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ABC LUNES 12- -5- -2008 Tras el paso del ciclón Nargis INTERNACIONAL 37 nas afectadas, pero el número de damnificados es tan elevado y los medios del Gobierno birmano son tan escasos que la mayoría de las víctimas no han cubierto aún sus necesidades básicas. Desconfiando de la Junta militar, detestada entre la sociedad por hundir al país e imponer un régimen de terror que ha anulado las libertades, los birmanos han optado por la solidaridad y las donaciones para ayudar a los damnificados, que han encontrado refugio en los monasterios budistas. Mientras tanto, el Ejército ha cerrado algunas de las principales ciudades afectadas, como Bogalay, a los extranjeros, que sólo pueden entrar si disponen de permisos especiales. Según la Cruz Roja, la ayuda humanitaria ha llegado de momento a unas 220.000 personas, pero esa cifra no supone más que una gota de agua en el inmenso océano de sufrimiento y desolación en que se ha convertido el sur de Birmania. Y es que la Junta militar parece más interesada en contar los votos del referéndum para aprobar una nueva Constitución hecha a medida de los generales que los muertos ocasionados por el ciclón Nargis 1 Bogalay, la zona cero A seis horas en coche a través de pistas de tierra y kilómetros de casas destruidas y árboles arrancados de raíz, ABC llega hasta Bogalay, una de las ciudades más afectadas por la catástrofe natural que ha asolado el sur de Birmania POR P. M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL BOGALAY (BIRMANIA) A Uhle Leyi, un humilde agricultor de 41 años que vive con menos de 30 euros al mes en el sur de Birmania, el ciclón Nargis le arrebató lo único que tenía: a su esposa y a siete de sus nueve hijos. Aunque la Junta militar que dirige el país con puño de hierro aún no lo ha reconocido, se calcula que en los pueblos de alrededor de Bogalay perecieron unas 80.000 personas, entre las que se encontraban los familiares de Uhle Leyi. Todos ellos vivían en la pequeña aldea de Yaw Thit, donde sólo han quedado con vida 80 de sus 500 habitantes. En esta parte del delta del río Irrawaddy, el viento empezó a soplar con una potencia antes nunca vista a las cuatro de la tarde del viernes sin que nos hubieran avisado los partes meteorológicos explicó ayer a ABC en Bogalay, una de las zonas cero del Nargis junto a Labutta y Pyapon. Estas tres localidades aportan el grueso de las víctimas mortales del ciclón, que podrían sobrepasar las 100.000 personas aunque el Gobierno birmano aún sigue dando la cifra oficial de más de 60.000 muertos y desaparecidos. Algo que, a fin de cuentas, viene a ser lo mismo porque, como refleja el caso de Uhle Leyi, sólo ha visto los cadáveres de su mujer y de tres de sus hijos, pero tiene pocas esperanzas de hallar con vida a sus otros cuatro vástagos. Asustados por la violencia de la tormenta, huimos en varios botes junto a otros vecinos, pero todas las canoas volcaron por el oleaje y la fuerza del viento y la mayoría se ahogaron relata apesadumbrado el hombre, quien se mantuvo a flote durante seis horas hasta que la marea lo devolvió a tierra por la mañana junto a otros supervivientes de su aldea. Todos ellos han recalado en el monasterio budista de Bogalay, donde el prestigioso abad Sitagu Nyarneinthara ha dado cobijo a 600 damnificados por el ciclón y atiende cada día a decenas de personas en su clínica. Entre ellos figuran dos niños, también de Yaw Thit, que se han quedado huérfanos. Nuestra casa, que era de madera, se vino abajo por el viento y sepultó a mis padres y dos hermanos, pero a mí me llevó la corriente y logré salvarme indica llorando Win Then, de 14 años, mientras que Min Min, de 13, estuvo nadando durante toda la noche después de que su madre se ahogara al hundirse la barca en la que huían. Tras esquivar la muerte milagrosamente, muchos de los supervivientes vagaron varios días sin comida ni agua. Es el caso de Thet Naing Oo, un policía de 24 años que se pasó seis días sin comer- -hasta que llegó al monasterio el pasado jueves- -y bebiendo sólo la leche de los cocos. Nuestro pueblo ha sido borrado del mapa y no queda ni una casa en pie asegura consternado el joven, que vivía en Kunthichaung y aún no sabe cuántos de sus vecinos y amigos han fallecido. En el monasterio de Bogalay, donde los monjes repartieron ayer entre los damnificados ropa recogida mediante donaciones, la lista de víctimas es interminable y figura en una libreta donde se están escribiendo las identidades de los supervivientes y de sus difuntos parientes. En dicho cuaderno, tan trágicamente manoseado estos días, aparecen los nombres de Kyi Win, que a sus 44 años ha perdido a sus cinco hijos y dos nietos, o de U Hla Tun, que es el único que queda de una familia de nueve miembros. Todos ellos, agricultores y pescadores que ganaban lo justo para vivir con muchas precariedades, han perdido lo único que tenían: a sus seres queridos. A salvo en un monasterio Veto a los extranjeros