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ABC MARTES 13- -5- -2008 Tadic depende de los herederos de Milósevic para formar el Gobierno serbio 35 CATÁSTROFE EN CHINA China RUSIA Magnitud del se smo (Escala Richter) 8 7,8 MONGOLIA Sichuan, lugar del epicentro 7 6 5 4 3 2 Pekín 1 0 Carretera de lágrimas Tras más de cuatro décadas bajo un régimen militar que ha hundido al país en la miseria y aterrorizado a sus ciudadanos, los birmanos han aprendido a no confiar, por lo que se han movilizado para repartir agua y arroz entre los damnificados PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL nos con más de treinta años de antigüedad que conducen los soldados. Estuvimos dos días sin comida ni agua y sólo nos hemos alimentado con donaciones privadas explica a ABC Tun Win, quien vivía con su mujer y sus dos hijos en el pueblo de Naung Daw Gyi y cuya cabaña de madera, situada en un arrozal junto a la carretera, voló por los aires cuando llegó el Nargis el 2 de mayo. Al igual que su choza, las 80 casas de la aldea fueron borradas del mapa por el viento. Ante la penuria que sufre Birmania, la sociedad se ha movilizado para ayudar a las víctimas. Aparte de las empresas más importantes del país, los ciudadanos de a pie se han unido para repartir víveres y medicinas entre los damnificados. Tras más de cuatro décadas bajo un despiadado régimen militar, los birmanos han aprendido a no confiar en un Gobierno que los ha hundido en la miseria mientras expolia los ricos recursos nacionales. Por eso, varias camionetas recorren cada día la carretera repartiendo botellas de agua, sacos de arroz, botes de noodles instantáneos (los típicos fideos orientales) y galletas para los niños. Sin embargo, las dimensiones de esta tragedia son tan descomunales que los voluntarios no pueden atender a todo el mundo, por lo que lanzan sus paquetes desde los vehículos en marcha mientras hombres, mujeres, niños y ancianos se afanan por alcanzar este maná humanitario. Aquí compartimos la comida, pero a veces la gente se pelea por un saco de arroz y, al final, éste acaba rompiéndose y desperdiciándose al caer al suelo se queja Tun Win, quien entiende la desesperación de quienes llevan varios días sin echarse nada al estómago. Para evitar que los damnificados sigan dispersos, lo que dificulta la distribución de la escasa asistencia disponible, la Junta militar los está agrupando en campos de refugiados cerca de Patheim y Maubin, donde un grupo de víctimas se rebeló contra los soldados después de que los obligaran a trabajar como esclavos picando piedra por 500 kyiats al día (unos 50 céntimos de euro) Castigados por la Naturaleza y por su Gobierno, los birmanos sólo confían en su solidaridad y en recibir más envíos como el primer avión de Estados Unidos, que aterrizó ayer. Mientras tanto, los niños de la carretera de las lágrimas siguen clavando la mirada en los vehículos que llevan la ayuda humanitaria, pero sonriendo también cuando se les saluda como si la catástrofe no les hubiera arrebatado la inocencia. 14,08 hora local Shanghai INDIA 500 km Hong Kong TAIWAN Sepultados casi mil estudiantes Todavía no ha sido posible el acceso a un instituto de tres plantas que el terremoto ha dejado reducido a una montaña de cascotes a cien kilómetros del epicentro Z. ALDAMA SHANGHAI. La agonía acaba de empezar. Los escombros esconden todavía la verdadera magnitud de la tragedia, pero también cientos de vidas que es posible rescatar. Más de 900 estudiantes esperan a que los equipos de rescate accedan al instituto de tres plantas y 18 clases que el terremoto dejó ayer reducido a una montaña de cascotes en la localidad de Dujiangyan, a cien kilómetros del epicentro y donde el Gobierno ha situado su base de operaciones. Testigos citados por la cadena estatal CCTV aseguran que al menos diez de los jóvenes han perdido ya la vida, y que muchos otros se encuentran en estado crítico, aunque los propios alumnos han conseguido rescatar a varios de sus compañeros. Gao Shangyuan, uno de los residentes cercanos al centro, relataba anoche cómo muchos de los que se han salvado lo han logrado gracias a que saltaron por la ventana cuando todo comenzó a moverse Según las autoridades chinas, otros cuatro centros escolares y un hospital se han derrumbado, y aún hay supervivientes sepultados en todos ellos. No obstante, todas las carreteras de acceso a la zona más afectada por el seísmo están cortadas y los militares enviados por el gobierno provincial, que suman unos 8.000 entre soldados y policía armada, están teniendo graves problemas para acceder al epicentro, al que no se espera que lleguen antes de hoy por la mañana. Ayer por la tarde intentaron aproximarse a la ciudad de Wenchuan a bordo de cuatro helicópteros, pero las condiciones meteorológicas lo impidieron, así que los militares avanzan a pie. Además, todas las comunicaciones telefónicas permanecen inutilizadas. Es difícil dar cifras sobre el número de personas que esperan rescate porque no hemos conseguido acercarnos a los lugares que han sufrido el mayor daño relataba anoche a la televisión provincial de Sichuán un oficial del ejército. La prioridad es hacer llevar equipos sanitarios y de desescombro, pero su trabajo no servirá de nada si no despejamos las carreteras para poder trasladar a los heridos a un centro médico La provincia de Sichuán, una de las más pobladas de China, con casi cien millones de habitantes, cuenta con buenas infraestructuras en la capital, Chengdu, y en sus alrededores, pero el terremoto se ha cebado en zonas rurales montañosas. BOGALAY (BIRMANIA) Sólo 50 kilómetros separan Pyapon de Bogalay, dos de las ciudades más castigadas por el Nargis que, según las últimas cifras del Gobierno birmano, se ha cobrado 31.938 muertos y 29.770 desaparecidos y ha dejado a casi dos millones de personas sin hogar en el sur de esta pobre y aislada nación del Sureste Asiático. Muchos de los damnificados se agolpan en la carretera que une ambas localidades, una estrecha pista de tierra flanqueada por eucaliptos pelados o arrancados de raíz y plagada de socavones que cuesta más de dos horas recorrerla. Durante todo el trayecto, decenas de miles de personas se hacinan a ambos lados de la cuneta, donde han levantado rudimentarias chozas con palos de madera y hojas de árboles para resguardarse del abrasador sol birmano tras haber perdido sus hogares por el ciclón. Sin comida ni agua, allí esperan recibir una ayuda humanitaria que apenas les llega debido a las restricciones de la Junta militar a los envíos del extranjero y a su penosa falta de medios, como evidencian los desvencijados camiones chi- Solos frente a la catástrofe Algunos birmanos intentan vender en la calle lo poco que han logrado salvar del ciclón AFP