Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
34 INTERNACIONAL El desafío islamista al Líbano LUNES 12 s 5 s 2008 ABC El primer ministro Fuad Siniora (en el centro) y altos miembros de su Gobierno guardan un minuto de silencio en Beirut en homenaje a las víctimas de los enfrentamientos Hizbolá aparca su lucha en Beirut y la extiende al norte y las montañas Trípoli fue sacudida por combates que dejaron una veintena de muertoss Hoy el Gobierno decidirá si suspende las decisiones que desataron la ira de Hizbolá MIKEL AYESTARÁN ENVIADO ESPECIAL BEIRUT. Líbano prosigue con su conato de guerra civil, que tras abandonar las calles de Beirut se trasladó a las montañas que rodean a la capital y especialmente al norte del país. Pasadas las jornadas de tensión en la capital, ayer fue el turno de Trípoli, donde se registraron duros enfrentamientos entre los seguidores del Gobierno, del grupo Al- Mustaqbal, y miembros opositores del Partido Nacional Socialista Sirio. Miles de vecinos de los barrios de Bab al- Tebbaneh, Kobbeh y Jabal Mohsen huyeron de sus casas en dirección a la cercana frontera de Siria en busca de seguridad. Al menos una veintena de personas perdieron la vida en los combates, con lo que ya son 46- -según diferentes agencias- -los muertos y 132 los heridos desde el pasado martes. Ese día, el grupo Hizbolá Partido de Dios consideró una declaración de guerra las medidas adoptadas por el Gobierno y que suponían apartar de su cargo al jefe de seguridad del aeropuerto e ilegalizar el servicio de telecomunicación del movimiento islamista al sur del país, una red que los milicianos chiís calificaron de fundamental en la guerra de 2006 contra Israel. El Ejército libanés, cada vez más presente en las calles de la capital tras la decisión oficial de Hizbolá de retirarse, medida que aún no se ha cumplido, reforzó también su presencia en el norte del país para intentar atajar los combates en las proximidades de Trípoli. Donde no se percibió la presencia militar fue en Aley, un pequeño pueblo de mayoría drusa situado a las puertas del este de Beirut, donde al menos dos personas perdieron la vida en los choques entre milicianos de Hizbolá y seguidores del líder druso Walid Jumblat, socio de gobierno del primer ministro Fuad Siniora. El propio Jumblat hizo un llamamiento a Hasán Nasrala, líder de Hizbolá, para que retirara a sus hombres y permitiera la entrada del Ejército en la localidad. Los ciudadanos de la capital, algunos de los cuales se concentraron en la calle a petición del Gobierno para homenajear con un minuto de silencio a las víctimas de la violenta crisis, siguen el conflicto con desesperanza. Desde ayer, al menos, pueden volver a salir de sus casas con la relativa normalidad a la que está acostumbrada Beirut. Esperan la reunión del consejo de ministros prevista para la jornada de hoy, en la que el Ejecutivo deberá decidir si sigue la recomendación del Ejército y decide suspender definitivamente las dos medidas que llevaron a Hizbolá a sacar a su gente a las calles. Desde la oposición, por su parte, el abogado de la formación hermana de Hizbolá, Amal, Ali Hassan Khalil aseguró que pese a la retirada de sus hombres de las calles, piensan seguir adelante con la campaña de desobediencia civil contra el Gobierno Hizbolá no se ha ido. Sus hombres permanecen firmes y armados en las barricadas que siguen bloqueando los accesos principales a Beirut y especialmente en aquellos que llevan a los barrios del sur, donde tienen su cuartel general los seguidores de Nasrala. Conducir por la capital se ha convertido en un rompecabezas por los continuos cortes en las carreteras y el despliegue de un Ejército en el que los libaneses empiezan a perder la confianza tras el golpe de autoridad de los milicianos frente al que nadie pudo hacer nada. El dirigente de las cristianas Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, pidió a los responsables militares que re- flexionen sobre lo ocurrido y criticó duramente la postura adoptada porque ha minado su credibilidad El puerto de la ciudad y el aeropuerto internacional permanecen cerrados y miles de personas se encuentran atrapadas en Beirut. La única vía de escape es la carretera de la costa que lleva hasta Siria, pero atraviesa la conflictiva ciudad de Trípoli, por lo que muchos prefieren esperar. Es el caso de Jihad, un empresario saudí que vino para atender sus negocios y lleva casi una semana sin salir de un lujoso hotel en pleno paseo marítimo. Pensaba venir de vacaciones con mi familia, pero no vuelvo a Beirut. Esto va a estallar en cualquier momento comentó. La capital está especialmente tensa en los barrios fronterizos entre sunís y chiís, donde los segundos, haciendo gala de su reciente victoria, retiran los carteles de los líderes gubernamentales y de la gran figura del sunismo local, Rafic Hariri, asesinado con un coche bomba en 2005. Desde su muerte no ha habido paz entre musulmanes lamenta Fouad, un taxista suní veterano en mil conflictos que confiesa temer a Hizbolá más que a los ataques de Israel Jamil Mroue, director del diario local The Daily Star Encerrados en Beirut Presencia armada