos de sus hermanas y destrozada por el dolor, se había desplazado a media mañana desde Málaga en un vuelo a Vitoria fletado especialmente para los familiares del agente asesinado en el salvaje atentado. En primera instancia fue Alfredo Pérez Rubalcaba quien se ocupó de atender a la familia Piñuel y se encargó de encabezar la organización de las honras fúnebres en su calidad de titular del Ministerio del Interior. Después, pudieron expresar sus condolencias a los allegados de la víctima tanto el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como el líder de la oposición, Mariano Rajoy, que decidieron viajar a Álava en cuanto tuvieron noticia del ataque al cuartel de Legutiano. A las seis de la tarde, el avión en el que viajó Mariano Rajoy, acompañado por Soraya Sáenz de Santamaría, aterrizó en el aeropuerto alavés de Foronda, donde les esperaba María San Gil junto a la plana mayor del PP vasco. La escenificación de armonía en esos momentos de duelo estuvo a la altura de las circunstancias (a pesar de la rueda de prensa de la presidenta de los populares vascos por la mañana) y San Gil recibió al líder de su partido con gestos de afecto y cercanía que fueron correspondidos por Rajoy. En ese comité de recepción estuvieron también el secretario general del PP vasco, Carmelo Barrio, el portavoz Leopoldo Barreda, el presidente del PP de Álava, Alfonso Alonso, el presidente de la formación en Vizacaya, Antonio Basagoiti, el secretario general de los populares alaveses, Iñaki Oyarzábal, y la presidenta del PP guipuzcoano, María José Usandi- La viuda del agente asesinado, a su llegada a la capilla ardiente, en la subdelegación del Gobierno zaga. A continuación, todos se trasladaron a la sede de la Subdelegación del Gobierno para brindar su solidaridad y su apoyo a la viuda de Juan Manuel Piñuel. Poco antes, Zapatero había llegado a la capilla ardiente con el presidente del Senado, Javier Rojo. Tras expresar sus condolencias a la familia y saludar a las autoridades, el presidente del Gobierno depositó sobre el féretro, envuelto en la bandera nacional, la Cruz de Oro del Mérito de la Guardia Civil. A continuación, el jefe del Ejecutivo se trasladó a los dos hospitales vitorianos donde permanecían ingresados los tres heridos, a los que deseó una pronta recuperación. Zapatero encontró a los agentes convalecientes muy enteros La comitiva institucional y EFE Clima de respeto El presidente impone a Juan Manuel Piñuel la Cruz de Oro POOL Rodríguez Zapatero se encontró con Ibarretxe, pero no con Rajoy, que llegó después con María San Gil de miembros del Partido Socialista que arropó al presidente del Gobierno estuvo compuesta, además de por Rubalcaba y por el delegado del Gobierno en el País Vasco, Mikel Cabieces, por el alcalde de Vitoria, Patxi Lazcoz, el secretario general del PSE, Patxi López, el líder de los socialistas alaveses Txarli Prieto y el único concejal del PSE en Legutiano. Más llamativa fue considerada la presencia de la dirigente de EB- IU Kontxi Bilbao, en plena deriva de esa formación, que se viene desmarcando sistemáticamente de los criterios de la Dirección Federal de Izquierda Unida y que está abortando en muchos pueblos las mociones éticas para desalojar a ANV de las instituciones. También la plana mayor del PNV quiso ayer estar presente en la Subdelegación del Gobierno en Álava para dar el pésame a la familia de Piñuel. Antes de las seis de la tarde llegó al recinto Juan José Ibarretxe, acompañado por el consejero de Interior, Javier Balza. Por la mañana, en una comparecencia pública convocada para condenar el atentado, el lendakari había aprovechado la