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ABC LUNES 12 s 5 s 2008 Fórmula 1 s Gran Premio de Turquía DEPORTES 97 Según se ve en las imágenes de La Sexta, un perro blanco apareció en la carrera de la GP 2 y fue atropellado por Bruno Senna, que tuvo que retirarse tras el impacto. El animal murió. La carrera fue neutralizada con el coche de seguridad mientras otro perro, de color marrón, corría por la pista. El bólido de Senna quedó destrozado que pudiera ent rar ot ro. Los perros fueron los protagonistas. Tanto que Flavio Briatore saludó a su pupilo, el francés Romain Grosjean- -el ganador de la carrera- con su sentido del espectáculo. ¿Por qué no has atropellado al perro en vez de ganar la carrera? bromeó el magnate italiano antes de felicitar al muchacho. El gran Estambul, los barrios aledaños que circundan la parte asiática de la ciudad son un rebaño de perros sueltos que complican la circulación en las autopistas. A mí nunca me ha salido un perro en un circuito comentó Alonso, que sí recordó la irrupción de un cura escocés en Silverstone hace unos años con una proclama reivindicativa. Más duro fue el accidente de Cristiano Damata en la Champ Car, que arrolló a un ciervo en una pista de Wisconsin. Y la leyenda urbana, que relata la presencia de serpientes en alguna carrera americana. Hasta ahora, sólo los conejos y pequeños roedores habían perturbado la vida de las gentes de la F- 1. Desde ayer, también los perros. La invasión de los perros Dos canes irrumpieron en la carrera de la GP 2 y Bruno Senna destrozó su coche al atropellar a uno de ellos, que resultó muerto s Los operarios de la pista persiguieron al otro s La prueba fue neutralizada momentáneamente con el coche de seguridad J. CARLOS CARABIAS ESTAMBUL. El efecto fue similar a la bandada de pájaros que amenazó a Tippi Hedren en la célebre cinta de Alfred Hitchcock durante una excursión por la bahía de San Francisco. Dos perros sueltos por la pista de un circuito de Fórmula 1, a galope de sus antojos. Eso sucedió ayer en el trazado de Estambul Park. La imagen hubiera dado la vuelta al mundo, pasto de las agencias internacionales, si hubiera sucedido en la carrera de Fórmula 1 que ganó Felipe Massa. Aconteció en su hermana menor, la Segunda división, la prueba de GP 2 que se disputó tres horas y media antes. Eran las doce del mediodía de un domingo cualquiera de carreras. En la pista se batían el cobre los aspirantes a estrellas, pilotos de GP 2 cuyo paddock es una réplica en miniatura del santuario de oropel de la Fórmula 1. Pilotos que compiten con menos medios, normalmente pagan por subirse a un monoplaza y generalmente deparan carreras más abrasivas y entretenidas por competidas y disputadas. No tenía reclamo especial la cita, salvo por lo que deparase para los españoles concursantes: Javier Villa, Roldán Rodríguez, Andy Soucek y Adrián Vallés. De repente la diversión de la gente en la grada pasó de la velocidad de los bólidos a la aparición canina. Dos perros, uno negro y otro blanco, se lanzaron a la pista como quien suelta un galgo en la meseta a la caza de la liebre. Muy poco glamour para las gentes de la Fórmula 1. Uno de los pilotos esquivó al cánido blanco en una recta en la que se alcanzan velocidades de 250 kilómetros por hora con los GP 2. El fogonazo asustó al animal, que falleció unos segundos después cuando Bruno Senna no pudo esquivarlo. las indicaciones del director de carrera, que ordenó la entrada del coche de seguridad, toda vez que el impacto dañó con severidad la rueda delantera derecha del coche de Senna, patrocinado mayoritariamente por el Santander. En el monoplaza del brasileño se podía comprobar media hora después las secuelas del golpe. El neumático derecho tapado con un plástico rojo no impedía ver los restos del pelo blanco del animal. El otro perro, un pastor alemán de color marrón, escapó de las centellas de la pista y se adentró en los vericuetos interiores del circuito, donde unos cuantos operarios intentaron reducirle al estilo de los empleados del fútbol que tratan de atrapar conejos por el césped. Nunca más se supo de él porque la FOM es muy mirada para estas cosas. No repitió ni una sola imagen del atropello canino de Senna y mucho menos consumó la curiosidad natural del espectador que quería saber qué había sido del pastor alemán. Eso sí, rápidamente la FIA distribuyó un comunicado para decir que en virtud del artículo 30.16 del reglamento 2008 de la categoría de GP 2, había seguido los procedimientos para evacuar cualquier otro animal de la pista y cerrar cu a lquier conducto por el Atropello brutal El atropello fue brutal y el enfado del piloto brasileño, sobrino del legendario Ayrton Senna, no menos espectacular. Tuvo que retirarse y se bajó del coche en los garajes hecho un basilisco, puños en alto, gesto retador hacia el mal fario. Mientras tanto aparecieron Un cura vestido de escocés se saltó la seguridad del circuito de Silverstone hace unos años para una reivindicación Cristiano Damata arrolló a un ciervo en Wisconsin y fue ingresado en la UVI Nadie preguntó por Massa en Galatasaray J. C. C. ESTAMBUL. Nueve y cuarto de la noche en Estambul a las puertas del puente Bogazici, una imponente estructura de 1.074 metros que une el continente asiático con el europeo sobre el Bósforo. Tráfico denso en marabunta, hileras de coches tensos en una ciudad sin aprecio a la vida del peatón. Lo normal en la capital turca. Y de repente, la locura. Un Renault Symbol con tres individuos colgados de las ventanas que vociferan fuera de sí atraviesa el puente. El coche se bandea de lado a lado como una góndola. Acaba de irrumpir la hinchada del Galatasaray, campeón de la Liga turca de fútbol por decimoséptima vez. El Fenerbahce de Roberto Carlos se ha quedado con la miel en los labios en el estadio del Trabzonspor. Las banderas rojas y amarillas del Galatasaray inundan de repente la circunvalación. Sin ambiente de Fórmula 1, sin atención a la carrera que acontece cuarenta kilómetros más allá, sin inquietud por la vuelta rápida de Massa o los progresos de Alonso, Estambul se transforma en un chasquido en la marea del Galatasaray. Un tipo se baja del coche con una bengala y el fogonazo es como la llamada del muecín. Hombres, mujeres, niños, abuelas gritan como posesos, atruenan con las bocinas de los coches y se dejan llevar por el paroxismo. Aquel tópico del infierno turco en el fútbol se convierte en empírica realidad a pie de puente. Un valiente se juega el mostacho con la venta ambulante de maíz y cucuruchos de castañas entre las hileras de coches. No desentona inmerso en esa paranoia general. Diez hinchas del Galatasaray agarran una bandera kilométrica y la transforman en centro de adoración en medio de la carretera. Diez tipos caminan por la calzada mientras los conductores neutrales, que quieren llegar a donde sea con los retrovisores en su sitio, se ven sometidos a una pinza en alineación general. El destino de la marabunta es el Ali Sami Yen, el estadio donde creció la leyenda, ubicado al otro lado del puente. Más que un campo de fútbol, aquello parece la cremá de las Fallas. Bengalas rojas iluminan la oscuridad del recinto. La otra parte de la caravana se ha dirigido a Taksim, la Cibeles del equipo, barrio pudiente del centro de Estambul. No hay pasarela a ningún monumento. Jolgorio popular y taxis, muchos taxis. Nadie habla de F- 1, sino de Cassio Lincoln y de Hakan Sukur, el centrocampista brasileño y el veterano goleador del Galatasaray.