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92 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 11 s 5 s 2008 ABC las pesas, y se pone rojo tras el esfuerzo, mientras resopla y resopla. Hay una bailarina que ejecuta la danza del vientre con más sensualidad que la artista de un restaurante sirio. Y hay monos acróbatas, y un árabe que le da chupadas al narguile con los ojos puestos en otro mundo, probablemente mejor que éste. Y hay un comesables que nunca se indigesta, y un camello que echa fuego. En Titirimundi están Los tres mosqueteros de Alfa Teatro. Dicen que son títeres de guante, pero se ha visto a un tal Dumas muy interesado en entrevistarles. Hay unos turcos que hacen teatro de sombras y que ofrecen los delicados frutos de El árbol mágico, su bello espectáculo. Y han venido también Melville, Chejov y Dostoievski (hay títeres muy, pero que muy leídos) desempolvados por las copañías francesas Le Quarantiéme Rugissant y Des Ciffonniéres. Tienen más de dos mil años, pero los muñecos de las marionetas tradicionales de la india del grupo Khairati Bhatt no se han acartonado, ni la lluvia del tiempo ha oxidado sus varillas. Nacieron en una ciudad de cuento, Rajastán, y hoy, veintidós siglos después siguen viviendo del cuento. Y no crean, los títeres también saben ponerse flamencos como lo hacen en Canija y Malasombra los espectáculos de la compañía La Canija. Y también está aquí La Chana intentando alegrar la vida de Vulgarcito un niño triste, que vive en una casa triste, de una calle triste, de una ciudad triste de un reino triste, donde reina una princesa triste. Y ha venido Mamulengo, unos brasileños muy fantoches, y también Mayalde, unos charros de aúpa con sus cacharros y tirinenes para comer y cantar, y los locos más o menos bajitos de Nakupelle, unos tipos muy monos. Y los Bonecos del Alentejo, como si sus trajes los hubiera diseñado Eça de Queiroz... Y hay peces de colores, y dragones, y tigres de Bengala, y cantantes de cabaret, y saltimbanquis, y poetas, y sonrisas, y lágrimas, y caballos voladores, y niñas que sí quieren ser princesas, y volteretas, y trapecios, y trajes de marinerito. Y hay un niño que se asusta quiero ir con la abuela, quiero ir con la abuela y hay un niño que quiere pis, y un niño que quiere caca, y un niño que quiere merendar pan con membrillo, y hay un niño que está en la Luna, donde Julio Verne, y al que los hilos de la vida todavía no han convertido en una marioneta de la realidad, un niño que ha pintado con lapiceros de colores en la pared: No, no quiero hacerme mayor Si cada día fuese Titirimundi... Son todos los que están Los más pequeños no pierden detalle durante los espectáculos de Titirimundi como en este circo de pulgas de Alfredo Panzani El primer Titirimundi conectado con Madrid por sueños y Alta Velocidad Además de la lluvia, la ciudad de Segovia revive con los hilos de la imaginación movidos por las mejores compañías de títeres del mundo, que acuden al festival POR MANUEL DE LA FUENTE FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO SEGOVIA. Desde que el mundo es mundo, siempre ha existido quien no quería dejar títere con cabeza, sobre todo desde que Guiñol, el obrero peleón, nacido de la Revolución Francesa, hizo de los teatrillos materia de asamblea y rebelión. Y un año más (y van veintidós) la tropa titiritera ha llegado a la ciudad castellana de Segovia, y también a varios escenarios madrileños, donde hasta los días 15 y 30, respectivamente, se desarrolla una nueva edición de Titirimundi, ése festival donde los capirotes, los Niafrón, los Arlequines, las cachiporras y los teatrillos convierten el aire en una metáfora de sueños, un festival donde los peques se adentran por primera vez en los mares del teatro y donde los mayores anhelan aquellos días en los que el drama de la realidad aún no se había llevado a escena, y las horas se te iban con las marionetas de Herta Frankel y ante los títeres de fin de semana del Retiro. En Segovia (por primera vez conectada con la alta velocidad del tren Avant en apenas media hora) y aunque la lluvia también intente no dejar títere con cabeza, los muñecos están en boca de todos. Los segovianos se trasladan de sede en sede del festival y siguen disciplinadamente las migas que les va echando algún Pulgarcito teatral. Porque los títeres, las marionetas, los guiñoles son teatro, puro teatro. El más puro, porque la imaginación y creer en lo que no se ve es el único dogma que reina en este arte. Por eso, después de asistir a la espectacular función del domador de pulgas Alfredo Panzani uno sale con picores por todo el cuerpo. Panzani dejó la doma de leones y elefantes porque el Cupido de los pequeños insectos le clavó en el corazón todas sus flechas. A veces, gajes del trapecismo sin red, las pulgas sufren algún que otro percance. Pero, pase lo que pase, siempre vuelven a la pista. Las pulgas del domador Alfredo se llaman Mimí me habían llamado para capturar un tigre en China que se comía a los niños con gafas y allí me enamoré de ella Sasá me la encontré muy cerca del Machu Pichu, bailando casi desnuda, es la equilibrista de los Andes y Lulú me hechizó su mirada de fuego, en Sicilia Dan saltos mortales, son tragafuegos, viajan en cohete y tienen una querencia romántica por los escotes de las señoritas, aunque el domador es un auténtico caballero: Soy un profesional, toco pero no miro Estas pulgas son diminutas pero su talento es enorme, y si usted no las ve, es su problema. Las marionetas del húngaro Lénárt András y su compañía Mikropódium son un poema que escriben sus manos y sus hilos. Uno de sus versos es una sirena aburrida de perseguir barcos piratas. Sus delfines darían lecciones de acrobacia a los de cualquier parque acuático del mundo, y su payaso saca de un acordeón jirones de melancolía y volutas de nostalgia, mientras posa, profesional y distendidamente, para los fotografos. Y ella, la blanca bailarina, se pone de puntas sobre el escenario de la fantasía y, si ustedes se lo piden, ejecutará el canto del cisne en la palma de su mano, con el asombro de los pequeños, y los ojos humedecidos de los más mayores, o los menos pequeños, como ustedes prefieran. En Segovia, en estos días, los pasacalles nos ponen en la pista de la ilusión, del truco, nos llevan derechitos hasta el Museo Esteban Vicente donde el ruso Viktor Antonov ha levantado la carpa de su circo, traído desde San Petersburgo en los brazos (vale, en las alas) de cuatro hadas. En el circo de Antonov siempre hay un más difícil todavía. Como el de ese halterófilo otomano que se las ve y se las desea para levantar Algunas citas para hoy Vulgarcito por La Chana, en el Museo Esteban Vicente (12,30 h. ¡Que viene el lobo! por Kamante Teatro, en la Iglesia de San Nicolás (17 h. Tékimoi por La puce a L Oreille, en el Museo Provincial (17,30 h. Le stagioni di Pallina por el Teatro All improvviso, en el Teatro Juan Bravo (19 h.