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ABC MIÉRCOLES 14- -5- -2008 Bob Dylan abrirá en Zaragoza, el 23 de junio, su gira de verano en España 89 que se graduó no estrenó su primera camisa de verdad Todas las anteriores se las había hecho con retales de esto y de aquello su madre, que llegó a confeccionarse una falda con la parte posterior del traje con que enterraron a un pariente difunto. De su madre asimiló entonces Rauschenberg- -por cierto, nacido Milton Ernest y sólo de mayor rebautizado Robert- -la idea de que no hay que tirar nada y que todo se aprovecha. Esta idea floreció al pasar por el mítico Black Mountain College en Carolina del Norte, donde muchos artistas de su generación iban buscando la formación a la vez heterodoxa y severa de Josef Albers. A Rauschenberg le llevó a rastras su entonces novia y más tarde esposa y madre de su único hijo, la también pintora Susan Weil, una neoyorquina a la que conoció en París. El poder de Rauschenberg residió siempre en no respetar nada tanto como el cambio y la capacidad de adaptación a lo nuevo. Él se adaptó incesantemente, hasta el último día de su vida en la isla de Captiva en Florida. Allí fue juntando tierra- -convirtiéndose en algo así como el amo de llaves de las propiedades de todos sus vecinos- -hasta agregar un fabuloso complejo de nueve estudios y varias viviendas circunvalando una piscina. Allí acometió sus postreras obras mayo- Adaptación a lo nuevo cuando ya tenía al público y a los críticos en el bolsillo, se volvía a arriesgar a ponerles furiosos y en fuga. Él mismo era el primero en admitir que no necesariamente acertaba siempre. Pero eso le tenía sin cuidado. El exceso de celo y de perfeccionismo son antiartísticos, afirmaba con desparpajo. Así pastoreó el arte americano hacia el pop y todo lo que de él cuelga, una fascinante efervescencia en la que es mucho más fácil aflorar que mantenerse. Él fue el primero que recogió desechos en la calle para reciclarlos en arte, que rompió las barreras entre la pintura y la escultura, que diseñó portadas de discos- -es mítico su trabajo para los Talking Heads- -y que se metió incluso a bailarín. Jugar con el público Retroactive I (1964) una de sus obras más célebres ABC Robert Rauschenberg fue el primero que recogió desechos en la calle para reciclarlos en arte res, algunas de varios kilómetros de extensión. Su ambición se expandió hasta el fin, sin contraerse nunca. Si sus estridencias podían hacerle sospechoso de buscar el éxito fácil, habla en su favor que una y otra vez se negó a repetir fórmula. Una y otra vez, Jugueteó incansablemente con su público, al que tan pronto emplazaba en el centro de la creación del significado como expulsaba a las tinieblas exteriores. Ejemplo de lo primero serían sus célebres cuadros en blanco, que lejos de ser presentados como pasivos se ofrecieron como hipersensitivos Rauschenberg aseguraba que esas telas eran capaces de captar las variaciones de actitud y de humor de sus espectadores. De lo segundo, cuando le pidieron un retrato y mandó un telegrama que rezaba: Esto es un retrato si yo digo que lo es El músico John Cage fue uno de los primeros que com- pró un cuadro de Rauschenberg cuando éste empezó a exponer en Nueva York. Rauschenberg invitó a Cage a su estudio, donde el improvisado mecenas descubrió con horror que el único asiento disponible- -un colchón- -estaba lleno de bichos que picaban como el demonio. Apiadado, ofreció al artista alojarse en su propia casa mientras él estaba fuera de Nueva York. Rauschenberg aprovechó para repintar de negro de arriba abajo su propio cuadro comprado por Cage, para incorporarlo así a su período negro recién inagurado. Cage casi lo mata. Luego se hicieron muy amigos. Ambos se consideraban muy afines en su manera porosa y ecléctica de crear, incorporando de todo, sin remilgos de alta o baja cultura, a la batidora de su propio y portentoso ego artístico. Más sustantiva aún fue la comunión con Jasper Johns, con quien compartió casa, macarrones e ideas. Tenían un pacto explícito para vampirizarse el uno al otro que todavía a día de hoy estremece a los estudiosos. En resumidas cuentas se ha muerto un poderosísimo transformador, una central nuclear del arte, alguien en quien el átomo de la creación se fisiona varias veces. No todo el mundo recordará necesariamente con agrado todos y cada uno de los cuadros de Rauschenberg, pero él no estaba para eso, sino para mover montañas y abrir paisajes. En eso fue único.