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42 INTERNACIONAL Elecciones presidenciales en EE. UU. s Las primarias MIÉRCOLES 14 s 5 s 2008 ABC Hillary acapara Virginia Occidental y cuestiona el futuro de Obama La senadora insiste en que su rival no conecta con la clase trabajadora blanca PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Con un apabullante margen de victoria, quizá el mayor acumulado por su candidatura durante todo este ciclo de primarias, Hillary Clinton ha utilizado su incuestionable victoria en las primarias celebradas ayer en el Estado de Virginia Occidental para demostrar las limitaciones electorales de Barack Obama de cara a las presidenciales de noviembre. Para la ex primera dama, cada vez resulta más evidente que su rival no termina de conectar en las urnas con la clase trabajadora blanca que tradicionalmente ha formado una de las grandes columnas vertebrales del Partido Demócrata de Estados Unidos. Aunque su triunfo tendrá un impacto más bien limitado a tenor del reducido número (28) de delegados en juego, la senadora por Nueva York se ha encargado de recordar la tradición electoral por la que desde 1916, ningún demócrata ha logrado llegar hasta la Casa Blanca sin ganar primero en Virginia Occidental. Un Estado de absoluta mayoría blanca y recursos económicos limitados que históricamente ha sido un feudo electoral del Partido Demócrata pero durante las últimas citas electorales, como el resto del Sur, viene pronunciándose cada vez más a favor de posiciones conservadoras. Si bien los reproches de Hillary Clinton contra Barack Obama pueden ser numéricamente ciertos- -sobre todo en lo referente a las particulares intenciones de votantes sin título universitario y que ganan menos de 50.000 dólares al año- -no dejan de plantear espinosas cuestiones de prejuicios racistas. Por mucho que el candidato afroamericano haya insistido desde un principio en que el color de su piel no es un factor a la hora de explicar ese agujero existente dentro de la entusiasmada coalición de votantes demócratas que ha logrado congregar hasta la fecha. En este sentido, y según las últimas cifras del censo fede- Hillary Clinton saluda a los asistentes a un acto celebrado en Logan, Virginia Occidental ral, Virginia Occidental era un escenario ideal para Hillary Clinton en su intento de cuestionar la viabilidad electoral de Barack Obama. Los negros únicamente representan un 3,3 por ciento de la población de Virginia Occidental, donde más de nueve de cada diez residentes son blancos. Además, su población tiene una edad media de edad de 40,7 años, cuatro años más que la media nacional. Solamente un 16,5 por ciento dispone de estudios universitarios, diez puntos por debajo de la media nacional. Y para rematar, los ingresos medios familiares en Virginia Occidental están 12.500 dólares por debajo del promedio nacional situado en torno a los 58.500 dólares. Ante toda esa pesadilla demográfica para Obama, el senador por Illinois ha optado por desperdiciar muy poco tiempo o recursos en Virginia Occidental pero sin dejar de com- REUTERS Desde 1916 ningún demócrata ha ganado la Casa Blanca sin ganar primero en Virginia Occidental portarse como si ya hubiera ganado la nominación del Partido Demócrata. Al margen del calendario de primarias, Obama hizo ayer campaña en Missouri y Michigan, jurisdicciones electorales decisivas de cara a las generales convocadas para dentro de seis meses. Y con una retórica cada vez más concentrada en atacar al candidato republicano John McCain. Además, la campaña de Obama ha empezado a asumir que Hillary Clinton, gracias a victorias como la de ayer en Virginia Occidental, va a seguir plantando batalla hasta el final del calendario de primarias. ESCENARIO EN 1960 PARA LA MITOLOGÍA KENNEDY El carrusel de primarias llega hasta Virginia Occidental, un lugar marginal en la política de Estados Unidos pero con un pasado legendario P. RODRÍGUEZ WASHINGTON. Virginia Occidental- -un pedazo de Virginia desgajado durante la decimonónica guerra de secesión- -no es precisamente la zona con mayor relumbrón de Estados Unidos. Muy a pesar de su espectacular belleza natural y de la canción de John Denver Take me home, country roads convertida en un clásico inmortal del karaoke. Su pobre economía gira en torno a la agricultura y materias primas como el carbón o la madera. Y su población envejecida, y con bajos niveles educativos, tiende a protagonizar el equivalente americano a los chistes de leperos. En consecuencia, la vida política de Virginia Occidental tampoco suele llamar mucho la atención. Y mucho menos todavía sus elecciones primarias, con un mínimo número de delegados en juego. Pero hace casi medio siglo, el camino hacia la Casa Blanca pasó decisivamente por allí para John F. Kennedy, demasiado joven, demasiado católico y demasiado fuera de los estándares que hasta entonces dominaban la política de Estados Unidos. El senador por Massachusetts disputaba en 1960 la nominación presidencial del Partido Demócrata con otros pesos pesados como Lyndon Johnson, Adlai Stevenson o Hubert Humphrey. Y aunque Kennedy había logrado perfilarse como front- runner gracias a New Hampshire y Wisconsin, la cita electoral de Virginia Occidental se planteó como una especie de reválida sobre sus posibilidades a nivel nacional. Al constituir un complicado tamiz de votantes protestantes para un candidato enfrentado a toda clase de prejuicios anticatólicos. Kennedy se embarcó en las primarias de Virginia Occidental, convocadas el 10 de mayo de 1960, en una reñida campaña contra el futuro vicepresidente Hubert Humphrey. Por entonces senador demócrata por Minnessota, convencido de que su estampa populista del medio- oeste tenía bastantes más posibilidades que el elitismo bostoniano atribuido a su rival. Entre temores a que un mal resultado alentase un vuelco del Partido Demócrata hacia un candidato con más experiencia y menos controversia, el clan Kennedy no dudó en utilizar todas sus conexiones, recursos y elocuencia. Con una urgencia alimentada por encuestas internas que llegaban a dar veinte puntos de ventaja a Humphrey, la campaña de Kennedy puso en marcha una sofisticada maquinaria política con operaciones en el medio centenar de condados que forman Virginia Occidental. Además de contar con una abrumadora financiación y utilizar figuras de prestigio para hacer mítines a su favor. Pero los historiadores insisten en que la clave de esa prueba de fuego electoral para Kennedy fue abordar directamente la cuestión religiosa, planteando toda la polémica existente como un pulso de la tolerancia contra la intolerancia. La cuestión religiosa En su maratón de apariciones públicas durante varias semanas por toda la montañosa geografía de Virginia Occidental, reforzado con un amplio despliegue de propaganda en radio y televisión, Kennedy repitió una y otra vez la ahora famosa frase: Me niego a creer que se me ha negado el derecho a ser presidente el día en que fui bautizado Argumentos que colocaron en una posición defensiva a su rival Humphrey, más a la izquierda pero incapaz de competir en dinero o habilidad electoral. Al final, y entre acusaciones más o menos legítimas de compra de votos, Kennedy logró imponerse en las primarias de Virginia Occidental con casi un 61 A la vista de esos resultados, Humphrey anunció inmediatamente su retirada. Mientras que John F, Kennedy terminaría por hacerse con la nominación y ganar la Casa Blanca, por una mínima ventaja, a su rival republicano, Richard Nixon.