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36 INTERNACIONAL Birmania, bajo el desastre del tifón Nargis MIÉRCOLES 14 s 5 s 2008 ABC La Naturaleza castiga a Asia Salvo los huracanes Mitch y Katrina, que azotaron el continente americano, todas las grandes catástrofes de los últimos años han afectado a Oriente, desde el tsunami que barrió el Índico en 2004 hasta el brutal terremoto que sacudió China en 1976 TEXTO Y FOTO PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL RANGÚN. Las fuerzas de la Naturaleza se han cebado con Asia. En sólo una semana, decenas de miles de personas- -probablemente más de 100.000- -han perdido la vida en este continente en dos de las mayores catástrofes naturales de los últimos años. Primero fue el ciclón tropical Nargis que oficialmente ha causado más de 60.000 muertos y desaparecidos en Myanmar (antigua Birmania) pero que, según la ONU, podría haberse cobrado más de 100.000 vidas. Este ciclón golpeó a la costa sur de Birmania el viernes por la tarde y el fin de semana azotó al delta del río Irrawaddy, donde viven la mitad de los 57 millones de habitantes de esta paupérrima y aislada nación del Sureste Asiático. De ellos, se calcula que unos dos millones se han quedado sin hogar y corren un grave riesgo de contraer enfermedades por la proliferación de epidemias. Mientras el mundo asistía impotente al drama de Birmania, donde el Gobierno de la Junta militar se está quedando con la poca ayuda humanitaria internacional que deja entrar en el país, un terremoto de magnitud 7,8 en la escala Richter sacudía el lunes a la provincia de Sichuan, en el suroeste de China. El balance provisional de víctimas asciende a unos 12.000 fallecidos, pero dicha cifra aumentará porque, sólo en la ciudad de Minyang, a cien kilómetros del epicentro del seísmo, hay más de 18.600 personas bajo los escombros. Dichas cifras convierten a este terremoto en la peor tragedia en el gigante asiático desde que, el 28 de julio de 1976, otro temblor de fuerza 8,2 devastara la ciudad de Tangshan, en la provincia de Hebei. Con 240.000 fallecidos, este seísmo es el más mortífero de la Historia moderna. Tanto el segundo como el tercero también tuvieron lugar en China, ya que 200.000 personas murieron el 22 de mayo de 1927 en Nanshan y otras 180.000 perecieron el 16 de diciembre de 1920 en Kansu. Curiosamente, en esta misma ciudad se produjo otro terremoto que aniquiló a 70.000 de sus habitantes el día de Navidad de 1932. Durante los últimos años, todas las mayores catástrofes naturales han castigado a Asia, salvo el huracán Mitch que mató a 9.000 personas al arrasar Centroamérica en octubre de 1998, y el Katrina que se tragó 1.600 vidas y asoló Nueva Orleans al pasar por Louisiana y Mississippi en agosto de 2005. De Indonesia a Bangladesh De todos estos desastres, el mayor fue el tsunami que barrió una docena de países del Océano Índico durante las Navidades de 2004, que exterminó a 240.000 personas, la mayoría en Indonesia. Pero, después de tan trágico episodio, Asia ha asistido a otras desgracias de proporciones bíblicas. Entre ellas, destacan el terremoto de magnitud 7,6 que causó 78.000 muertos en Pakistán en octubre de 2005 y el seísmo que en mayo de 2006 acabó con más de 6.000 personas en Yogyakarta, también en Indonesia. Hasta este mes de mayo, la última gran tragedia había sido el ciclón Sidr que exterminó a 3.300 personas en Bangladesh en noviembre del año pasado. Antes del tsunami, la Naturaleza también había llevado la destrucción a Asia con el terremoto de magnitud 6,5 que costó 26.000 vidas en Irán en diciembre de 2003 y el de 7,4 que mató a 17.000 personas en Turquía en agosto de 1999. Ocho años antes, en abril de 1991, otro ciclón asolaba Bangladesh y se cobraba 140.000 muertos y, en junio de 1990, un temblor de fuerza 7,7 sacudía Irán y enterraba a 40.000 personas. Y en Asia, concretamente en Bangladesh, también tuvo lugar el ciclón más mortífero de la Historia, que se llevó 300.000 vidas en noviembre de 1970. Monjes budistas atienden a damnificados por el ciclón, ayer, en el monasterio de Bogalay BUDA CONTRA LOS ELEMENTOS Los birmanos, que desconfían de un Gobierno que les roba la ayuda humanitaria y está dispuesto a dejarlos morir, se refugian en los monasterios budistas POR P. M. DÍEZ BOGALAY (BIRMANIA) Con un régimen militar que los ha machacado 46 años e impide la entrada de la ayuda humanitaria internacional para no perder el poder, ¿en quién pueden confiar los birmanos para hacer frente a los devastadores efectos del ciclón Nargis La respuesta es rotunda: en los 400.000 monjes budistas que hay en el país. Ante la incompetencia o dejadez del Ejército, los pongyi los mismos que se levantaron contra el Gobierno en septiembre del año pasado durante la Revuelta Azafrán cobijan a los damnificados en sus monasterios. Así ocurre en Bogalay, una de las ciudades más afectadas por el Nargis y en cuyos alrededores podrían haber perecido 80.000 personas. Dicho monasterio está dirigido por el abad Sitagu Nyarneinthara, uno de los líderes más respeta- dos del budismo birmano y a quien la Junta militar no se atreve a tocar. Debido a su prestigio, más de 600 personas han buscado su amparo en dicho centro religioso, que atiende a una decena de pacientes en su clínica y reparte agua y alimentos en las zonas colindantes sin recurrir, como es obligatorio, a los militares. El Gobierno no se preocupa de recoger a los muertos ni de atender a los vivos se queja a ABC Sitagu Nyarneinthara mientras se interesa por la salud de un anciano al que un médico le toma la tensión. En el dispensario también está ingresada Ni Larwin, una joven de 20 años de Kunthichaung que salvó su vida y la del hijo que lleva en su vientre. Al igual que ella, Ohmma San, embarazada de ocho meses y natural de la aldea de Yaw Thit, podrá dar a luz porque su marido la ató a su cuerpo para que no se la llevara el ciclón. Tres de mis familiares han muerto, pero mi pequeño vivirá se contenta la muchacha animando a su paisano U Khi Win, quien a sus 57 años ha perdido a tres de los ocho miembros de su familia. Todos ellos confían en que llegue pronto la ayuda internacional, pero no saben que la corrupta Junta militar requisa los pocos envíos que permite entrar en el país para desviarlos después al Ejército y sustituirlos por otros de peor calidad, que son los que recibirán las víctimas del ciclón. Conelfindesilenciartantoeste expolio como la dramática situación, el Gobierno ha sellado las áreas más afectadas, para que no entren ni cooperantes ni periodistas extranjeros. Mientras tanto, Buda y sus monjes siguenluchandocontraloselementos para salvar a los más débiles.